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Cabecera Me Viene A La Memoria

UN MUSICAL PARA NINO BRAVO

Esta semana se han desarrollado en Madrid y Valencia, respectivamente, un casting  para elegir el reparto que subirá al escenario un musical sobre Nino Bravo. Sigue, afortunadamente, la racha de los musicales. Durante muchos años y sin saber la razón, ya que era aceptado en todo el mundo, el género musical no tuvo gran acogida en España. Se hizo, por ejemplo ‘Sonrisas y lágrimas’ (‘The Sound of Music’ que firmaron  Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II y protagonizó en el cine Julie Andrews) hace muchos años en el teatro de la Zarzuela teniendo a Elder Barber como protagonista. Años después se repuso en otro teatro madrileño con Pastor Serrador convertido en padre de la familia Trapp. ¿Resultado? Pues… para salir del paso, a pesar de ser producciones de cierta altura. Se intentó con otros espectáculos musicales de éxito reconocido y la cosa no resultó mucho mejor. Más allá de los aficionados a este género teatral el resto del público no dio su total aprobación. Eran tiempos en que todavía se llenaban los escenarios de revistas, incluso de zarzuelas como ejemplo de espectáculos musicales.
 
Sin embargo, y por la misma razón que los empresarios ignoraban las causas de aquel desinterés, un buen día el público evolucionó en sus gustos y los musicales se impusieron; especialmente durante los últimos diez años. La Gran Vía madrileña es hoy similar a Broadway. La mayoría de los teatros enclavados en esta céntrica calle ofrecen un espectáculo musical: ‘Jesucristo superstar’, ‘La bella y la bestia’, ‘Cats’, ‘El fantasma de la ópera’… Las canciones de Mecano han sido objeto de un montaje teatral, lo mismo las del Dúo Dinámico o las de Rocío Jurado. En breve le tocará el turno a Nino Bravo, otra gran figura de nuestra música. Cuando se determine el reparto y finalicen los ensayos, lo que si todo sale conforme a lo previsto será el 3 de abril en su tierra valenciana.
 
El nombre de Nino Bravo no es necesario que acuda a nuestra memoria porque, desde aquel 16 de abril de 1973 en que la carretera se cobró su vida, el cantante ha seguido entre nosotros. Lo han hecho sus canciones, tanto en versiones propias como ajenas. Ninguno de sus títulos escapa a la popularidad y al conocimiento de los que le conocimos y admiramos en vida, como tampoco a los que nacieron tras su desaparición.
 
En mi caso, y tengo que autocitarme, el recuerdo es superior al común de sus seguidores, con ser éste mucho. El primer trabajo que se me encargó cuando llegué a TVE fue hacerle una entrevista. Nunca me había puesto ante una cámara y tanto él como el operador me ayudaron a superar el compromiso. Desde entonces, las entrevistas se sucedieron conforme se fueron originando las noticias protagonizadas por él. Y siempre, o muchas veces, el encargo recaía sobre mi persona. Los jefes debieron verme interesado por el mundo del espectáculo ya que, superado aquellos primeros momentos televisivos, los trabajos encargados se orientaron hacia los políticos donde el espectáculo no falta aunque, como intérpretes, no pasen de simples aficionados.
 
De aquellas entrevistas surgió una amistad que siempre consideré sincera porque Nino Bravo lo era. No era un artista al uso, en busca de la foto o del reportaje gráfico en una revista de actualidad. Él no buscaba a la prensa ni incitaba a sus admiradores/as a la petición de autógrafos como otros compañeros suyos que después se lamentan de la incomodidad de ser populares. Incluso su boda la realizó en secreto, porque era algo íntimo. Para nada buscaba la popularidad si no era a través de la música. Mucho menos el escándalo que los artistas (¿) actuales son tan propensos a difundir. La prensa íbamos a él y firmar un autógrafo en la calle o corresponder a un saludo le causaba rubor. Así y todo, más de un reportaje le hice en plena calle con el consabido alboroto peatonal. Muchas veces, buscando algún dato, encuentro alguna de aquellas imágenes en You Tube y se las muestro a mis hijos para que vean que es verdad que conocía a Nino Bravo y para demostrarles que hace 40 años no había alcanzado el grado de inválido capilar.
 
Son recuerdos que no se olvidan fácilmente; menos cuando con frecuencia sus canciones son reproducidas en las emisoras de radio y de televisión, y cuando veo el monumento dedicado a él en Villarrubio cada vez que me desplazo hasta Valencia. La parada en el pueblo conquense es obligatoria para tomar café y dedicarle un simbólico saludo, aunque sólo se trate de un monolito en piedra que recuerda el accidente.
 
La vocación musical de Nino Bravo se manifestó en él desde muy joven, optando por ella en lugar de proceder a ganarse la vida en el mundo de la joyería en el que se inició profesionalmente a los dieciseis años y donde alcanzó la categoría de maestro pulidor de diamantes. La música le ofrecía mayores atractivos y acertó en la elección. Concibió un conjunto musical -Los Superson- que obtuvo un cierto éxito pero que hubo de interrumpir sus actuaciones a causa de sus obligaciones con el servicio militar. Al finalizar graba su primer disco con canciones de Manuel Alejandro. El éxito no tardaría en hacerse presente y a los primeros títulos sucederían todos los que le hicieron famoso y que están en la memoria de todos. El primero de ellos, alcanzada la popularidad, fue ‘Te quiero, te quiero’ que, como dato curioso, Augusto Algueró había dado antes a Raphael y Lola Flores pero que a pesar de que llegaron a grabarse no se llegaron a comercializar. La versión de Nino Bravo sí lo hizo, y también ‘Noelia’, ‘Mi gran amor’, ‘Esa será mi casa’,’Un beso y una flor’, ‘Libre’… o ‘América, América’ que apareció en el mercado tras la muerte del cantante. Tenía en aquel momento (16-4-1973) veintiocho años. Nos dejó la persona pero su voz sigue sonando a diario y su nombre, convertido en mito -como Nino Bravo y no por el verdadero, Luis Manuel Ferri- está encuadrado entre los más importantes de la música española. Desde el mes de abril tendremos ocasión de volver a ‘escucharle’ en directo.

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