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Cabecera Me Viene A La Memoria

USTEDES SON FORMIDABLES

Las empresas dedicadas a localizar altos ejecutivos se andan con pies de plomo antes de proponer alguno a quien les ha hecho el encargo. Revisan con lupa el currículum de cada candidato, analizan con minuciosidad su comportamiento en la empresa anterior, desmenuzan al máximo las características personales y familiares del aspirante al que someten a numerosas pruebas de personalidad y conocimientos de acuerdo con el perfil solicitado. Una vez que está todo bien atado hacen la presentación del elegido a la empresa que solicitó al experto en cuestión para el desempeño de un alto cargo. Ello supone un beneficio importante para quien es capaz de localizar a la persona en cuestión, lo es igualmente para el elegido y lo es, sobre todo, para la empresa que contrata a esa persona a la que acompañan tantas características, ya que su labor acertada será la que origine la vía de ingresos. Si la valía es cierta el monto del salario está más que justificado por alto que sea. Todas ganan, principalmente la empresa contratante. Pero ¿si la empresa localizadora se equivoca?… Además de perder un cliente, perderá todo el prestigio y credibilidad que pueda tener y el candidato parasará al olvido. Perderán todos.
 
Me consta el  caso reciente del fichaje de un directivo para un importante banco. Por las razones que fueran el aspirante se ‘coló’ sin reunir las características necesarias. Se le ‘fichó’, sí, pero una vez vistos sus resultados negativos, lo que sucedió casi de inmediato, fue despedido sin contemplaciones. No cumplió con lo que se esperaba de él acerca de la misión encomendada, ni él con el éxito que había garantizado con su gestión. Incluso había falseado sus orígenes académicos como se descubrió, porque, al final, todo se descubre.
 
En política pasa otro tanto. Se elige a alguien de acuerdo con sus ofrecimientos y promesas y una vez en el cargo se dedica a engañar a quienes le contrataron. Porque el político, por mucho que se estire y presuma, no es más que un asalariado nuestro contratado temporalmente para desempeñar un cargo. Lo que pasa es que cuando no cumple con lo acordado, bien por desidia o por incapacidad, incluso por mala fe, la despedida no la hacemos con tanta rapidez como en la empresa privada. Y le seguimos pagando, y bien, durante cuatro años, aunque nos engañe y lleve a nuestra empresa (la nación) a la ruina. Bueno, lo llaman crisis.
 
Esta crisis que nos afecta a los españoles -superior por sus características a la que afecta al resto del mundo- está motivada por esa clase política en quien la decisión de elegirla fue equivocada. Y afecta ya a muchas personas a las que la falta de trabajo (cerca de siete mil casos de paro se producen cada día) y de ingresos les obliga a desatender las obligaciones de pago contraídas e incluso a tener que alimentarse de la caridad. Cada día son más los comedores que ofrecen un plato caliente a los necesitados. Personas que hasta hace pocos meses disfrutaban de un trabajo. Comedores de entidades privadas, de organizaciones de ayuda y de particulares que colaboran con su participación tanto económica como de voluntariado. Gente que podríamos calificar de formidable. Particulares, sí, nada con carácter oficial. Si acaso, lo justo para disimular y cubrir las apariencias.
 
Pero si este post está dedicado a recordar, todo lo anterior no tiene sentido, pensaréis. Pues sí lo tiene porque me viene a la memoria la década de los 60 y 70 aunque no se refiera a situaciones colectivas de un país sino puntuales. Me acuerdo de ‘Ustedes son formidables’.
 
Era un programa de radio que presentaba Alberto Oliveras, los miércoles si mal no recuerdo a eso de las 10,30 de la noche, que se mantuvo en antena desde octubre de 1960 hasta junio de 1977. En él se trataba de paliar alguna situación dramática apelando a la solidaridad ciudadana.
 
Semana tras semana, tras la sintonía tomada de la ‘Sinfonía del Nuevo Mundo’, la voz grave del locutor -concretamente Alberto Oliveras- exponía un problema desde una perspectiva humana y sin más dilación recurría a la buena voluntad de los oyentes. No eran situaciones menores que con unas pocas pesetas pudieran solucionarse. Normalmente se planteaban cuestiones de gravedad. Y los teléfonos de la cadena SER comenzaban a recibir llamadas. ‘Yo doy 500 pesetas’, ‘No puedo dar más que cien’, alguna artista donaba uno de sus trajes de actuar o algún torero uno de sus capotes con el fin de que fueran subastados, algún cantante se ofrecía para actuar gratuitamente en un festival, alguna firma comercial entregaba una cantidad importante… Al final del programa se había conseguido el objetivo propuesto. Toda España se había volcado con su participación y con su escucha. Mantenerse durante diecisiete temporadas demuestra el éxito que tuvo el programa. Todo un referente para la radiodifusión española y que, curiosamente, no estaba previsto para ser presentado por Alberto Oliveras, sino por Joaquín Soler Serrano a quien una intervención quirúrgica de urgencia se lo impidió.
 
Como detalle añadiré que Alberto Oliveras -de quien la última noticia que tengo es que vivía en París hasta el año pasado, al menos- pasó posteriormente a Radio Nacional y por criticarla fue despedido por su director de entonces, Enric Sopena, que por entonces no debía haber llegado a lo de la libertad de expresión que hoy tanto reclama en las tertulias radiotelevisivas en las que participa. Claro que ahora la reclama para él.
 
Aquellos tiempos de calor humano han vuelto porque también han vuelto los tiempos de penuria, de necesidad. Sobre todo para lo más elemental que es alimentarse. Esos tiempos tan criticados a los que cada vez nos vamos pareciendo más. Suele ocurrir en las espirales del tiempo. Tampoco son muy distintas las formas dictatoriales que ahora se emplean, el adoctrinamiento ciudadano, el sectarismo y hasta la aplicación de justicia, aunque todo trate de arroparse al amparo de la democracia a la que tan flaco favor se le está haciendo.
 
A diario se facilitan miles de comidas a gentes que carecen de los mínimos recursos para alimentarse. Si quienes ahora gobiernan, tan aficionados a la memoria histórica, se remontaran a los tiempos que acostumbran revisar se encontrarían con la figura de Mercedes Sanz Bachiller a quien se recuerda no sólo por haber contraído matrimonio con Onésimo Redondo, sino por fundar el  ‘Auxilio de invierno’ que posteriormente pasó a denominarse ‘Auxilio Social’. Si hombre, si lo sabéis perfectamente, nos lo enseñaban en el colegio, lo que pasa es que os gusta haceros los olvidadizos para que nadie pueda relacionaros directa o familiarmente con tiempos pretéritos. Aquellos comedores y ayudas eran para todos, los de un lado y los del otro. Así que, aunque os parezca todo un descubrimiento, porque así se haría la propaganda, no se os ocurra crear comedores de auxilio social porque sólo alcanzaría la comida para la mitad de los necesitados. Los más dispuestos a aplaudir.
 
En vista de la inutilidad oficial para remediar la situación económica, que sean los particulares quienes continúen con su misión voluntaria de atender a estos comedores ya que con ello demuestran que son formidables.

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