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Cabecera Me Viene A La Memoria

LOS MAYOS

Era yo pequeño, unos 9 años tendríamos los que estábamos en aquella clase de preparatorio de don Ricardo, cuando aprendí unas letrillas que en algún momento nos mandó analizar aquel profesor que a la gran mayoría de sus alumnos nos inició en la literatura. 
 
‘Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor…’
 
Hoy, estos versos me vienen a la memoria, por la fecha; estamos en mayo que es el mes eminentemente primaveral aunque su comienzo se sitúe unas cuantas fechas atrás y sea bienvenida su llegada. Y con esta primavera ya asentada, el calor, la vida, el campo que abre sus tierras para ofrecer sus frutos y los animales que ven la luz. Nos enseñaban todas esas cosas.
 
Hace pocos días, en un reportaje radiofónico se preguntaba a unos niños si sabían dónde nacían los tomates, las patatas y diversas hortalizas, así como algunos animales de  la fauna terrestre y marítima o fluvial. El desconocimiento era pavoroso; se oían las contestaciones más absurdas y disparatadas. Los mismos escolares que te pueden dar todo un recital hablando de la capa de ozono sin saber exactamente qué es ni cuál es su función. Pero se lo han contado así porque es algo que está de moda; sin embargo no se les ha explicado nada acerca de lo que la tierra produce, del milagro que en ella se origina un año tras otro y sirve para nuestra supervivencia en forma de alimento. En nuestra infancia sí nos lo explicaban en el colegio. Lo hacían en los colegios de las capitales y también en los de ambiente rural donde el alumnado no precisaba descubri nada sobre algo que era normal en sus casas: todo el proceso de siembra, cultivo y recolección de frutas y verduras, además del parto de una oveja, una coneja o la puesta de una gallina. Y había que demostrar el agradecimiento a la tierra y su fertilidad para lo que se recurría a tradiciones que, en gran parte, han desaparecido tras permanecer durante siglos, muchos siglos, en el ánimo de los hombres del campo.
 
Se celebraban en casi todas las zonas rurales “los mayos”, fiestas como la mayoría en las que se establece la relación del hombre con la tierra, de origen pagano. Como las que se vuelven a celebrar al término del verano para celebrar el haber logrados mieses para la siega y la trilla, y frutos para la mesa.
 
Las fiestas permanecen en muchos casos aunque no responden a su motivación original y se han reducido a proporcionar disculpa para aplaudir a José Tomás, que está muy bien, pero en las que ha desaparecido todo el simbolismo con que se celebraba la explosión definitiva de la primavera. Y para ello están “los mayos”, una fiesta en claro desuso aunque tan popular en otros tiempos, que el mismo Goya realizó un cuadro con ese tema: “El árbol de mayo”. No sé si todavía se conservará en algún lugar de nuestra geografía, porque antiguamente se hacía en los cuatro puntos cardinales de nuestro país. En Granada, sin ir más lejos, hace un par de años asistí inesperadamente a la celebración de la cruz de mayo. Monumentos florales repartidos por toda la ciudad de la Alhambra, compitiendo en grandiosidad y buen gusto. Pero en medios más rurales, los mayos, dedicados a la naturaleza y a la Virgen, cosa que se hace a lo largo de todo el mes. Pero si hoy son religiosas antes fueron fiestas paganas. En España y en gran parte del resto del mundo donde el origen era similar: el agradecimiento del hombre a la generosidad de la tierra. El pueblo es sabio y sabe cuando la naturaleza contribuye a su bienestar. Es por ello que devuelve el favor en forma de cánticos y celebraciones en general.
 
La más frecuente era la plantación de un enorme tronco al que según las costumbres de la zona se homenajeaba de una u otra manera. Generalmente con bailes y canciones en su rededor y compitiendo por alcanzar la parte superior donde obtener el premio. El premio mejor, no obstante, en esa sangre que como la de la tierra brota en la juventud con la llegada del calor, era verse aceptado por aquella moza a la que el pretendiente dedicaba su romance con acompañamiento de guitarras, bandurrias y laúdes. Infinidad de letras, hoy recogidas en organismos de conservación del folklore y en algún que otro caletre memorístico. Como esta:
 
‘Ya estamos a treinta/del abril cumplido;/alegraos damas/que el mayo ha venido’. O esta otra: ‘Ha venido mayo, bienvenido sea, para que galanes cumplan con doncellas’.
 
Naturaleza, amor y fiesta. Para vivir la vida no cabe mejor combinación.

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