“Jamás serviré a señor que se me pueda morir”. La frase de San Francisco de Borja al ver el cadáver de la emperatriz Isabel, que le hace reflexionar sobre la futilidad de las vanidades humanas, quizá sea exagerada para el asunto que me ocupa hoy, pero de algún modo se aproxima en su sentido.
«Había una vez tres muchachitas que fueron a la academia de policía. Les asignaban misiones muy peligrosas. Pero yo las aparté de todo aquello y ahora trabajan para mí. Mi nombre es Charlie». Las tres muchachitas eran Kate Jackson, Jaclyn Smith y Farrah Fawcett Majors. Más que discretas como actrices y llenas de atractivos físicos, especialmente Farra, de espectacular anatomía atlética, amplia sonrisa y luciendo una espectacular melena rubia con amplias ondulaciones lo que supuso que al poco de darse a conocer se convirtiera en una sex simbol. En un icono de la belleza. Las tres juntas componían el grupo ‘Los ángeles de Charlie’, las protagonistas de una serie de televisión norteamericana convertida en fenómeno mediático desde su primera temporada, que se mantuvo en antena entre 1976 y 1981.
Los argumentos de los distintos capítulos, leiv motiv de toda la serie, apenas variaban. Una misión detectivesca donde las tres “ángeles”, para resolver complejos casos, se enfrentaban a toda clase de peripecias en las que tenían que utilizar todas sus habilidades: desde la agilidad mental hasta la física, para defenderse de los malhechores, o atacarles si era el caso. Al final siempre alcanzaban su propósito. Los guiones, perfectamente planificados como suele ocurrir con la mayoría de series norteamericanas. Aunque todos parezcan iguales.
El éxito televisivo supuso que varios años más tarde aquellas peripecias fueran llevadas a la gran pantalla manteniendo el mismo tono de acción y comedia, contando con Liucy Liu, Drew Barrimore y Cameron Diaz como ‘ángeles’.
Pero a lo que íbamos: Farra Fawcet-Majors. Si imagen televisiva, fija en la memoria de nuestras retinas, me atrevería a decir que tanto en las femeninas como en las masculinas, ha desaparecido y en este caso no por culpa de la edad sino de la enfermedad. En los últimos días se han visto en la prensa algunas instantáneas fotográficas recientes y la metamorfosis nos (me) parece imposible. Farra, ojalá que no, tiene según los médicos los días contados, e incluso este post puede que ya llegue tarde. Si lo es como si no, que sirva de homenaje a la actriz y a la persona.
Como persona, llegó al mundo en Corpus Christi, Texas, el 2 de febrero de 1947. Como actriz, su debut fue como modelo, aprovechando su imagen de rubia sexy típicamente americana. Fue anunciando un champú, entre otros anuncios publicitarios, pero suficiente para que algunos directores y productores de cine se fijaran en ella y le ofrecieran algún que otro papel secundario, como también ocurrió en varios telefims. En 1973 contrajo matrimonio con el actor Lee Majors de quien tomo el apellido y con el que participó en “El hombre de los seis millones de dólares’, en 1974. Dos años después sería el gran salto a la fama desde ‘Los ángeles de Charlie’ y aunque su imagen nos parezca tan unida a la inolvidable serie televisiva, tan sólo intervino en ella durante una temporada. Fue sustituida por Cheryl Ladd, aunque colaboró en alguna ocasión más como actriz invitada, debido a su compromiso con el productor de la serie, Aaron Spelling, para que este no le demandara por abandonar la serie.
Su interés se inclinó hacia la pantalla grande (‘La fuga de Logan’, ‘Sol ardiente’, ‘Saturno 3’, ‘Los locos de Cannonball’…). En los 80 volvió al mundo de la televisión participando en numerosas series por cuyos trabajos fue nominada en más de una ocasión para los premios Emmy o los Globos de oro. Fue en esa época cuando se deshizo su matrimonio con Lee Majors para unirse sentimental a Ryan O’Neal junto al que permaneció hasta 1997. No obstante, el recuerdo de aquellos años felices han retornado a la memoria del protagonista de ‘Love story’, quien se mantiene al lado de su antigua pareja cuando ya los médicos la han desahuciado prácticamente, cuando el tratamiento de quimioterapia resulta poco menos que inútil, dada la rebeldía del cáncer que padece.
Hace pocos días, una cadena de televisión norteamericana emitió un pase privado para determinadas personas amigas de la actriz (Melanie Griffith y Jacqueline Bisset entre otros) y posteriormente se ha emitido en horario de máxima audiencia, un documental donde se narra la vida de Farra Fawcet y su lucha contra la enfermedad, con autorización de ella que, según sus propias declaraciones, afirma tener ‘cierta responsabilidad con las personas que libran las mismas batallas’, lo que demuestra la consciencia y la lucidez mental en que se encuentra. Lo hace desde su propia residencia, el hospital ya no es necesario, y en lo único que todavía confía es en un milagro. Lo deseamos muchos, cuando menos todos cuantos conservamos en la memoria su figura, su melena y su sonrisa.












