Hace unos días leí en una página de Internet (creo que fue ahí) que Hollywood prepara una película sobre el cómico mejicano Cantinflas. Al parecer, la decisión se tomó tras comprobar el gran éxito del que todavía goza el genial cómico desaparecido en 1993. Una cadena de televisión mejicana proyecta en la tarde de los sábados alguna de sus películas y es, al parecer, multitudinaria la audiencia que se registra. Ello hace pensar en el éxito de taquilla que la película puede proporcionar y los productores, que para eso están, han optado por su realización encomendada al director mexicano Alejandro Gómez Monteverde quien se dio a conocer y triunfó con “Bella”.
Cantinflas continúa siendo un icono de la cultura popular, tanto en Méjico como en el resto de países de habla hispana y en los Estados Unidos, a pesar de la dificultad que allí entraña asimilar el lenguaje “cantinflesco”. De ahí que quien ha sido encargado de dirigir la película considere que “es lo más importante que pueda hacer en la vida, porque se trata de la leyenda más grande y la etapa más bella del cine mexicano”. La decisión de rodar la película se produjo tras una encuesta masiva en que se hicieron preguntas acerca del actor y comprobar que todo el mundo le conocía.
A finales de este año, según lo previsto, la película estará terminada y es de suponer que inmediatamente llegue hasta nuestras pantallas con lo que sabremos de Cantinflas algo más de lo que nos ha llegado a través de sus más de 50 películas donde sólo hemos podido apreciar su forma de trabajar y todas las características de su vis cómica. Así que recordémosle, aunque sea brevemente. A la persona y al personaje que estuvo en nuestros momentos de infancia, de adolescencia y una buena parte de adultos por lo que no es difícil tenerle presente en nuestra memoria.
Concretamente, además de sus películas, le recuerdo en una de sus muchas visitas a España. Fue ante la Tenencia de Alcaldía (hoy creo que estos organismos municipales se denominan Junta de Distrito) de Vallecas. Puede, incluso, que entonces todavía conservara su condición de pueblo de Vallecas y fuera la sede del Ayuntamiento local. El caso es que no sé qué hacíamos allí tanto él como yo, ya que no era una zona que personalmente frecuentara. Pero de aquella casualidad recuerdo la gran multitud que le aclamaba y al actor agradeciendo las aclamaciones.
Con igual fervor fue aclamado en todo el mundo, aunque especialmente en su país y en todos los de habla española donde, además de su trabajo, se comprendió la significación de su personaje. Más, mucho más, que el del mismo Charlie Chaplin (Charlot) cuya comprensión de su humor fue más difícilmente asimilada en las mismas geografías. Así y todo, Chaplin, que le admiraba y que incluso intentó hacer una película con él, dijo de Cantinflas que era “el mejor comediante del mundo”.
Cantinflas, lógicamente, era el psudónimo. Su verdadero nombre era Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes. Como Mario Moreno también alcanza a ser lo suficientemente reconocido. Nació en 1911, por lo que dentro de un par de años se conmemorará su primer centenario.
Fue el sexto de doce hijos de una familia humilde, crecido en un barrio popular que, a base de utilizar la audacia y los trucos callejeros que después desarrollaría en sus películas, consiguió salir adelante en situaciones difíciles llevado por su gran inquietud. A los 16 años se enroló en el Ejército mexicano –como soldado de infantería con estudios de mecanografía manifestando haber cumplido los 21. Fue su padre quien denunció el hecho al propio Ejército a la vez que solicitó la baja de su hijo. Ello llevaría a Mario a intentar varias profesiones, entre ellas la de boxeador, antes de incorporarse al mundo del espectáculo actuando en distintas carpas en las que bailaba y realizaba acrobacias. En una de estas actuaciones en la carpa Ofelia, según relata su biógrafo Carlos Monsiváis, al tener que interpretar un monólogo se vio acosado por el miedo escénico que le hizo olvidar el texto. Comenzó a decir lo primero que le vino a la mente en una sucesión de palabras y frases de las que surgió una total, aunque brillante, incoherencia lo que ocasionó que alguien del público le gritara “cuánto inflas”. Acababa de nacer el personaje y el “idioma” que no abandonó durante todo el ejercicio de su carrera artística. Una forma de hablar que actualmente está recogida en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua con el término “cantinflesco” o “acantinflado”: “Que habla a la manera peculiar del actor mexicano Cantinflas”, dice la acepción.
A partir de ese momento es llamado por el cine y los éxitos se suceden. No importa que las películas se basen en más que lamentables guiones en la mayoría de las ocasiones y no mejores realizaciones. Las películas son él: Cantinflas. Interpretando siempre el papel del “peladito” que, a base de trucos, triunfa sobre los políticos, los poderosos, la policía y hasta el gobierno, a los que critica con sus habilidades lingüísticas. En “El barrendero” como limpiador de calles, “El patrullero” como policía, “El ministro y yo” como burócrata, “El conserje” como tal, “El profe” como profesor, “Por mis pistolas” como boticario, “Su excelencia” como diplomático, “El señor doctor” como médico, “El padrecito” como sacerdote, “Si yo fuera diputado” como peluquero, “El bombero atómico” como bombero, “¡A volar, joven” como piloto, etc., todos los estamentos sociales vistos para la sátira y la crítica desde distintos personajes.
Hollywood también se interesó por la comicidad de Cantinflas y contó con él para la superproducción “Pepe” con un amplio reparto de estrellas y para “La vuelta al mundo en 80 días” donde alternó con David Niven y Shirley Mac Laine. El Paseo de la Fama hollywoodense cuenta hoy con una estrella dedicada al actor mexicano.
De su vida privada se ha “dicho” más que se ha afirmado o se ha podido comprobar. Tampoco es que nos importe más allá de lo que se refiere a su trabajo. Se sabe, eso sí, de sus actos de generosidad, se habló de su inclusión en la masonería, de sus actividades políticas acá o allá, de líos de faldas entre los que se encontraba una actriz española afincada en México… Lo que sí es cierto es que hasta el momento de su muerte permaneció junto a su esposa, Valentina Ivanova Zubareff con la que contrajo matrimonio en 1936 y a la que conoció cuando realizaba sus primeras actuaciones en carpas. En 1993, víctima de un cáncer de pulmón, Cantinflas dejó de existir. Su entierro, en un día de lluvia copiosa, constituyó una auténtica manifestación de duelo por parte dell pueblo mexicano y de todo el mundo, como se demostró con el silencio que, como homenaje, se le dedicó en el Senado de los Estados Unidos. Sus cenizas reposan en la cripta familiar de la familia, en el Pabellón Español de la ciudad de México. Su bigotillo, sus pantalones caídos, su camisa medio entresacada, su pintoresca forma de hablar –cantinflesca– a la que tan aficionados son tantos políticos que no tienen nada que decir pero que han de ganarse el sueldo, no faltan en nuestra memoria.












