Hay fechas de aniversario que se tienen como referencia para el recuerdo: cuando se cumple el primer año de algún acontecimiento, a los cinco, los diez, los veinticinco, cincuenta, cien, etc. En las fechas intermedias se hace, como mucho, una leve referencia al suceso. Si no fuera así nos pasaríamos la vida rememorando efemérides y los periódicos serían igual todos los días. ‘Se cumplen hoy 16 años de…’, ‘Ocurrió hace 23 años que…’, ‘Hoy hace 87 años sucedió…’ No pega ¿verdad? Los 40 son, incluso, los menos indicados para el recuerdo. Cumplir 40 años es como iniciar una nueva fase de la vida. Una fase que nos lleva ya en dirección a… donde sea. Una edad en que se dice el adiós definitivo a la juventud. Una edad, sin embargo, que añoramos cuando alcanzamos los 60. ¡‘Si yo tuviera ahora 40 años…! Es que nunca estamos satisfechos con nada. Sin embargo, hay quien encuentra motivos suficientes para conmemorar un cuarenta aniversario. Por ejemplo los técnicos de la NASA.
El pasado día 18, a pocos días para que se cumplieran 40 años desde que el hombre pisó por primera vez la luna, cosa que será el 20 de julio, desde Cabo Cañaveral se lanzó un cohete provisto de dos cápsulas de exploración que investigará en el satélite natural de la Tierra las posibilidades para una nueva aproximación. Ello, sin contar con los actos de celebración que se llevarán a cabo en esa fecha. Los objetivos principales son determinar el punto más adecuado para el descenso y localizar la existencia de agua. Hay otros propósitos. Es el primer paso para retornar a algo que ya sucedió. Fue hace cuarenta años, cuando la nave norteamericana Apolo 11 se adelantó a las aspiraciones espaciales de Rusia, con quien competía, en la carrera hacia lo desconocido. Millones de espectadores de todo el mundo pudimos seguir y contemplar el acontecimiento a través de la televisión. Era cuando la televisión servía para algo.
A bordo de aquella nave viajaban tres astronautas -Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin- pero sólo los dos primeros pisaron el suelo lunar, mientras que el tercero quedó al mando del Apolo. El objetivo perseguido desde siempre hacia el vecino más cercano de la Tierra, mucho antes de concebir y lograr el propósito, se había hecho realidad, aunque con ello, de alguna forma, se derrumbaba el que había sido símbolo para los amantes, emblema para los soñadores y un amigo conocido para los soñadores. Julio Verne, desde su lugar de descanso, se partía de risa y señalaba al mundo diciendo: ‘Ya os lo dije yo y me tomasteis por loco; si hubierais leído ‘De la tierra a la luna’ o ‘Alrededor de la luna’, que para eso las escribí no os hubiera costado tanto esfuerzo el llegar’.
El mito romántico se deshacía tras aquellas palabras de Armstrong al descender del módulo ‘Aguila’: ‘Este es un pequeño paso para el hombre; un salto gigantesco para la Humanidad’. A continuación, desplazándose con facilidad bajo una gravedad seis veces menor que la de la superficie de la Tierra, clavaría en el suelo blando lunar la bandera de los Estados Unidos, junto a una placa con una frase firmada por los tres astronautas y por el propio presidente estadounidense, Richard Nixon: ‘Aquí hombres del planeta Tierra pisaron la Luna por primera vez, Julio 1969. Venimos en paz para toda la Humanidad’. Desde entonces, más de una vez la paz se ha visto en entredicho, al menos por aquí abajo. El próximo intento y es de suponer que logro, esperemos que se haga bajo ese signo en todo el universo.












