Desde que se ha inventado el correo electrónico sospecho que hay un género epistolar desaparecido o en ciernes de que ocurra: el amoroso. Ya no es necesario tener provisiones de papel y tinta para expresar nuestros sentimientos al ser amado. Ella o él. Te sientas ante el ordenador y los manifiestas. La diferencia puede estar en el espacio dedicado. Los sentimientos de antaño se iban expresando, torrencialmente, en la misiva que posteriormente sería enviada. Una cuartilla tras otra, todas manuscritas. Todo aquello ha quedado reducido a unas cuantas líneas sin preocupación ortográfica. La contestación es inmediata igual que la contracontestación. Incluso, hasta se puede prescindir del procedimiento si lo que se utiliza es el messenger donde, aunque las palabras se escriban, el efecto es de diálogo. Nada de cartas, ni siquiera de postales en las que manifestar un deseo urgente de expresión breve por lo limitado del espacio. Las cartas de amor, como el resto de la correspondencia en la que únicamente se mantienen los bancos para poder justificar el cobro de ‘gastos’, han pasado a mejor (o peor) vida.
Me surge este pensamiento, más que por la tinta empleada en años mozos, por la noticia aparecida aquí mismo –Mayormente– acerca de la subasta efectuada hace unos días de las misivas amorosas de Edith Piaf, donde la puja se elevó a 70.000 euros. No es la primera vez que esto ocurre: el hacer públicas las interioridades de los famosos una vez ocurrida su desaparición de este mundo. Anteriormente se tienen casos como el que une epistolarmente a Napoleón con Josefina, o a un apasionado Einstein con Margarita Konenkova que requerían del secreto por ser ésta casada. ‘Escríbeme pronto, si puedes encontrar el tiempo y ser besada por su A. Einstein’ suplicaba el genio en una carta fechada el 8 de noviembre de 1945. Por miles se cuentan las que escribió y recibió Victor Hugo. Por alguna razón, los sentimientos de amor casi siempre se limitan a la persona enamorada y sólo a ella se le manifiestan; siempre se intenta evitar el conocimiento general de ellos; es correspondencia secreta, como si de querer hubiera que avergonzarse. Es algo que se limita a dos solamente. Sin embargo, esas interioridades de famosos, transcurrido el tiempo, se han hecho públicas mediante el abono de su importe correspondiente ya que en todos los casos ha sido a través de subastas.
Comentado el hecho de la correspondencia amorosa, centrémonos en la protagonista de la noticia experta, a lo que parece, en correspondencia amorosa y en amores, al decir de su biografía. Aunque experta, sobre y por encima de todo, en cantar. Precisamente al amor al que dedicó todo un himno que podéis escoger en cualquiera de estas dos versiones:
http://www.youtube.com/watch?v=yAHdjbGDkUg
http://www.youtube.com/watch?v=Cpg4oWjGkaU
¡Cuántas veces habré escuchado esta canción! ¡Cuántas veces la habré bailado en los guateques! (Si se le podía llamar bailar a estar quietos). Aquella voz surgía de una garganta instalada en un cuerpo que apenas sobrepasaba el metro y medio. Su propietaria, desde aquel tocadiscos monoaural al que había que alimentar cada tres minutos, nos hacía ver todo de color de rosa mientras se hacía escuchar en la caída de la tarde dominical.
http://www.youtube.com/watch?v=rKgcKYTStMc
Ella, Edith Giovanna Gassion –Edith Piaf–, hija de un acróbata y una alcohólica y drogadicta cantante de cafés, cuya infancia transcurrió en negro al lado de su abuela que la crió más con vino que con leche y con total ausencia de cariño supo desquitarse en su mayoría de edad. No sin haber pasado por la dura prueba de tener que ganarse la vida a base de cantar por las calles, a la que hubo de añadir una maternidad, cuando sólo contaba 16 años, que apenas duró una par de años ya que su hija falleció. La música y el amor lo fueron todo para ella y a las dos cosas se entregó con pasión. Superando toda clase de inconvenientes de salud. Sin importarle nada ni arrepentirse de nada como llegó a manifestar musicalmente.
http://www.youtube.com/watch?v=kFRuLFR91e4
‘No, no me arrepiento de nada
Ni el bien que me han hecho, ni el mal
Todo eso me da lo mismo
No, nada de nada
No, no me arrepiento de nada
Está pagado, barrido, olvidado
Me da lo mismo el pasado…’
Quizá es algo que no todo el mundo pueda desear ni manifestar, el no arrepentirse de nada. Que es lo que sucede cuando se actúa con el impulso del corazón, como Edith actuó siempre y que no es lo mismo que hacerlo caprichosamente. En esos impulsos hay verdad y es lo que importa, porque el corazón nunca se equivoca, como le ocurre al cerebro. Con esa verdad de sus sentimiento es como la Piaff, el ‘pequeño gorrión’ como la bautizó su descubridor, llegó a cautivar el corazón del cantante Jacques Pills (con el que contrajo matrimonio), al ciclista Louis Gérardin ‘Totó’, a Ives Montand, a Charles Aznavour, al boxeador Marcel Cerdan, su amor más apasionado, a Théo Sarapo, a Georges Moustaki… Como persiguiendo aquello de lo que en su infancia estuvo tan ausente: el cariño. Aunque en muchas ocasiones sólo sea algo pasajero, el tener un/a amante aunque sólo sea por un día si ese día es apasionado. “Los amantes de un día”
http://www.youtube.com/watch?v=EBTIuFuS0LE
O cuando esa pasión se convierte en obsesión, en persecución del espíritu, día y noche.
http://www.youtube.com/watch?v=LfmguyDRBwU
Claro que, para conseguirlo, contaba con el escenario más apropiado que uno pueda imaginarse. El amor en cualquier sitio puede darse, pero mucho más si es en París, en sus calles, a la orilla del Sena, mirando sus tejados o simplemente bajo su cielo. ‘Bajo el cielo de París’.
http://www.youtube.com/watch?v=uOXzGtlLGgw
París vio morir a su ídolo en el otoño de 1963, cuando tan solo contaba 48 años, cuando las hojas de los árboles también mueren.
http://www.youtube.com/watch?v=n2s2tPORlW4
Desde entonces la seguimos escuchando y desde entonces también, ella ya no tiene que recurrir al alcohol ni otras sustancias que le den fuerzas para seguir cantando y para recordarnos que el amor existe.












