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Cabecera Me Viene A La Memoria

ÓSCAR PARA UNA OTOÑAL

Hace unos días, pasando por la Gran Vía madrileña, observé los preparativos que ante uno de sus cines se estaban haciendo para la presentación de una película, no recuerdo cuál. Alfombra roja, focos, enormes carteles… Ahora es frecuente que las presentaciones cinematográficas se lleven a cabo de esta manera, en vez de introducir directamente a los espectadores en la oscuridad de la sala para juzgar la nueva producción. En Estados Unidos, la parafernalia que acompaña a estas presentaciones es algo completamente normal desde hace más de cincuenta años; los cincuenta años que, como en casi todo, llevamos de retraso. En una de estas presentaciones, antes incluso de la época televisiva, cuando los acontecimientos se transmitían por radio, el locutor de turno iba comentando el desarrollo del acto. –‘En estos momentos llega, vestida con un elegante vestido blanco, Doris Day acompañada por el galán tan admirado, Fulano de Tal… Quien ahora llega es, nada menos, que Lana Turner… La limusina que ahora se aproxima al principio de la alfombra roja viene vacía, se detiene y de ella se baja ¡¡¡Lauren Bacall!!!’– Tal era la fama de delgada de la actriz; por ‘La flaca’ era conocida, como también por ‘La mirada’. De las dos cosas podía presumir la actriz neoyorquina que, con sólo 20 años, logró enamorar al tan deseado galán del momento –Humphrey Bogart– y contraer matrimonio con él que siempre la consideró su ‘baby’, como la denominaba al referirse a ella tanto en público como en privado. Una unión por la que nadie apostó considerando los 25 años que separaban la edad de ambos y que, sin embargo, se mantuvo firme hasta la desaparición del actor que nunca abandonaba el cigarrillo. Poco porvenir hubiera tenido en el cine actual.


Lauren Bacall (Betty Joan Perske) en el otoño de su vida, puesto que hace tan sólo dos días cumplió 85 años, acaba de ser reconocida con un Óscar honorífico que le será entregado el próximo 14 de noviembre en un acto al margen de la tradicional ceremonia de concesión de los Óscar, para evitar la tediosidad que se suele producir con su larga duración. Un Óscar por el que se reconocen sus méritos en la industria cinematográfica a lo largo de toda su carrera, teniendo además en cuenta que no ha desaparecido ni del recuerdo ni de la pantalla ya que continúa en activo, aunque con incursiones en el teatro ya que el cine, desde su viudedad, nunca le ofreció lo suficiente para sus posibilidades interpretativas. Su elegancia y su talento continúan intactos, como su mirada, su causticidad, su aspecto misterioso, su forma de expresarse sin disimulos (‘la mayor parte de las películas son terribles’), sus ideas de acérrima demócrata nunca ocultadas (‘ser liberal es la mejor cosa del mundo que se puede ser’), los rechazos a los guiones que no le agradan que le han proporcionado fama de difícil.…


Todo un temperamento bajo una apariencia de dulzura mezclado con sensualidad, que a Bogart enloqueció y que valoró hasta el punto de llegar a separarse de su pareja, la también actriz Mayo Methot. Lauren y Humphrey se conocieron en el rodaje de la película ‘Tener o no tener’ (1944), primera de la actriz de voz grave, y un año después contrajeron matrimonio. La experiencia artística de ella, hasta entonces, se limitaba a ser acomodadora en un teatro, alguna intervención escénica en Broadway donde debutó a los 17 años, y un corto tiempo en el mundo de la moda como modelo. La esposa del director Howard Hawks,al ver su foto en una publicación y apreciar sus posibilidades fotogénicas, sugirió a éste que la hiciera una prueba y él, accediendo a su petición, llevó a cabo la misma con resultado satisfactorio ya que supuso el primer contrato para la actriz: 100 dólares semanales. También es el responsable de que cambiara el Betty original de su nombre por el de Lauren, responsable igualmente de la gravedad impuesta en su voz, así como de la intensidad de su mirada felina ya que, ante la timidez de la aspirante que la llevaba a agachar la cabeza en las pruebas, la mantuvo en esta postura pero obligándola a mirar hacia arriba, gesto que siempre conservó la Bacall con tanto éxito. Personalmente es una de las actrices de Hollywood que más me atraen, coincidiendo con los gustos de los responsables del American Film Institute que la han considerado como una de las 25 estrellas de cine más importantes en la historia.


Una opinión compartida por la gran cantidad de primeras figuras que han alternado con ella en los repartos. Además de Hunphrey Bogart con el que, además de en ‘Tener o no tener’, compartió protagonismo en ‘El sueño eterno’ ‘La senda tenebrosa’ y ‘Cayo largo’, ha intervenido en repartos al lado de Charles Boyer, Gary Cooper, Henry Fonda, Paul Newman, Kirk Douglas, Rock Hudson, Gregoy Peck, Albert Finney, Sean Connery, John Wayne o Robert Altman y actrices como Marylin Monroe, Doris Day, Betty Grable, Natalie Wood, Shelley Winters, Julie Harris, Janet Leigh, Ingrid Bergman o Nicole Kidman. Ellas y ellos son leyenda en la historia del séptimo arte, como lo es Lauren Bacall a la que casi siempre se ha unido al cine negro pero que también participó en otros géneros con indudable notoriedad. Es el caso de ‘Cómo casarse con un millonerio’ donde Jean Negulesco le brindó la oportunidad de hacer comedia y donde ella tan confortablemente se sintió. ‘Amo la comedia –manifestó al periódico Los Angeles Times– soy muy buena para hacer reír. Es el campo donde me siento segura. Creo que una vida sin risas no es vida’.


Con risas en su vida, resuelto con el continuo quehacer cualquier problema de ‘workoholismo’ que a tantos nos afecta (‘necesito sentirme viva’ ha declarado), fumando todo lo que le apetece porque, según ella, ‘es lo mejor de llegar a los 85’, y con un Óscar en el bolsillo, aunque sea con retraso, no es difícil enfrentarse al otoño vital, como es el caso de Lauren Bacall. Al otro, el estacional, a punto de llegar, habrá que soportarlo porque no hay más remedio, con su falta de luz solar y el anuncio del frío. Lo difícil es encontrar una explicación para mi nieta que, con su media lengua, pregunta todos los días al despertarse por las ‘oes’ (flores) y los ‘pipis’ (pájaros) a los que no verá porque las razones climatológicas así lo imponen. Y es que el otoño, tanto el estacional como el vital, tendría que estar prohibido.

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