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Cabecera Me Viene A La Memoria

LA VETERANA DAMA DE LA CANCIÓN

En el teatro Fernán Gómez, de Madrid, se presentó hace unos días un espectáculo titulado “Homenaje” en el que participaron sucesivamente diversas figuras de la canción, tanto jóvenes como es el caso de Pastora Soler, como menos jóvenes en donde podemos incluir a Sonia Fausto que homenajeó con sus canciones a México con motivo del centenario de iniciarse su revolución y 200 de promover su independencia, o veteranos como es el caso de Alberto Cortez o María Dolores Pradera. Si, señoras y señores, María Dolores Pradera in person. Ochenta y cinco años, casi ochenta y ochenta y seis, (25-8-1924) la contemplan desde lo más alto del éxito. Alguna arruga más que tiempos atrás, pero “la arruga es bella”, como rezaba el slogan que Adolfo Domínguez lanzó en 1979. Claro, que el público no acudió la otra noche a comprobar la tersura de la piel de María Dolores Pradera sino a escucharla cantar. Y en ese aspecto no han existido variaciones. Su voz se mantiene fresca y su forma de cantar, día a día, año tras año, adquiere mayor aplomo y elegancia. Que eso es lo que principalmente caracteriza a esta artista: la elegancia. Elegancia para cantar y para estar.
 
Sin embargo, sobre todo para quienes han conocido a una Pradera más o menos reciente, sus orígenes profesionales no estuvieron en la música. Lo fueron en el arte escénico como actriz imprimiendo en sus papeles una voz calida y una dicción exquisita. Fue este comienzo en la década de los 40 tanto en el teatro como en el cine. En ella, concretamente en 1946, participó en el rodaje de “Los habitantes de la casa deshabitada” que Gonzalo Delgrás dirigió basándose en la obra teatral de Enrique Jardiel Poncela. Allí, la actriz coincidió con el entonces galán Fernando Fernán Gómez, surgió el flechazo y hubo boda al año siguiente. Se compenetraron dos de las voces más importantes de nuestra escena. Claro que 12 años después se desacoplaron, hubo desafinamiento, con lo que el propietario de cada voz se fue cada uno por su lado. Como resultado de aquel tiempo quedaron dos hijos, Fernando y Helena que intentó seguir los caminos paternos de igual manera que su progenitor heredo la vocación de Carola, su madre.
 
Aunque el cine se interesó desde el principio por las actitudes de María Dolores Pradera ofreciéndola papales cada vez de mayor interés, ella se interesó preferentemente por el teatro. Trabajó con la pareja Carmen Carbonell-Antonio Vico, en la compañía de Guadalupe Muñoz Sanpedro y en la de Jardiel Poncela, así como contratos en otras alternando siempre con el cine y en constante ascenso profesional. El espaldarazo definitivo en la escena se lo proporcionó el director Luis Escobar al encomendarle el protagonismo de “La Celestina”, en el madrileño teatro Eslava en cuyo prestigioso escenario se estrenaron, por ejemplo, y en tiempo anterior, “La corte del faraón”, “El tambor de granaderos”, “La alegría de la huerta” o las revistas “Yola” o “Las castigadoras”. Para descansar unos minutos de la lectura, escuchemos el schotis que se canta en esta revista.
 
http://www.youtube.com/watch?v=51oAbt6977I        
 
Fue una etapa frívola del teatro. Ahora, convertido en discoteca, lo es más. Pero Luis Escobar, durante su etapa como empresario del Eslava, le proporcionó altura teatral y María Dolores Pradera fue uno de los personajes que contribuyó a conseguirlo a la vez que, por la difusión de la obra, la actriz madrileña adquirió prestigio internacional. Ha interpretado a Ionesco (“El rinoceronte”) a Chéjov (“El jardín de los cerezos”) a Casona (“Las tres perfectas casadas”) y a varios personajes del teatro universal entre los que es de destacar “Mariana Pineda” donde García Lorca recreó el personaje de la heroína liberal.
 
“¡Oh! Qué día tan triste en Granada,
que a las piedras hacía llorar
al ver que Marianita se muere
en cadalso por no declarar”.
 
Con este papel María Dolores Pradera dijo adiós al teatro y casi al cine. Lo hizo sin despedirse del público porque no se trataba de una retirada sino de un cambio. Su experiencia en la canción, en la que se había iniciado en 1952 llevada por su afición a la misma, fue la que impulsó el cambio. Renovarse o morir. El cambio fue radical. Alguien me comentó por entonces que la decisión fue tomada tras la oferta del empresario de una sala de fiestas que la invitó a actuar, e incluso la puso alguna traba con la cantidad a percibir. “En este momento es lo que te puedo ofrecer aunque reconozco que tu caché debe ser más elevado; más adelante…” La Pradera consideró aquella cantidad que se le ofrecía con tanta timidez y resultando ser mucho más elevada que la que percibía en el teatro como primera actriz, la llevó a tomar la decisión última e incorporarse definitivamente al mundo de la canción. Incorporación que puso en su voz todo el repertorio de canciones hispanoamericanas. “Fina estampa”, “El rosario”, “Amarraditos”, “Que te vaya bonito”, “El tiempo que te quede libre” y sobre todo, en aquel primer repertorio, la gran creación de Chabuca Granda “La flor de la canela”.
 
http://www.youtube.com/watch?v=A0yJYljd5Oc&feature=related
 
Su experiencia como actriz ayudó, no poco, a expresarse con la música. Interpreta cada canción acompañándola de matices que otros artistas no lograrían aportar. Es como si se enfrentara a obras teatrales de tres minutos en lo que pone toda la intención necesaria en voz y en gesto. Eso no está al alcance de todos. El repertorio es amplio, casi todo él impreso en una extensa discografía que le ha proporcionado cantidad de premios y reconocimientos en grado superior a los conseguidos en su etapa como actriz, aun siendo muchos, entre ellos el Nacional de Teatro y la Medalla de Bellas Artes.
 
Contó para sus actuaciones con la colaboración inestimable de Santi y Julián –Los Gemelos– hasta la disolución del grupo tras el fallecimiento de uno de los dos hermanos. Con sus guitarras y la armonía de sus voces pusieron el contrapunto en la voz cálida de María Dolores Pradera alcanzando, entre los tres, un acoplamiento perfecto.
 
Desconozco si la invitación partió de la cantante a otros compañeros de profesión o si estos mostraron en algún momento su deseo de alternar con ella, o si fueron argucias de las casas grabadoras. El caso es que en numerosas ocasiones María Dolores Pradera ha empastado su voz con las de José Carreras, María del Mar Bonet, Rocío Jurado, Paloma San Basilio, Carmen París, Caetano Veloso, Los Sabandeños, Los Secretos… y sobre todo con la del desaparecido Carlos Cano. Algunos de los temas del granadino están totalmente incorporados al repertorio de la Pradera. Es el caso de “María la portuguesa” o las “Habaneras de Cádiz”. Hoy las canta ella sola, en su momento lo hizo con Carlos Cano junto al que realizó las giras que juntos llevaron a cabo en 1997 y 1998 que llamaron “Amarraditos”, el mismo título tan popularizado en la voz de la artista.
 
http://www.youtube.com/watch?v=qcxX1-7efNg&feature=related
 
Existía el proyecto entre ambos artistas de grabar un disco recopilatorio de estas actuaciones pero quedó frustrado tras la repentina muerte del cantautor. No obstante, existen algunas muestras en las que queda de manifiesto la compenetración artística entre los dos. Por ejemplo “María la portuguesa”.
 
http://www.youtube.com/watch?v=WdaChGT4ZFg&feature=related
 
O también ese otro tema al que Cano puso música sobre la letra de Antonio Burgos: “Habaneras de Cádiz”
 
http://www.youtube.com/watch?v=ayANlqqOz_I
 
Acompañada por otras voces o únicamente con la suya es un auténtico relax escuchar a María Dolores Pradera. Yo creo que incluso sin saber de su físico, sólo escuchándola, se intuye la elegancia y señorío que hay detrás. Antes de alcanzar la veteranía de que ahora goza, María Dolores Pradera ya era gran dama y elegante. Hoy, con el tiempo, las características de su personalidad se han acrecentado, algo que sólo está al alcance de unos pocos privilegiados.

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