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Cabecera Me Viene A La Memoria

EL OCTOGENARIO MANISERO

Hay artistas que con su trabajo han impregnado los días de nuestra infancia y de nuestra juventud. De ahí que estén siempre permanentes en nuestro recuerdo. Sobre todo, si estos artistas son cantantes que la radio se encargaba de hacerlos presentes de una manera constante. Concha Piquer, Juanita Reina, Antoñita Moreno, Rafael Farina, Antonio Molina, Juanito Valderrama, Jorge Sepúlveda, Lorenzo González, Bonet de San Pedro… y Antonio Machín. No pasaba un día sin que escucháramos “Angelitos negros”, “Madrecita del alma querida” o “El manisero”. Canciones que en muchos casos, aun considerando el éxito del que gozaban en aquellos años 50 y 60, se remontan a tiempos anteriores ya que esta última, “El manisero”, acaba de cumplir 80 años desde que Machín la grabó en Nueva York. Con anterioridad lo habían hecho Don Aspiazu, en cuya orquesta participaba el cantante de las maracas, así como Rita Montaner, para quien fue escrita la canción por Moisés Simóns en un momento de inspiración, sobre una servilleta de papel en una cafetería. La Montaner es todo un caso de popularidad de aquel momento como actriz y como cantante, tanto en Cuba como en toda Latinoamérica, en Estados Unidos y Europa. Para ella escribieron de manera muy especial Gonzalo Roig que la dedicó la zarzuela “Cecilia Valdés”, Eliseo Grenet que quiso que fuera ella quien estrenara la zarzuela “Niña Rita” en la que se incluye el número “Ay mamá Inés”, o Ernesto Lecuona que puso en su voz la zarzuela “El cafetal”, y otros autores, especialmente cubanos como ella. La de Machín, no obstante, fue la versión definitiva de esta canción homenaje a los vendedores ambulantes de cacahuetes, o manís. A los que iban por las calles pregonando su mercancía alimentaria. El autor quiso que ese voceo tuviera ritmo y Antonio Machín incrementó esa acentuación rítmica con sus famosas maracas. Lo escucharemos, pero primero detengámonos en la versión de Rita Montaner.


http://www.youtube.com/watch?v=tCNMCcgVfXQ


Se han hecho infinidad de versiones de este tema. Entre otras la que cantaba Judy Garland en “Ha nacido una estrella” (“A Star is Born”), aunque no llegaba a hacerla entera. O “Bola de nieve” o Pérez Prado… Muchas versiones. Hasta en chino, aunque sin ninguna gracia. La podéis pasar por encima porque carece de importancia, pero queda el testimonio.


http://www.youtube.com/watch?v=RXBmfNa_Pg8


La versión definitiva e indiscutible es, sin lugar a dudas, la de Antonio Machín.


http://www.youtube.com/watch?v=Qp6khgW2tn8


Al escucharla, las caderas se bambolean acusando este ritmo “sabrosón” y los pies es difícil detenerlos. Gran éxito mundial de este tema que, sin embargo, no impidió que su autor, Moisés Simóns, muriera en España, de donde era su padre, totalmente  abandonado y pobre, hasta el extremo de que su entierro fue sufragado por la Sociedad de Autores de Francia al serle denegada la ayuda por parte del gobierno cubano.


Quedémonos con Machín. Mitad español y mitad cubano ya que su padre –José– era un emigrante gallego y su madre –Leoncia– una negra cubana. Una familia pobre, aunque muy unida compuesta por la pareja paterna y quince hijos. Uno de ellos Antonio que, desde muy pequeño, manifestó su afición por la música y por cantar. Trabajando, en una de las muchas profesiones por las que pasó, como albañil alternaba su actividad laboral con su participación en los cantos de la iglesia, en algún que otro teatro y tras la pantalla del cine mudo en la ciudad cubana que le vio nacer, Sagua la Grande. Incluso llegó a soñar con dedicarse a la lírica, a la ópera concretamente, estando decidido a estudiar canto. Consideró equivocadamente que dado su color el único personaje al que podría dar vida sería Otelo y desistió de su propósito enfocando su actividad musical a la canción rítmica cubana y a las baladas románticas. Un color, el suyo, que posiblemente sirvió para que, con tanta pasión, cantara lo de “Angelitos negros”, un bolero surgido a partir de un poema del venezolano Andrés Eloy Blanco Meaño: “Píntame angelitos negros”.


http://www.youtube.com/watch?v=cP4xrB3EmRI&feature=related


Decidido a vivir de su voz se trasladó a La Habana donde comenzó a actuar como solista, para pasar de inmediato a Nueva York donde trabaja con distintas orquestas y grupos hasta que Don Aspiazu le contrata, iniciando en su orquesta la gran popularidad que alcanzó. Primero entre el auditorio hispano y posteriormente a nivel general. Con él dio a conocer “Aquellos ojos verdes” que popularizó, aunque no sé si llego a grabar. Nat King kole, Los Panchos y otros muchos sí lo hicieron


http://www.youtube.com/watch?v=xeIkAsCgR90&feature=related


A pesar del éxito americano Antonio Machín quiso probar suerte en Europa por lo que decidió trasladarse al viejo continente. Pasaría por Londres y París antes de llegar a España en la que se instaló hasta el fin de sus días. Aquí conoció a María de los Ángeles con la que se casó y desde aquí dio a conocer al mundo infinidad de títulos de canciones que alcanzaron el máximo de popularidad atravesando fronteras. Muchas de ellas debidas a la inspiración de Oswaldo Farrés como “No me vayas a engañar”, “Quizás, quizás, quizás”, “Toda una vida”, “Tres palabras”, “Acércate más” o “Madrecita”. Sin el nombre de este compositor el bolero no existiría. Por cierto, que Farrés no sabía absolutamente nada de música ni tenía la más mínima noción de tocar algún instrumento. Tarareaba lo que se le ocurría a quien sí sabía hacerlo y así surgían las partituras que no han dejado de sonar. Su canción favorita era “Madrecita” dedicada, lógicamente, a su propia madre. Machín fue uno de sus principales intérpretes.


http://www.youtube.com/watch?v=Ne4peSKj3K0&feature=related


Otro tanto puede decirse de la compositora mexicana Consuelo Velásquez, autora de “Bésame mucho” y de Isolina Caririllo al convertir en éxito su creación “Dos gardenias”, uno de los emblemas en el repertorio del cantante hispano cubano. El más cubano de los españoles y el más español de los cubanos.


http://www.youtube.com/watch?v=OPq2ye7hJQg&feature=related


Era proverbial entre la gente del espectáculo la opinión sobre la gran humildad de Antonio Machín, una virtud que sólo adorna a los que son verdaderamente grandes. Tuve ocasión de conocerle en su casa, invitado por la compañía discográfica para la que grababa, celebrando su cumpleaños, por el año 1970 o poco más. Debido a su éxito y fama pensé encontrarle en una importante mansión dada la fama del barrio en que se encontraba, el de Salamanca, famoso por contar con la preferencia de gran parte de la burguesía madrileña. Aunque hay de todo. Me encontré con un hogar sencillo, sin lujos de ningún tipo y sin que el anfitrión desplegara una exhibición en el agasajo a sus invitados. Una pequeña fiesta entre amigos, nada más; pero atendiendo a todos con solicitud y agrado, sin falsos abrazos ni grandes felicitaciones de no se sabe exactamente qué. Aquella sencillez la tuve siempre presente tratándose de toda una figura internacional y supongo que con medios suficientes para tratar de impresionar a la asistencia si lo hubiera deseado. Un ¡bravo! social y humano por Antonio Machín porque el artístico lo conseguía a diario en sus actuaciones.


Unas actuaciones que se prolongaron en intervenciones radiofónicas y televisivas a la vez que grabando nuevos títulos que se convirtieron en nuevos éxitos como el de “Tengo una debilidad” o “Envidia”, por citar un par de ellos.


http://www.youtube.com/watch?v=1rt4YTy4g9g&feature=related


Hasta el último momento permaneció en el escenario. Fue en Alcalá de Guadaira (Sevilla), en junio de 1977, cuando tuvo que abandonarlo porque se encontraba mal. Dos meses después fallecía en su casa madrileña. Con sus canciones marcó una época creando, con sus melodías y sus maracas, la banda sonora en el amor de muchos españoles que le convirtieron en ídolo y hasta en argumento para la expresión popular: “te mueves más que las maracas de Machín”.

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