Tres cuartos de siglo transcurridos desde su muerte en un accidente de aviación acaecido en Medellín (Colombia) no han sido suficientes para determinar el lugar de nacimiento de Carlos Gardel. Tampoco a lo largo de su casi medio siglo de vida, puesto que no hay acuerdo entre si la fecha de su nacimiento debe fijarse en 1883, 1887 ó 1890. Se disputan su paternidad geográfica desde Argentina (Buenos Aires) a Francia (Toulouse) y Uruguay (Tacuarembó) Tampoco el cantante se preocupó por aclarar la incógnita, llegando a manifestar que él “nació en Buenos Aires a los dos años y medio de edad”. Se supone que, nacido donde naciera, es a esa edad a la que llegó a Buenos Aires y en la capital argentina fue donde se crió y desarrolló toda su iniciación y aprendizaje musical. Es igual, así que digamos, por tanto, que nació en el mundo y al mundo entero pertenece y en el mundo entero es reconocido y admirado.
Entre las muchas actividades laborales que desempeñó está la de tramoyista en el bonaerense teatro Victoria donde escucho cantar, entre otros, al barítono italiano Titta Rufo y al también barítono español Emilio Sagi Barba. Ambos le impresionaron de tal manera que le llevaron a determinar su futuro. Quería ser cantante y eligió para ello un género musical de reciente aparición: el tango. En mi memoria y en la de todos los usuarios habituales de Mayormente están aquellos tangos que, de vez en cuando, se ponían en los güateques caseros, aunque sin abusar de ellos pues no era un tipo de música que nos cautivara. A Gardel y al tango –yo, al menos– la generación del rock los descubrimos más tarde. No eran demasiados aquellos discos, es cierto, pero los suficientes para intentar hacer gala de nuestros conocimientos danzantes. O así lo creíamos. De bailar los tangos en un gesto de total improvisación y sin ningún academicismo, era de lo único que nos ocupábamos, en ningún caso de escuchar lo que el cantante decía en las letras donde, según parece, se expresaban casi siempre sentimientos de dolor afectivo. Porque el tango, según Discépolo, uno de sus mayores autores, (“Yira, yira”, “Esta noche me emborracho”, “Uno”…) es “un pensamiento triste que se baila”. Bailábamos, pero sin pensar. O sí, porque todo aquello tenía como destino el quedar con Mari Pili al día siguiente para decirle lo mucho que nos gustaba. Y Mari Pili, aun siendo consciente de ello por aquello del sexto sentido femenino, dilataba la cita porque “tenía que estudiar”, aunque terminaba por aceptarla en día y hora, con lo que el tango había cumplido su misión de acercamiento.
http://www.youtube.com/watch?v=fhR09litykM
Era la utilización que hacíamos de los discos de Carlos Gardel para quien no teníamos una devoción especial como podía ocurrir con otros cantantes. Gardel pertenecía ya a una generación anterior, la de nuestros padres que, ellos sí, le admiraban. Tampoco es que le rechazáramos. Además estaban las versiones “tangueras” de Los Cinco Latinos y de Nat King Cole que de alguna forma nos acercaban a este estilo musical. Sirvieron, para familiarizarnos con el ritmo del tango y tenerlo presente en nuestras vidas así como para apreciar su evolución que, en lugar de ir desapareciendo, se ha implantado cada vez más siendo multitud de personas las que en la actualidad se entregan a él con pasión, o multitud de espectáculos los que se presentan con el tango como argumento de los mismos constituyendo éxitos considerables de público. El tango, superado el siglo desde su nacimiento, es una institución musical. Incluso una forma de ver la vida desde su ritmo acentuado. Puede recoger varios aspectos argumentales, incluso el humorístico, pero sobre todo es una forma de manifestar el desengaño amoroso. El hombre no siente ningún pudor de género, ni restringe sus emociones a la hora de manifestar sus sentimientos. Como dice la letra de un tango:
“Llora, llora corazón,
llora si tienes por qué,
que no es delito en el hombre
llorar por una mujer.
Puede decirse que existen dos tipos de tango: el cantado y el instrumental. Así es como nació, siendo ejecutado por una orquesta especializada, normalmente un sexteto donde el bandoneón acabó por imponerse como instrumento esencial. Apenas se concibe un tango sin el acompañamiento del bandoneón. A Argentina, país de acogida desde hace muchos años, donde la emigración española tuvo uno de sus destinos preferentes, también dio cobijo a los inmigrantes alemanes que en sus equipajes incluían este instrumento. La instrumental es la forma preferida para acompañar al tango cuando se baila y el bandoneón sigue la melodía además de acentuar el ritmo. Es cuando dos cuerpos se expresan en un lenguaje donde, a través de ellos, se transmiten las emociones personales a la pareja. El tango se baila “escuchando el cuerpo del otro”.
http://www.youtube.com/watch?v=BbPZpbQzfW8&feature=related
Como decía Borges, “el tango es un modo de caminar”. Muy difícil y complicado, por cierto. Caminan distinto, eso sí, los bailarines de salón o pista y los de escenario donde lo que se persigue, principalmente, es el espectáculo, la pose artística, la danza estudiada y por tanto menos apasionada. Anualmente se organizan diversos campeonatos internacionales; el más famoso se celebra en Buenos Aires, donde se da cabida a los dos estilos. Los grandes aficionados al tango bailado conocen perfectamente los nombres de quienes lo ejercen como profesión artística.
Para el resto de los mortales el nombre indiscutible del tango es Carlos Gardel, de quienes sus millones de fieles seguidores en el mundo afirman que “cada día canta mejor”. No es extraña esta afirmación puesto que hay multitud de ocasiones para “descubrirle” cada día ya que dejó para la posteridad 957 grabaciones con 792 temas diferentes. Uno de ellos “Caminito”.
http://www.youtube.com/watch?v=ee79ZmClwzA
En este tema, como en tantos otros, el tiempo y la reflexión sobre él, se convierten en una constante del tango. Más, incluso, que el desengaño amoroso al que con tanta frecuencia recurren los letristas. Es la tristeza del “ya no ser” y la impotencia para enfrentarse a la venganza que el tiempo por sí mismo constituye. Son reflexiones que podemos encontrar en infinidad de tangos. Apenas hay referencias al futuro; son todas para el pasado que nos ha dejado huella.
http://www.youtube.com/watch?v=I5JQ1m3mxKw
Gardel, al que la muerte sorprendió de modo fatídico cuando las nieves del tiempo todavía no habían hecho acto de presencia en sus sienes repeinadas, abrillantadas y requetefijadas, disco tras disco, canción tras canción, nos habló de esperanzas perdidas, de recuerdos, de tristes despedidas, de amistades que fueron, del destino, en definitiva al que es imposible hacer frente y sólo el tango proporciona un pequeño refugio contra sus contratiempos.
http://www.youtube.com/watch?v=IGI_1L7iQNA
Gardel cantó en su Buenos Aires como lo hizo por toda América, pero con igual o mayor éxito fue acogido en Europa aunque de manera especial en Francia y en España. Sus tangos, muchos de autoría propia, fueron llevados al cine, dando ocasión en muchos casos a que uno de ellos diera nombre a la película. En muchos ambientes el tango hoy en día está considerado como algo moderno, de lo más “in”. En ello ha tenido gran parte Astor Piazzolla, llegado al tango desde la música culta, que le proporcionó nuevo impulso y renovación cuando el tango parecía apuntar hacia la decadencia en las décadas 60 y 70 del pasado siglo. En la actualidad es algo completamente vivo, tanto desde la perspectiva clásica de un Gardel, como desde la actual con fusiones que se llevan a cabo con otros ritmos y estilos y se incorporan nuevos instrumentos. Todo ello es origen de nuevos nombres que se suman al nuevo tango y nuevos temas que aumentan los repertorios con nuevos títulos como los ya populares “Adiós Nonino” o “Balada para un loco”, el tema que consagró a Amelita Baltar como una de las más importantes intérpretes argentinas actuales.
http://www.youtube.com/watch?v=XLVJxxq0ncU&feature=fvw
Eso sí, para comprender el mensaje de los tangos es necesario conocer el vocabulario lunfardo. Sólo así entenderemos que “tamangos” son los zapatos como se expresa en “Yira”: “Cuando rajés los tamangos”. O que “laburar” es trabajar como se percibe en “Cambalache”. Que “piantao” es loco, “junar” es mirar, “pibe” niño, “pilcha” ropa, “pucho” cigarrillo… Muchas veces no acertamos, por su dificultad, a comprender el significado de un tango arrabalero, ese tango que nació en el puerto de Buenos Aires a finales del siglo XIX y que rápidamente se extendió a los barrios bonaerenses ocupados básicamente por inmigrantes europeos. Ellos, con el resto de la población inmigrante, hicieron surgir el “tango arrabalero”, el tango que se bailaba en el arrabal con los cuerpos fuertemente abrazados y que escandalizó a la sociedad de su época, cuando el siglo XX iniciaba sus primeros pasos. Posteriormente, tras superar prohibiciones por acá y por acullá, la aceptación de este ritmo y de su forma de interpretarlo en la danza, lograron imponerse en el mundo entero. El principal artífice para su implantación fue Carlos Gardel del que este año próximo a su fin se han cumplido 75 años desde su accidentada muerte. Fue un 24 de junio, fecha en la que el estado uruguayo ha establecido como ley que se conmemore el “Día de Carlos Gardel” con la celebración de diferentes festejos en Tacuarembó, una de las ciudades que se disputan la cuna del cantante. Desde hace siete años, la voz del artista argentino (por lo menos nacionalizado) es Patrimonio de la Humanidad por declaración de la UNESCO. Este Organismo cita al artista como “cantor argentino nacido en Francia”. Este mismo Organismo declaró el año pasado al tango como “parte del patrimonio cultural de la humanidad” concediéndole tanto a la música de tango como al baile el estatus cultural de protegido. Por tanto, “La comparsita” y muchos títulos más pasan a ser un legado para la posteridad y para la historia del tango.












