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Cabecera Me Viene A La Memoria

MARIEMMA SE FUE DE PUNTILLAS

Sin hacer ruido, en el silencio del coma en que se mantuvo sus últimos años, víctima de un derrame cerebral, como de puntillas, se nos ha ido Mariemma, a los 91 años de edad.


También en silencio, con las zapatillas de baile puestas, “para correr mejor”, es como huyó de París al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
Guillermina Martínez Cabrejas –que era el verdadero nombre de Mariemma- se instaló con sus padres en la capital francesa, cuando sólo contaba dos años de edad. Su padre, un zapatero remendón, decidió trasladarse allí desde Íscar (Valladolid), buscando mejores horizontes para su vida, la de su esposa y la de sus siete hijos. La afición a la danza de la pequeña se manifestó desde que se mantuvo en pie y a los cinco años recorría los cafés parisinos bailando jotas y sevillanas que había aprendido en su casa, donde era notable la afición a la música. A los diez ingresó en la parisina Escuela de Danza del Teatro Châtelet donde pronto alcanzaría el grado de primera bailarina. Convertida en profesional pasó a formar su propia compañía con la que se presentó en Madrid y con la que recorrió el mundo, siendo aclamada en todos los países que visitó durante su etapa en activo que se prolongó hasta 1990 en que se subió por última vez a un escenario para bailar, en homenaje a Antonio Mercé, ‘La Argentina’. Con ella, con Pilar López (recientemente fallecida) y con la hermana de ésta, Encarnación López ‘La Argentinita’, con Rosario, con Antonio… la danza española ha conocido todo su esplendor y su difusión internacional.


Mariemma estableció claramente la diferencia entre flamenco y danza española. Era grande en el escenario a pesar de su corta estatura y, tal como señala su biógrafo, José Delfín Val, “bailaba volando y estaba más tiempo en el aire que en el suelo, que sólo pisaba para coger impulso”. Tal fortaleza física se la proporcionaba el ensayar durante dieciseis horas diarias.


Mariemma no quiso que su arte se limitara a los escenarios ni guardarlo para sí misma. Sus amplios conocimientos y su forma de entender el baile español, que supuso, entre otros aspectos didácticos y artísticos, el desarrollo de la escuela bolera, fueron aplicados a la cátedra de danza que impartió en el Conservatorio de Arte dramático y Danza desde donde se estimula el talento y se imparten conocimientos a los futuros bailarines. Ella regularizó el sistema de aprendizaje y enseñanza ordenando por primera vez nuestra danza en las cuatro formas actuales: Escuela bolera, Folclore, Flamenco y Danza estilizada. Hoy, ese Conservatorio lleva el nombre de la bailarina vallisoletana con lo que su recuerdo será eterno y su nombre un referente para los futuros profesionales de la danza.
 
 Mariemma estará ahora en algún lugar con Albéniz para, como hizo en vida, y me acuerdo de contemplarlo en el teatro de la Zarzuela, poner sus pies y su cuerpo a disposición de la música del compositor gerundés.

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