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Cabecera Me Viene A La Memoria

AMIGO FÉLIX…

Con esta declaración de amistad cantaban, hace unos cuantos años, Enrique y Ana a Félix Rodríguez de la Fuente tras su fallecimiento: ‘Amigo Félix, cuando llegues al cielo…’
 
Hace unos días he leído en un periódico que, tanto ganaderos como ecologistas y agentes forestales, llevan varios meses avistando en Somosierra dos grupos de lobos, unos animales que llevaban 40 años sin pisar la comunidad de Madrid. Al parecer, estos lobos ibéricos, cuya presencia está consolidada desde hace varios años en Castilla y León (uno de los últimos reductos donde sobrevivió cuando se encontraba en peligro de extinción), han atravesado parte de la provincia de Zamora, sorteando el Duero han llegado a Valladolid, y de ahí a Segovia y Madrid. ¿Qué pasó al leer la noticia? Que inmediatamente me vino a la memoria el nombre de Félix Rodríguez de la Fuente.
 
Rodríguez de la Fuente, precisamente este año, hubiera cumplido 80 de no haber sufrido aquel accidente aéreo en Alaska que le causó la muerte justo cuando cumplía los 52. Él sí fue un verdadero ecologista, lo que unido a su gran carisma como comunicador, le convirtieron en un personaje mediático, quizá el más popular durante su etapa de apariciones televisivas.
 
Popular, sí, pero no por sus intervenciones en televisión solamente. Fueron muchos los que, desconocedores hasta entonces de lo que significaba defender a la Naturaleza, se incorporaron a esa especie de movimiento que Félix creó para la concienciación ecológica de un país.
 
El mismo impulso que, instintivamente, nació en Rodríguez de la Fuente cuando, de niño, en su pueblo burgalés de nacimiento, observó la caza llevada a cabo por un halcón y que le inició en su pasión por la cetrería. Una afición que se convirtió en razón de vivir y que el propio Félix calificó como arte ya que la consideraba muy por encima de una modalidad de caza, al ejercerse con animales procedentes de la propia evolución natural: halcones, azores o águilas.
 
Antes de dedicarse con toda su pasión a la actividad ecológica, Rodríguez de la Fuente ejerció la odontología, ya que su padre le inculcó para estudiar medicina. Pero la naturaleza se impuso en sus preferencias. La televisión fue el espaldarazo para su popularidad. Vehemente y apasionado en sus pronunciaciones, porque estaba convencido de lo que hacía y decía. Y consciente de su propósito para que todos los habitantes de su país respetaran y amaran la fauna y la flora.
 
Su estilo de presentar y su dialéctica captaron millones de espectadores para su ‘Fauna’, ‘Planeta azul’, o ‘El hombre y la tierra’. Programas televisivos para los que no hubo diferencias de edades. A mayores y pequeños interesaban por igual.
 
En ellos vimos, entre otros muchos aspectos curiosos o científicos, cómo el propio Rodríguez de la Fuente se erigió como ‘lider’ de una manada de lobos ibéricos con los que convivió logrando que le aceptaran y que sirvió para que el naturalista estudiara de cerca el comportamiento de estos temidos animales, consiguiendo que se establecieran normas conservacionistas para ellos, lo que supuso el salvamento para una especie amenazada de extinción. Similares defensas para su conservación se han promulgado desde entonces para osos ibéricos, linces, águilas reales, águilas imperiales… La repercusión del trabajo realizado por Félix Rodríguez de la Fuente alcanza a los cinco continentes. Y aún hoy, a casi tres décadas de su desaparición, el impacto continúa vivo y las tareas se mantienen desde la Fundación que lleva el nombre de naturalista.
 
Se despertaron conciencias hasta entonces dormidas con respecto a la naturaleza, pero algunos se pasaron en sus pretensiones defensoras impidiendo el desarrollo social, no menos importante que el ecológico. Cuántos proyectos de carreteras se han visto imposibilitados de desarrollar por el impedimento ecologista. Ecologismo sandía, por supuesto. Verde por fuera y rojo por dentro que es el que verdaderamente lo mueve. Hace menos de una semana tuve que desplazarme hasta San Martín de Valdeiglesias (70 km), por su autovía recién estrenada. Sin darme cuenta aparecí en la localidad. El mismo camino tantas veces hecho con anterioridad a la nueva vía de comunicación. Entonces con numerosas curvas y estrecheces, origen de multitud de accidentes, muchos de ellos mortales. Los ecologistas se opusieron a la construcción de la nueva en base a no sé cuántos argumentos ecológicos. Menos mal que no lo consiguieron. En estos días, precisamente, veo otra nota en la prensa donde se recoge que ‘tres colonias de topillos corren peligro por el cierre de la M-50. Pues si ganan ellos, miles de madrileños, diariamente, tendrán que emplear mucho más tiempo en su recorrido porque el trayecto circular no podrá cerrarse conforme a lo previsto. Antes fue una colonia de mariposas en la carretera de Andalucía la que obligó a una desviación. Así todos los días, pero ninguno de los ecologistas ‘de oído’ y conveniencia, más que de convicción y compromiso, coge a los topillos en una cesta y se los lleva a su casa.
 
Resulta también que la semana pasada estuvo dedicada, en Europa, al tiburón. Por si no lo saben, y según veo publicado, el tiburón es muy vulnerable y precisa de protección. Haber puesto la celebración de esta semana en verano y así, al bañarnos en las playas, podríamos lanzar bocadillos al mar, compartirlos con los tiburones que, lógicamente, se acercarían y enseñar a nuestros nietos a jugar con ellos por aquello de que no se aburran. Los tiburones, claro.
 
Hace unos días, en un parque madrileño, un perro debidamente acompañado de su propietario, comió una galleta del suelo. Resultó no ser tal, al menos de las que a algún niño se le podía haber caído, sino de droga, abandonada por algún narcotraficante que en un momento dado se encontró en apuros. He escuchado muchos lamentos por el perro -a los que me uno- pero ninguna voz exigiendo más vigilancia policial y contundencia judicial con los traficantes de droga.
 
Recientemente, también, una osa ha herido a un hombre en no sé dónde, creo que en Lérida -perdón, Lleida- y se ha provocado la discrepancia sobre si se debe proteger la existencia libre de estos animales o no. El hombre… bueno, tiene heridas que se curarán.


Otro oso ha sido atropellado en la A-6 y como consecuencia de ello muerto, en León. El conductor del camión no consideró, supongo, el ceda el paso a los osos en las autopistas. A partir de ahora imagino que lo convertirán en señal de tráfico.
 
En días cercanos, dos jabalíes abandonaron su hábitat y se introdujeron en la autopista de La Coruña -perdón, A Coruña-, en las proximidades de Madrid y en plena hora punta. Además del formidable atasco que se formó, muy por encima del habitual, un automovilista tuvo la mala fortuna de atropellar a uno de ellos y matarlo; al otro animal, mimosamente capturado, le trasladaron al monte del que procedía. No tengo más noticias del caso, pero, supongo que al conductor homicida los ecologistas le fusilarían al amanecer. Esos ecologistas que exigen leyes de protección para los animales, pero que no lo hacen para exigir las que defiendan la vida de los seres humanos víctimas de abortos. Por ejemplo.

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