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Cabecera Me Viene A La Memoria

ADIÓS A LA REINA DEL BOLERO

Existen géneros musicales donde la voz es imprescindible; voz poderosa, bien timbrada, educada académicamente y manejada por su propietario con talento artístico. Así lo requieren la ópera, la zarzuela o la opereta y no siempre ya que una voz poco voluminosa adecuadamente trabajada, muchas veces es suficiente. Más allá de la lírica existen otros muchos géneros y estilos donde la voz, con características especiales, no es imprescindible. Lo es, eso sí, que a través de ella se interprete, se dé valor a una letra y se transmita arte al público que la escucha. Voces aptas para baladas, para boleros, para tangos… donde más importante que lo “que se dice” es “cómo se dice”. Si en el primer caso no es fácil acceder al mundo de las voces privilegiadas, mucho menos lo es el segundo caso. Muchos son los que se dedican al mundo de la canción, de la canción ligera, pero muy pocos los capacitados para ejecutarla con su voz y con la sensibilidad requerida en cada ocasión y en cada estilo. Menos, aún, cuando se supera una situación temporal de éxito y éste perdura a lo largo de los años y de la vida de su propietario. Como ha ocurrido con algunos nombres que no es momento de relacionar, pero entre los que se encuentra el de la cubana Olga Guillot, fallecida hace tres días en Miami, donde residía.


Los que militamos en el panorama de Mayormente hablamos con frecuencia del rock que, junto a otros estilos musicales, afloraron y corrieron paralelos a nuestra juventud y a nuestras vidas. Por su carácter dinámico es por lo que lo relacionamos casi siempre con un periodo de la edad, olvidando otro género que también proliferó a su vez, sólo con un leve adelanto, aunque con menos fuerza por las latitudes españolas que por las de Latinoamérica. Hablo del bolero. Los Panchos, sin ir más lejos, se forman en 1944 mientras que Esvis Presley hace su primera actuación en público en 1945 y graba su primer disco en 1954. No hay, por tanto, apenas diferencia en el tiempo entre el rock y el bolero en su época de mayor esplendor, aunque éste a muchos les parezca como algo trasnochado. Una de estas semanas dedicaré un post al bolero.


A quien hoy se lo dedico, dada la circunstancia de su fallecimiento, es a Olga Guillot, la “reina del bolero”. Así es como se la conoce en todo el mundo, sea cual sea el idioma de cada país. Ella, con la también desaparecida Celia Cruz (fue tal día como hoy, 16 de julio, de hace siete años y también en los Estados Unidos), eran las artistas más internacionales de Cuba. Claro que lo de internacionalidad y la fama no es algo que importe demasiado en la isla caribeña donde interesa más el sumiso –sí, wana; sí, señooo– que el que expone su crítica aun a costa de su propia integridad física y su libertad. Ni una ni otra –ni Olga Guillot ni Celia Cruz– aceptaron doblar la cerviz más que para agradecer el aplauso del público y considerándose tan cubanas como el que más y orgullosas de serlo, un buen día cogieron la maleta y se marcharon cerrando la puerta por fuera. Que, por cierto, es lo que debe hacerse cuando no se está conforme con una determinada situación. Una y otra fueron rotundas: Hasta aquí ha llegado la paciencia, ahí te quedas comandante, queremos ser libres ¡”Se acabó”! Y no volvieron a Cuba desde su anticastrismo beligerante y sin concesiones.


http://www.youtube.com/watch?v=bD_EJC2iOuA 


Este tema también lo grabó Olga Guillot, en una versión desgarrada, como no podía ser menos dados los dos caracteres, con Lola Flores. Tanto Olga como Celia, prácticamente contemporáneas, se caracterizaron, como Lola, por la fuerza de su carácter tanto en sus vidas como en los escenarios. A ellos llegó nuestra protagonista de hoy, de la mano de su hermana María Luisa formando el dúo Hermanitas Guillot debido a la corta edad de ambas, que alcanzó cierta popularidad desde sus actuaciones en la radio. Inmediatamente se preocupó de recibir una cierta preparación musical que la llevó a integrase, con 18 años, en el cuarteto Siboney que dirigía la pianista y compositora, igualmente cubana, Isolina Carrillo, la autora del tema que, otro cubano, Antonio Machín, popularizó en España: “Dos gardenias”.


http://www.youtube.com/watch?v=OPq2ye7hJQg&feature=related


Fue, sin embargo, otro de los componentes del grupo, el pianista Facundo Rivero, quien descubrió las posibilidades artísticas de Olga como solista consiguiendo que debutara en un local de La Habana allá por 1945. Nunca he comprendido la razón por la que tantos y tantos nombres de la música latinoamericana son desconocidos en España, aunque en muchos casos se conozcan sus canciones. Conocemos temas y artistas de otras latitudes y no ocurre lo mismo con la música expresada en un mismo idioma, aunque los ritmos sean distintos a los habituales de acá. Ya digo, por ser amante de ese tipo de música, que no he entendido nunca las razones de la distancia musical que tantas veces se produce entre los dos lados del Atlántico. Allí empezaron los éxitos de Olga Guillot cuyo primer acercamiento al mundo del microsurco no fue, precisamente, con un bolero sino con el tema tantas veces escuchado -de ahí que se le brindara la oportunidad de hacer una nueva versión- como era “Stormy Weather” de la que Frank Sinatra realizó una de las mejores.


http://www.youtube.com/watch?v=vO2OMqP39B0    


A partir de aquel momento su especialidad fueron los boleros y con ellos cosechó innumerables éxitos popularizándose ella como cantante y popularizando infinidad de títulos como “La gloria eres tú”, “Miénteme”, “Contigo en la distancia” (que aquí se escucharía principalmente en la versión de Lucho Gatica), “La noche eres tú”, “Tú me acostumbraste”…  


http://www.youtube.com/watch?v=_k-WJS-7dXI&feature=related  


“El bolero es mi escuela, mi género, mi estilo; es poesía y existirá mientras haya poetas” manifestaba la cantante cargada de razón como lo demuestra su supervivencia entre las muchas formas musicales y hasta su auge. Toda la trama ambiental de ellos, con amores, engaños, mentiras, celos, la expresó Olga Guillot con sensualidad y dramatismo, según las exigencias de cada letra, arrastrando al público a participar y compartir sus sensaciones y consiguiendo que éste la premiara con el aplauso sincero. Del mismo modo que ella se entregó sin mentira alguna, aunque alguna de sus letras, la más emblemática quizá de su repertorio, la mencione. Cosas de los letristas.


http://www.youtube.com/watch?v=Z35VFdxJV6I  


Sus boleros llegaron al cine, utilizados en unas ocasiones a lo largo de su historia como aportación musical a algunas bandas sonoras, y en otras defendidos por ella misma que participó en 16 películas. Del mismo modo que participó en la difusión de determinados temas que con su forma de interpretarlos alcanzaron el éxito compartido con el de sus propios autores. Es el caso de “Adoro” que igual popularidad alcanzó en la versión de Armando Manzanero, su autor, como en la de ella. Me atrevería a decir que según y dónde, la suya tuvo cotas de superación sobre la otra a través de su voz cálida y su talento creativo que hizo del romanticismo todo un mundo.


http://www.youtube.com/watch?v=FpWq7NOh7KM    


Tras su decisión, en 1961, de abandonar Cuba se trasladó a Venezuela y posteriormente a México donde instaló su residencia definitivamente aunque alternándola con Miami. Fue una etapa llena de sinsabores y problemas con la Revolución Cubana, pero también de recogida de aplausos y sucesión de contratos tanto en Latinoamérica como en Europa. En 1964, reconocida y  premiada en los Estados Unidos, se presentó en el Carnegie Hall en un concierto memorable que los anales de la música conservan en su memoria. Fue la primera artista de habla hispana en actuar en el prestigioso teatro y de aquella época  procede uno de sus mayores éxitos: “Voy”.


http://www.youtube.com/watch?v=JzL11LSLVJI&feature=related  


Con su forma de cantar imprimió clasicismo al bolero llevándola al trono de quienes ejercen en este estilo musical. Fue galardonada sin cesar en el mundo de libertades que ella eligió y sus paisanos, aún sin poder disfrutar de su presencia física, se entregaron igualmente a su arte. Vendió sus discos por millones lo que supuso el que se le concedieran galardones de oro, de platino y hasta de diamante. Toda una institución en la canción popular una Olga Guillot que, a sus 87 años, y sin haber abandonado totalmente su profesión aunque algo alejada de ella en los dos últimos decenios, nos ha dejado porque así lo ha determinado un infarto del corazón; ese corazón que tanto juego dio en las letras de sus canciones, porque es el que mueve el mundo. Como todos los grandes y más con la garantía que representan las grabaciones discográficas, Olga Guillot “Sigue viva” y lo seguirá por siempre para quienes sentimos y amamos el bolero.


http://www.youtube.com/watch?v=gv7eH0nJiUU&feature=related

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