Aquí, en este blog, se habla de momentos que hemos vivido hace tiempo los que ya hemos cumplido una cierta edad, la que nos da oportunidad de pertenecer al gran grupo de Mayormente. Lo digo porque de eso va el tema de hoy, de recuerdos de una época, de otra época sobre la que cada uno tendrá su propia opinión pero que para nada se refiere en este post a ningún de tipo de pensamiento ni ideología, aunque muchos vean, o quieran ver en ello, razones que no se dan y que se relacionan con la política. La política para los políticos, que de ella viven y no parece que mal.
El tema es de cantes y bailes porque me voy a referir a los Coros y Danzas de España a los que en tantas ocasiones, voluntariamente unas veces o casi obligados en otras, tuvimos ocasión de contemplar. Digo casi obligados porque en más de una ocasión sus actuaciones constituyeron el programa con que nos amenizó Televisión Española, sin que a los no aficionados a estos géneros musicales se les diera oportunidad de ver otra cosa. Para empezar, sólo había una cadena. O lo tomabas o lo dejabas. Y la entrega sumisa al aparato de televisión, el gran atractivo de la época, era casi enfermiza. Todo un acontecimiento para aquellos hogares que, hasta entonces, únicamente habían disfrutado como único entretenimiento de un mediocre aparato de radio donde las radionovelas y concursos acaparaban toda la programación. La información –el parte– era la misma para todas las emisoras y todos los oyentes.
Estaba hablando de los Coros y Danzas que, como todas las cosas de la Historia, existir existieron. A unos les parecería bien y a otros no tanto. A mí, con permiso, me trae sin cuidado que el origen de su creación partiera de ideas políticas; no tengo ni la menor idea sobre la ideología de los contantes de ópera y escucho a todos aquellos que me interesan, sin preocuparme por su filiación en este o en aquel partido. No creo, tampoco, que se hiciera una ficha ideológica de quienes conformaban estos grupos folclóricos. Era suficiente con que supieran cantar y bailar. Y eso lo hacían bien. Pues vale.
Hasta el momento de su creación, al final de los 30, el folklore era algo a lo que sólo alcanzaban las personas de cierta edad para quienes, a su vez, sólo formaba parte del recuerdo. A partir de los Coros y Danzas, un equipo de investigación fue recopilando información y formando grupos que renovaran la tradición de sus abuelos, con la gran variación que aporta cada uno de los rincones de nuestra geografía en sus costumbres. Hasta el punto de que no puede hablarse de folklore (¿o debe escribirse con ‘c’ no sé) nacional dada la diversidad existente. La enorme diversidad. Jotas, isas, rondeñas, seguidillas, sardanas, zortzicos, malagueñas; desde el desgarrado flamenco de Cádiz a la suave melancolía de la gaita gallega. Desde la tenora solista de las coblas catalanas al chistu vascuence.
Los vi actuar en infinidad de ocasiones atraído por lo que representaban: las raíces de nuestro pueblo a través de la música, del folklore. La expresión del concepto sobre las danzas y cantos regionales convertidos en nacionales, como vehículo de comunicación. Guitarras, bandurrias, laúdes, dulzainas, tamboriles, castañuelas, toda la gama de instrumentos populares reaparecieron para sonoridad de estos grupos que llevaron las raíces de un pueblo común y de los pueblos a los que representaban, por todo el territorio hispano y aún más allá de sus fronteras. Concretamente Latinoamérica fue testigo de muchas de estas actuaciones. Aquellos viajes también dieron pie a literatura y cine. Es el caso del periodista Rafael García Serrano (su hijo, hoy, continúa la profesión paterna) que, siguiendo como cronista a un grupo de Coros y Danzas, no sólo obtuvo material para escribir ‘Bailando hasta la Cruz del Sur’, que posteriormente se transformaría en película, sino que conoció a la mallorquina Araceli que se convertiría en su esposa. Otras parejas surgirían igualmente en aquellos grupos de arte y convivencia, supongo, aunque no sea el caso que nos ocupa.
Y algo, además de la música y las letras, se recuperó: los trajes regionales con todo su lujo y esplendor si lo había o solo con su origen modesto de los hombres del campo si era el caso. El trabajo de artesanía pasado de padres a hijos.
Aquellos grupos han desaparecido aunque, afortunadamente, distintas Escuelas y Patronatos provinciales y locales (muchas veces con verdaderos especialistas al frente como es el caso de Joaquín Díaz), han tomado el relevo para el mantenimiento y recuperación de uno de nuestros mayores tesoros: el folklore. La tarea la iniciaron los Coros y Danzas de España y por lo menos, mi reconocimiento que conste.












