No os despiste el título del post, porque hay quienes llevan cincuenta, quienes llevan más y quienes llevan menos. Depende de cuando se les haya presentado la ocasión de ‘chupar’. Pero la cosa no va de ‘chupar del bote’ que, además no habría espacio suficiente en este post.
En la década de los setenta se popularizó una serie policiaca de televisión, popularizada por el actor Teddy Savalas, titulada Kojak. Las aventuras de su protagonista, en cualquiera de los capítulos, es lógico que no se mantengan en la memoria de nadie pero sí la imagen del teniente que encarnaba el actor de origen griego. De fuerte corpulencia, completamente calvo, con gafas oscuras y saboreando continuamente un chupa chups. Se mostraba tan ‘duro’ como cualquier otro policía cinematográfico, pero sin la necesidad de apoyarse, como hicieron otros tantas y tantas veces hasta entonces, en el socorrido cigarrillo. ¿Alguien puede imaginar a Humphrey Bogart sin un cigarrillo entre los labios? En su momento el cigarrillo era indispensable para impresionar, tanto al ‘malo’ de la película como para enamorar a la ‘chica’. Seguramente fue la razón por la que muchos empezamos a fumar: había que aparentar ante las chicas lo mismo que ellas admiraban en la pantalla. Kojak prescindió del insano cigarrillo y se mostró gran consumidor de chupa chups. Y también triunfó con lo que se demuestra que la nicotina no era imprescindible. Yo creo que es a partir de entonces cuando se inicia la persecución a los fumadores que, una cosa es que se advierta sobre lo nocivo de fumar y otra que se te incluya en una clasificación similar a como se consideraba a los antiguos leprosos. Incluso existen lazaretos donde se arrincona a los fumadores para que no contaminen, cosa que no existe para violadores, pederastas, asesinos, maltratadores, ladrones ni políticos corruptos. También es verdad que haría falta mucho espacio para alojarlos y está muy caro el metro cuadrado de terreno edificable.
Teddy Savalas popularizó así a su personaje, pero no es el único famoso adicto al caramelo con palo. En su casa no sé cuántos se endulzarán la vida con esta golosina, pero públicamente se han visto y se ven multitud de actores, modelos, toreros, deportistas, cantantes, populares en general, que no dudan en mostrarse metiendo y sacando de su boca, ayudados por el palo que lo sujeta, el dulce chupetín. Seguro que todos recordáis en semejante actitud a Johan Cruyff y a Rivaldo, a Harrison Ford, a Esther Cañadas (supongo que los labios no se le han puesto así de comer chupa chups), a Oscar Higares, a las Spice Girls o a Madonna. Y a muchos más. Porque el chupa chups no es únicamente cosa de críos, también de adultos. Resulta ser un recurso que se puede comprobar en los ambientes de jóvenes donde alternan los que fuman y los que no.
Seguramente no se esperaba semejante éxito el catalán Enric Bernat, cuando en 1958 sacó al mercado su creación: un caramelo con un palo que evitaba el mancharse las manos si, como es tan frecuente en la infancia, deseaban sacarlo de la boca. Algo sencillo.
No han sido necesarios los cincuenta años transcurridos desde entonces ya que, desde el primer momento, el chupa chups se implantó entre los pequeños y adultos. No sólo en España, cuya nacionalidad ostenta aunque la propiedad de la marca haya sido adquirida por una empresa extranjera, sino en el mundo entero. Precisamente para su proyección en el exterior la empresa inicial encargó el diseño a Dalí, cosa que hizo el pintor de Cadaqués por una considerable cantidad. Cantidad importante también era la de su precio inicial ya que, en aquel año de 1958, se vendía a una peseta, precio más que respetable para una chuchería.
Pero con el precio de entonces y con el de ahora (que lo ignoro porque no soy consumidor de dulces ni en el presente, ni de pequeño) la producción alcanza las 17.000 toneladas al año. Comprobad el peso de cada unidad, dividid y saldrá el número de unidades, pero ya lo adelanto: una barbaridad. Además, la producción ya no se reduce a los siete sabores con que inició su andadura, sino que supera los cincuenta entre ellos los tan exóticos de cola, sandía, kiwi, cereza, dátil, fresas con nata.. y hasta combinaciones entre algunos de ellos como en los establecimientos de helados.
Un invento español que cincuenta años después de su nacimiento, como todos los grandes descubrimientos, ya pertenece al mundo entero.












