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DOS SIGLOS DE COPLAS

La tierra de Argentina conserva los restos de dos figuras de la copla española, dos artistas que en su tiempo lo fueron todo; que, como diría Manuel Machado, ‘todo lo ganaron y todo lo perdieron’, aunque para volver a ganarlo y volverlo a perder.
 
Entre estas dos figuras de la copla suman doscientos años, cien cada uno de ellos ya que ambos nacieron en 1908. Ahora cumplirían su centenario. Son Miguel de Molina y Angelillo. Sus canciones suenan en nuestros oídos, pero sobre todo suenan en nuestro interior como reflejo/recuerdo de una época a la que los mayornautas no hemos sido ajenos. Años 40, 50, 60…
 
Era el momento en que la copla triunfaba en nuestro país a través de la radio y de las actuaciones en directo en teatros y salas de fiestas. Pero la copla no había nacido con el régimen de entonces como muchas veces se trata de hacer ver para denostarla. La copla surgió y se popularizó en los años 20, durante de la dictadura de Primo de Rivera y antes de la II República. Durante ésta alcanzó toda su popularidad Estrellita Castro que grabó ‘Mi jaca’ en 1931. Fueron, también los 30, los de mayor apogeo para los artistas que han forjado la historia de la copla. Entre ellos los dos centenarios a los que hoy me refiero: Miguel de Molina y Angelillo. Los dos nacidos en el mismo año, los dos triunfadores en el género de la copla, los dos republicanos, los dos exiliados, los dos enterrados en Argentina.
 
La guerra civil española, tan llena de tragedias humanas, también afectó, en la parte social, al ocio, con limitaciones en unos casos e imposiciones en otras. A la música, por ejemplo, puro entretenimiento, donde se demostró la similitud de sensibilidades entre hermanos ya que, mientras Conchita Piquer cantaba ‘Ojos negros’ desde el bando nacional, Miguel de Molina lo hacía desde el republicano. En la posguerra la situación favoreció a la copla ya que el aislamiento de España supuso la falta de importaciones de todo tipo, por lo que lo autóctono se mantuvo y se impulsó.


Miguel de Molina, por sus ideas políticas y su homosexualidad nunca ocultada y menos acomodaticio que otros ante las directrices del mando, se vio apartado al exilio. Voluntario, pero exilio. Triunfó sobre todo en Argentina, gracias al apoyo de Eva Perón, pero también hasta allí llegó la persecución emprendida contra él. No hay aquí sitio suficiente para exponer todo lo padecido por el artista malagueño a causa de una persecución personal, más que política. Hay mucha información al respecto que podéis consultar. Algo que se le parece, una aproximación biográfíca,  lo tenemos en la película ‘Las cosas del querer’ que interpretaron Manuel Bandera y Ángela Molina.


De sobra nos resultan conocidas muchas de sus canciones que han pasado a incorporar el repertorio de otros/as artistas de su género: ‘El día que nací yo’, ‘Triniá’, ‘Te lo juro yo’, ‘La bien pagá’ y ‘Ojos verdes”. El último, probablemente, en incluir estos temas entre sus interpretaciones ha sido el desaparecido Carlos Cano, gran enamorado de la copla. En 1957 Miguel de Molina regresó a España, realizó varias actuaciones y tuvo numerosas e importantes ofertas, pero prefirió, por gratitud, regresar a Argentina donde siguió trabajando hasta 1966 en que se retiró. En 1992, un año antes de su muerte, le fue otorgada desde España la Orden de Isabel la Católica reconociendo su contribución personal al mundo del arte en España. 
 
No sé por qué pero Angelillo nos resulta más cercano. Seguramente por sus películas. Las imágenes puede que estén mejor grabadas en nuestra mente que las canciones. Como en el caso anterior, Angelillo también procedía de una familia humilde, en este caso madrileña, del barrio de Vallecas. Antes de cumplir el servicio militar ya era famoso tanto en España como en Hispanoamérica.
 
Sin embargo, el Angelillo que nosotros conocemos es más reciente ya que, en 1936, sus ideas políticas le llevaron a abandonar España  de la que estuvo ausente durante 18 años. A su regreso, en 1954, presentó la película ‘Suspiros de Triana’ y protagonizó el espectáculo “Romance de Juan Clavel’ junto a Marisol Reyes (la de ‘A los pies de la Paloma’ o ‘Barquerito de Lora’, ¿recordáis?, no faltaba en ninguna ‘peticiones del oyente’). A partir de entonces fue un ir y venir de América a España donde montó espectáculos con Juanito Valderrama y Dolores Abril, con Pedrito Rico, con Rafael Farina…
 
¿Hay alguien que no conozca todo o al menos parte de su repertorio?. Muchas de sus canciones continúan vivas: ‘Dos cruces’, ‘Camino verde’, ‘Chiclanera’, ‘Tengo una hermanita chica’, ‘La hija de Juan Simón’, ‘Soy un pobre presidiario’… Y en cine, recientemente se llevó a cavo una revisión de sus películas:  ‘El negro que tenía el alma blanca’, ‘Centinela alerta’, ‘Tremolina’…
 
Angelillo cantó de todo, dentro de su estilo, pero, ahora que tan de moda está la fusión en las formas musicales o el mestizaje, podríamos decir que por su alternancia hispanoamericana fue él quien la introdujo en sus canciones. O en la forma de decirlas, con aires de ida y vuelta tan frecuentes en cantes como las colombianas o las milongas.
 
Murió en 1973 en el quirófano donde se sometía a una intervención de úlcera de estómago, a causa de un fallo en el suministro eléctrico. Ocurrió en Buenos Aires donde sus restos reposan igual que los de Miguel de Molina que vio la luz el mismo año que él, ejerció su misma profesión, fue igualmente popular y famoso y tuvo los mismos pensamientos políticos. Entre los dos acumulan dos siglos de copla. De la mejor copla.

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