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Cabecera Me Viene A La Memoria

EL CASO

Ponerse ante el televisor es enfrentarse, bazofias y cotilleos aparte, a una serie de sucesos que llevan a pensar que lo trágico es lo único que ocurre en este país. Esas tragedias, de las que constantemente se nos da cumplida cuenta, unidas a las ocasionadas desde el comportamiento político, han convertido a la nación en ‘El caso’. Es la expresión utilizada habitual y coloquialmente, cuando lo que se nos narra encierra un carácter pesimista, o truculento, o próximo a la tragedia, cuando no la tragedia misma.
 
El ‘Telediario’ de cualquier cadena ocupa gran parte de su tiempo en  detallarnos un accidente de tráfico con víctimas, en describir el asesinato de una mujer a manos de su pareja (algunas veces de un hombre), en el abandono de un recién nacido, en las consecuencias de un terremoto, en las de un atentado o un acto terrorista.
 
Al día siguiente todo se repite. Varían los nombres de las víctimas, pero los hechos no se diferencian demasiado de los día anterior. Por supuesto, adornando siempre la noticia, con las declaraciones de alguien que “no lo presencié exactamente, pero escuche un ruido tremendo…”, “era una persona muy buena; yo apenas la conocía porque vivo en la otra escalera, pero…, “yo no digo que nadie se merezca una cosa así, pero es que, vamos, ya se sabía qué…”  Nadie tiene ni idea de nada, porque estas cosas no suelen llevarse a cabo con anuncio previo, pero todos opinan. La cosa es salir en la tele (‘¿a qué hora lo dan’? y poderlo anunciar a toda la familia y amistades: ‘esta noche voy a salir en la tele… no, por uno que han matado cerca de casa, o se ha muerto, o se ha tirado por el balcón, no lo sé’) y los de la tele tienen más fácil el cubrir un espacio de tiempo con estas declaraciones y estas informaciones que convierten la programación, como digo, en “El caso”. Salvando las diferencia, porque en “El Caso” se trabajaba con más rigor informativo.
 
‘El Caso’, sobre todo para quienes leen este blog desde otras latitudes, fue una publicación española que estuvo en el mercado desde principios de los 50 hasta entrados los 80. Su contenido era tremebundo, constaba únicamente de sucesos: atracos, asesinatos, violaciones, suicidios, secuestros… El público lector, ávido de morbo (las cosas no varían), compartía su lectura con la que proporcionaban otras publicaciones dedicadas al ‘artisteo’. Con las bodas de Carmen Sevilla, las separaciones de Marujita Díaz o la descendencia de Lola Flores. Pero ganaba ‘El Caso’. Lo prueba que comenzó con una tirada de 100.000 ejemplares y llegó a alcanzar los500.000.
 
Todo un éxito debido al impulso del periodista Eugenio Suárez, editor a su vez de ‘Sábado Gráfico’ y unas cuantas cabeceras más dedicadas al cine y la velocidad, entre otros temas. Eugenio, por entonces un hombre de izquierdas, se mostraba, desde el cúmulo al que estaba ascendido por sus éxitos editoriales, como un hombre seguro de sí mismo. De porte arrogante, pero no insultante, y de decisiones rápidas, pero buen conversador. Estaba, en su despacho entre Bilbao y Alonso Martínez, más que admirado, adulado por una panda que también se llamaban de izquierdas, cuya única pretensión, casi generalizada, era medrar a su lado especulando con un inmediato cambio político. La revista y los contactos del editor podían ser útiles como trampolín.
 
Lo que son las cosas; razones particulares con relaciones matrimoniales rotas de por medio, llevaron al fin el imperio periodístico de Eugenio Suárez y aquellos casos tantas veces aparecidos en ‘El Caso’ le tocó vivirlos a él. Y sin Margarita Landi para escribirlos. ¿Os acordáis de ella? Aquella periodista especializada en sucesos y, por tanto, redactora de ‘El Caso’. Rubia, supongo que teñida, conductora de un descapotable, fumadora de pipa, como Sherlock Holmes, sabuesa como él en busca del delito, Margarita Landi era una institución en aquella publicación. Eran los tiempos en que accedías a la redacción de un periódico por la puerta de la sección de sucesos. En ella se practicaba la profesionalidad antes de ser aplicada a alguna otra especialidad informativa. Te servía para ‘hacer calle’. Margarita Landi, estuvo siempre en esa especialidad y todavía la desarrolló algo tras la desaparición de ‘El Caso’.
 
También su creador, Eugenio Suárez, volvió a la pluma (llámese máquina de escribir u ordenador) para ganarse la vida y a sus cerca de noventa años se ve su firma en algún periódico. También ha probado suerte en el formato libro y ahí están sus memorias en las que, de alguna manera, desde su perspectiva, muestra, junto a los éxitos, las desilusiones que la vida le han proporcionado. Se titulan ‘Memorias de un antifranquista arrepentido’. El título es lo suficientemente elocuente.

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