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Cabecera Me Viene A La Memoria

ÉL SIGUE SIENDO AQUÉL

Hace cincuenta años muchos de los que ahora estamos en Mayormente nos dedicábamos a protestar, cuando menos nos iniciábamos en la protesta. Era la moda y por ella nos dejábamos llevar, que es lo que tienen las modas. A la vez que nosotros, pero con música, lo hacían algunos cantantes a través de la canción protesta. Con ella, lograron fama y dinero hasta convertirse en los empresarios que hoy son algunos de ellos en contradicción a mucho de por lo que protestaron. Por nuestro parte veíamos en las letras de sus canciones todo un aire de libertades y comprábamos sus discos y las entradas para sus espectáculos. Por la de ellos, venga a protestar y a cobrar dividendos con el deseo, supongo, de que la situación no acabara porque se acababa el momio para sus respectivas cuentas corrientes. Joan Manuel Serrat, Francesc Pi de la Serra, Lluis Llach, Raimon, Jaume Sisa, María del Mar Bonet, Ovidi Montllor, Luis Eduardo Aute, Pablo Guerrero, Paco Ibáñez, José Antonio Labordeta, Patxi Andión… Algo más tarde Elisa Serna, Luis Pastor o Marina Rosell… Sus canciones eran, habitualmente, críticas sociales y políticas y con esos argumentos han ido sucediéndose sus años en la profesión a pesar de las evoluciones sucedidas en el país que, aunque reclamadas a través de tantas canciones, ponerles letra y cantarlas no sería rentable. Es más rentable protestar. Nosotros, sin cantar, también ejercíamos nuestras protestas que, ahora, al llegar a nuestra edad, seguimos reivindicando. Pero ahora, sin instigadores de por medio. Ahora sí sabemos por que protestamos. Sin que nadie nos tenga que aconsejar, que nos hemos hecho mayores y pensamos.
 
Sin embargo, no toda la música era protesta. Había quien hacía música como la de siempre, aunue con los ritmos del momento superadas ya las épocas del tango, el chachachá y el bolero. Con temas amorosos, con otros de desamor, de nostalgias, de promesas, de aspiraciones, de sueños… los temas poéticos de siempre con música. O sea, canciones. Sin protestar de nada.
 
En el comienzo de los años 60, entre quienes adoptaron ese estilo surgió un joven de la jienense Linares llamado Rafael Martos, aunque inspirado en la PH de su casa discográfica -Philips- optó por anuncirse como Raphael. Todavía no se ha cumplido el medio siglo de aquel primer momento, pero el artista -añadiéndose tiempo de profesión- ya ha iniciado los acontecimientos con los que celebrará sus bodas de oro con la música. ‘El Niño’, como pasó a conocérsele desde entonces, debido a sus diecisiete años, no tardó apenas en ser admitido y reconocido por el público. Su forma de cantar era grandilocuente de expresión, exagerada de gesto, pero distinta a todo lo que había en aquel momento. Su originalidad y su gran voz no tardaron en arraigar y sus canciones pronto fueron tarareadas a la vez que proliferaron por todo el mundo sus clubs de fans. Porque Raphael no se limitó a España. Hispanoamérica y el mundo entero le aclamaron como artista. Y le siguen aclamando porque el Raphael de hoy sigue siendo el de ayer. ‘Él sigue siendo aquél’.
 
El cine no podía ser ajeno a tanta popularidad y no tardó en ofrecerle la posibilidad de actuar ante las cámaras. Primero fue una breve aparición en ‘Las gemelas’ donde interpretó dos temas y en 1966 el director Mario Camus le brindó la oportunidad de protagonizar ‘Cuando tú no estás’. Al éxito conseguido le siguieron otros siete títulos: ‘Al ponerse el sol’, ‘Digan lo que digan’, ‘El golfo’, ‘El ángel’, ‘Sin un adiós’, ‘Volveré a nacer’ y ‘Ritmo, amor y primavera’, una producción argentina donde sólo participó en una escena cantando el tema ‘Gracias’. En las restantes, el repertorio que popularizó a través de actuaciones en directo, en televisión y en radio. Títulos como ‘Yo soy aquél’, ‘Cuando tú no estás’, ‘Digan lo que digan’, ‘Amor mío’, ‘Qué sabe nadie’, ‘Llevan’, ‘Escándalo’, ‘Mi gran noche’… debidos en gran parte a la inspiración del músico Manuel Alejandro junto al que ha desarrollado gran parte de su carrera. Títulos que se escuchan sin necesidad de recurrir a ningún archivo sonoro histórico. Pertenecen al hoy y para nadie son desconocidos. Con ellos ha obtenido infinidad de éxitos de ventas -que se traducen en millones de ejemplares- que le han supuesto, a su vez, infinidad de premios. Quizá el más representativo sea el Disco de Uranio, ya que es el único artista de habla española que lo posee.
 
Esta misma semana, Raphael, aquel niño -como ‘el Niño’ se le identifica todavía en muchas ocasiones aunque ya se ha convertido, como nosotros, en abuelo- al que se le despertó la vocación de cantante en la escolanía del colegio en que estudiaba, ha presentado un nuevo disco. Lo hizo en un concierto que se prolongó durante tres horas, con un público entregado que reclamó constantemente nuevas interpretaciones. Un disco distinto, porque en esta ocasión se ha valido, además, de la colaboración de amigos, cantantes también de éxito, que no han querido estar ausentes en la celebración de este cincuentenario que culminará en el 2010 -la verdadera fecha del 50 aniversario- con una gira mundial. Será todo un esfuerzo físico para el que en estos momentos ya está preparado, tras los problemas de salud que le aquejaron hace pocos años y que pudo superar tras un trasplante de hígado. Incluso ya tiene planes para más tarde, entre ellos un musical. Su buena forma la confirman sus propias palabras: ‘Yo no tengo ni fecha de jubilación de de caducidad. El día que salga a un escenario y no pueda darlo todo, ese día, sin decirlo, me iré de vacaciones muy largas. Ahora no me puedo retirar porque a los tres meses volvería’.
 
Tenemos, por tanto, Raphael para mucho tiempo, afortunadamente, porque añadido a sus ganas de vivir y trabajar se une que Linares, donde nació, se caracteriza por ser una de las poblaciones más longevas del mundo ya que sus habitantes superan en edad la media de España y Europa, igualándose a los japoneses. Según los investigadores debido en gran parte al consumo del aceite de oliva que allí se produce.
 
Un motivo de alegría para sus millones de seguidores en el mundo. También, como es lógico, hay quienes no son partidarios de su estilo pero de Raphael, es unánime al juzgarle, nadie pone en duda su profesionalidad. Algo que no puede decirse de una gran parte de sus compañeros.

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