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Cabecera Me Viene A La Memoria

EL SUEÑO DE LINA

Nací, como era frecuente en aquella época, en la casa paterna, no en un sanatorio como sucede actualmente. La casa estaba (la piqueta municipal ya la ha derruido) en el más castizo de los barrios de Madrid, el de La Latina, que tomó el nombre de aquella preceptora que tuvo Isabel la Católica –Beatriz Galindo- quien por su cultura y conocimiento del latín, en cuya lengua escribió, fue apodada así y posteriormente el barrio en el que vivió adoptó esta denominación. He sido vecino de ese barrio que un día fue ocupado, residencialmente, por los Austrias, como vecinos fueron la mencionada Latina y como lo fue María de los Ángeles López Segovia, una chica menuda, atractiva de cara aunque sin romper los moldes, vivaracha, alegre, con unos ojos capaces de expresar cualquier cosa sin decir nada y simpática, muy simpática. No sé si por la proximidad al domicilio o porque mis padres tuvieran una cierta inclinación al género frívolo teatral, el caso es que desde muy pequeño me convertí en asiduo al teatro. Sobre todo al de La Latina, tan próximo a mi casa. En él debuté como espectador de revistas, cuando todavía iba en brazos, viendo uno de los mayores éxitos del maestro Jacinto Guerrero: “La blanca doble”. De entonces procede mi afición a la escena. Algo similar debió sucederle a mi vecina María Ángeles, bautizados los dos en la misma iglesia, la de San Andrés, que también se entusiasmó con el teatro, pero ella no se quedó en el patio de butacas contemplando el espectáculo sino que decidió subirse al escenario para ser vedette, nada menos, y soñó con que un día aquel teatro tan próximo a su casa, por cuya puerta tenía que pasar casi forzosamente cada vez que salía o entraba de su domicilio, sería suyo y en él representaría muchos papeles cómicos y musicales, que es lo que verdaderamente la atraía. No era dueña de unas piernas kilométricas como las que lucían las demás vedettes, pero no importaba; su aspiración era utilizar su talento y sus facultades artísticas para hacer reír al respetable, hacer que el público que pagara para verla actuar saliera feliz de la sala. Una difícil tarea la que se propuso mi vecina María de los Ángeles que con el tiempo se convertiría en Lina Morgan. No se arredró ante las dificultades a las que habría de enfrentarse en el futuro. “Lo primero para dedicarse al teatro es aprender a hacerlo”, se planteó. Y sin pensárselo dos veces se inscribió, o logró que sus padres la inscribieran, en una academia para recibir lecciones de baile clásico español. Apenas tenía nueve años, pero con las ideas muy claras. Baile en la academia y estudios, al menos los elementales, en un colegio municipal. Un buen día, porque estas cosas siempre ocurren un buen día, el maestro José María Legaza, descubridor de Antonio Molina y autor entre otras muchas canciones de “El agua del avellano” que popularizó el cantante malagueño, decide montar una compañía compuesta por críos y que se denominaría “Los chavalillos de España”. A ella se incorporan muchos nombres que después se harían populares como Manolo Zarzo, el cantaor Naranjito de Triana, Paquito Cano (Locomotoro), el guitarrista Victor Monje “Serranito”, la tonadillera Imperio de Triana, el bailaor Federico Casado “Caracolillo” que contraería matrimonio con Juanita Reina… y mi vecina María de los Ángeles que contaba doce años de edad. Su debut fue en 1949 en el teatro Pérez Galdós, en Canarias. Después varios teatros madrileños y hasta salas de fiestas, como La Parrilla del Rex, previo falseamiento de la documentación por ser menor de edad, donde coincidió con otra principiante que tomaría el mismo camino que ella, con la que el público y los críticos llegarían con el tiempo a establecer comparaciones, aunque dejando a cada a una en su lugar, bien merecido en ambos casos. Era Esperanza Roy. No caben comparaciones entre ellas; cada una tiene su propio estilo y las dos son insuperables e inimitables porque ambas son dueñas de un enorme talento escénico. Que es lo que hace falta para subirse a un escenario y para triunfar.


Como mucho, pueden establecerse diferencias y cada quién escoger como favorita a una de las dos. Lina tiene en su personalidad artística el haber creado un personaje, al igual que Mario Moreno creó a Cantinflas o Charles Chaplin a Charlot. El de Lina, con el que impregna la mayoría de los papeles que le han encomendado, es el de la provinciana sencilla y tierna, de extracción humilde, trabajadora y escasa de cultura, y de manera más acusada sobre todas sus calamidades poco afortunada en el amor, aunque termina por encontrarlo y a la vez hacerlo posible para cuantos la rodean. No difieren mucho unos papeles de otros a pesar de contarse por centenares los que ha interpretado en el teatro en el cine o en la televisión. Pero a todos y en cada momento les ha aplicado su vis cómica dándoles carácter de novedad.


http://www.youtube.com/watch?v=ik6nnC0zoPU&feature=related  


Su presencia ha sido reclamada por todos los grandes del espectáculo revisteril: Juanito Navarro, Tony Leblanc, Zori, Santos y Codeso, Alfonso del Real, Luis Barbero, Luís Cuenca, Pedro Peña, Antonio Garisa, Quique Camorras, Antonio Casal, Ángel de Andrés… y en todos los casos presentándola como primera figura de la compañía. Con su nombre por delante y con letras de mayor tipología que las supervedettes más renombradas. Pero es que era Lina la que llenaba los teatros siendo considerada en la profesión como la “reina de la taquilla”. Otro tanto ha ocurrido con las películas en las que ha intervenido y con los programas televisivos en los que ha participado que han sido récord de audiencia tanto para verla en un trabajo cómico como para ver sus piruetas danzantes o escucharla en temas musicales que alcanzaron la popularidad con anterioridad a su versión en voces como la de Celia Gámez de la que, sin duda, es digna sucesora en su género, aunque los estilos sean tan diferentes.


http://www.youtube.com/watch?v=TFkAWJgdngk&feature=related 


Entre un contrato y el siguiente, porque nunca le faltaron ofertas, Lina Morgan consiguió amasar un capital considerable y ni corta ni perezosa se dirigió al propietario del teatro de La Latina, a la sazón Matías Colsada para quien había trabajado y con el que mantenía alguna que otra diferencia, y le hizo el ofrecimiento nacido de aquel sueño que siempre tuvo. “Matías, te compro el teatro que, por cierto, lo tienes hecho un asquito; pero no importa yo lo pondré en condiciones”. Y Colsada se lo vendió y María de los Ángeles, ya toda una figura de la escena, vio su sueño cumplido, lo adecentó y se dedicó a representar en él una revista tras otra y alquilarlo a otras compañías cuando ella estaba de gira. Su particular versión del tango la ha incluido en varias de las obras y de sus resultados cómicos cualquier espectador puede hacer referencia incluido, en su momento, el actor Marcello Mastroianni que coincidió con ella en un programa televisivo y al que le resultaba imposible contener la risa. Me viene a la memoria tratando de mantener la seriedad sin conseguirlo. Que yo recuerde, sólo Paco Martínez Soria se dio el gustazo de tener teatro propio para representar lo que le apeteciera. Y Nati Mistral y Alberto Closas ta,bién, pero en Buenos Aires. También Jacinto Guerrero, el Coliseum, donde representó varias de sus propias zarzuelas. Lo de trabajar por y para uno mismo, sin depender de mandatos casi siempre improcedentes, es la máxima aspiración del trabajador, pero muy pocos son los trabajadores que consiguen la independencia laboral. Claro que también tiene sus inconvenientes. Por lo menos cuando el empresario es honrado. Lina Morgan tuvo un problema médico en la vista y hubo de suspender las representaciones teatrales. Pero no dejó a sus empleados “tirados” como otros hubieran hecho. Siguió abonándoles la nómina el tiempo que estuvo apartada de la escena y ello supuso una considerable merma en su cuenta bancaria. Lo más frecuente en las compañías de teatro, cuando surgen problemas, es deshacerlas y que cada uno se busque la vida como pueda. Cuántos actores han quedado en las Américas y se han incorporado a sus elencos artísticos, precisamente por haber sido abandonados a su libre albedrío por empresarios sin escrúpulos que solamente se portan como tales empresarios cuando las cosas van bien. No es el caso, evidentemente, de Lina Morgan, todo un ejemplo de empresaria con la colaboración de su desaparecido hermano José Luis. Él, hasta su fallecimiento prematuro, lo que supuso un gran trauma psicológico para la actriz, la acompañó en todas sus decisiones y juntos acertaron. En la elección de componentes para la compañía, de libretistas, de compositores, de músicos, de lugares donde actuar…


Bueno, porque podemos estar escribiendo sobre Lina Morgan páginas y páginas. De sus estrenos, de sus premios. Menos de su vida íntima que no nos importa pero de la que ella siempre ha sido muy celosa. La vida, por otra parte, de Lina Morgan es el teatro y el teatro es su familia. Siempre declaró que la escena estaba por delante de todo en su vida y que ni siquiera el amor la apartaría de ella. Con esa firmeza se ha mantenido en todo momento, al margen de que lleve algún tiempo sin prodigarse demasiado. En los escenarios, porque su actividad empresarial no la tenía ni mucho menos abandonada. Pero todo cansa. Lina ya no es una niña y es mucha la responsabilidad para mantener viva una sala de espectáculos, un teatro. Y Lina, sin los consejos ya de su hermano, una vez cumplido su sueño de infancia, ha decidido pasar el relevo a quien, como ella, sueñe con ofrecer desde su propio escenario el arte que lleve dentro. Como intérprete dramático o cómico, como músico o cantante, como empresario. Cada uno que se enfrente a lo que considere que es capaz de conseguir como Lina lo hizo casi desde niña y con tesón, mucho trabajo, esfuerzo y dignidad profesional lo consiguió. Misión cumplida. Es por eso, ya que razones económicas no son precisamente las que puedan atribular a Lina Morgan, por lo que ha vendido el teatro de La Latina, su teatro, aunque ya sea de otros. Desde aquel escenario que yo tantas veces contemplé completamente iluminado para proporcionar reflejos a las lentejuelas de las vedettes, Lina Morgan ya no volverá a dar las gracias al público que asistía a verla actuar y a reír con ella. Y que, en el escenario de La Latina o en cualquier otro, la seguimos esperando. Vuelve, Lina.


http://www.youtube.com/watch?v=Ac9upnxGou0&feature=related

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