En el teatro español abundan los títulos que dan pie a obras cómicas. Es un género, el del humor, en el que abundaron gran parte de nuestros autores con mejor o peor fortuna. Sería interminable la lista tanto de escritores como de obras. Una de ellas, quizá la que más veces se ha repuesto y siempre aceptada por el público, es “La venganza de don Mendo” en la que Pedro Muñoz Seca puso todo su ingenio y sentido del humor a la vez que demostró su gran dominio de la técnica teatral y hasta del mismo idioma, ya que está escrita en verso. Ripios, argumentará alguien, pero ripios voluntarios no como solución. Hay trama argumental, puesta en escena, situaciones, trabajo interpretativo al que no todos los actores se pueden enfrentar. Es toda una obra teatral llena de cualidades y sin ningún defecto.
En esta línea de humor, aunque en la lírica, otro de los títulos es el de una zarzuela, u opereta y hasta revista si se prefiere: “La corte del faraón”. Desde que se alza el telón hasta que cae, las situaciones que se van sucediendo provocan una continua carcajada. Añadido a ello, los números musicales que aparecen con frecuencia en los que se mantiene el mismo tono de humor, además la indiscutible calidad que poseen varios de ellos. Permitiendo, por otra parte, ya que las situaciones lo permiten, la posibilidad escénica sin necesidad de que los cantantes se planten frente al público a hacer sus intervenciones o el coro permanezca igualmente inmóvil sin tener que hacer otra cosa más que cantar. “La Corte…” es una obra de lucimiento para intérpretes y directores de escena, lo que supone un valor añadido.
¿Por qué me viene a la memoria “La corte del faraón? Muy sencillo: porque el 21 de enero, pero de hace 100 años, se estrenó en el teatro Eslava, de Madrid, donde superó las 700 representaciones. No es que yo estuviera allí, que ése es un dato enciclopédico, pero es una de las zarzuelas (vamos a dejarlo en zarzuela) que más se reponen y una de las que más he visto, siempre con agrado y extrayendo siempre alguna novedad en cuanto a la interpretación o el montaje. Si no la habéis visto hacedlo cuando se os presente la ocasión que, seguro, pasaréis un buen rato con las ocurrencias de los autores del libro y con la música. Ya me diréis. Puedo contar como anécdota que mi hija, hoy en día, es una gran aficionada al teatro. La afición surgió en ella cuando de pequeña (nueve o diez años) la llevé a ver esta obra. Fue la primera que vio con un montaje distinto al de las funciones infantiles y además de pasárselo bien surgió en ella la afición por el espectáculo teatral que descubrió entonces.
Hago referencia a los autores del libro, cosa que no es muy frecuente en los textos “zarzueleros” ya que, normalmente, carecen de interés. Por lo general se trata de un hombre y una mujer que se enamoran, que tienen dificultades para llevar su amor adelante y que al final todo se arregla. Salpicado casi siempre con algún pasaje humorístico. Todo el peso recae sobre la música. Pero no ocurre así en “La corte del faraón” en que, desde el principio se plantea una cuestión donde el humor, las frases de doble intención, los equívocos, las insinuaciones, las infidelidades… van formando la trama en el Egipto faraónico donde se desarrolla acción, en una clara, clarísima, parodia del “Aída”, de Verdi. Nada más comenzar es algo que no ofrece duda cuando el Faraón y su esposa esperan la llegada del victorioso general Putifar con solemnidad operística. En “Aída” suena así el “Ritorna vincetor” en la voz de Renata Tebaldi, a la que se unió la imagen de Sofía Loren en una de sus películas más desconocidas.
http://www.youtube.com/watch?v=-03QPuO9XTs
La grandiosidad orquestal para iniciar “La corte…” es total y similar. El general recibe la aclamación del pueblo y queda impresionado ante la belleza de la mujer del faraón, aunque se lamenta ante sus íntimos por la herida que en batalla le produjo una flecha en sus partes más íntimas y pudendas, que le imposibilita para ejercer sus obligaciones de esposo. A partir de ese momento se van sucediendo los despropósitos imaginados por Guillermo Perrín y Vico, descendiente y antecesor de la saga Vico, dedicada toda ella al teatro, aunque casi todos a la interpretación. Perrin y Palacios, como tantas veces se designa a los autores de determinadas zarzuelas, son dos personas, no una. Guillermo Perrín y Miguel de Palacios. Juntos han firmado infinidad de éxitos, de los cuáles muchos continúan en las carteleras y forman parte del repertorio habitual de zarzuela. Entre otras, además de “La corte del faraón”, “La generala”, “La Torre del Oro” o “Bohemios”. Escuchemos un fragmento de alguna de ellas; por ejemplo el “Canto a la libertad”, de Bohemios, que todos conocemos y nos proporciona brío e impulso.
http://www.youtube.com/watch?v=ZBcBBAnYeqU&feature=related
La parte musical corresponde a Vicente Lleó, un compositor cuyo nombre no es tan popular como los de, por ejemplo, Jacinto Guerrero, Federico Moreno Torroba, Ruperto Chapí, Tomás Bretón, Amadeo Vives o Francisco Alonso, pero que sin embargo escribió un gran número de zarzuelas a la vez que adaptó varias operetas italianas y austriacas para la escena española. Era valenciano, nació en 1873 y falleció en 1922 sin alcanzar a ver el estreno de su zarzuela ¡Ave César! ya que se produjo dos meses después de su fallecimiento. Estudió con gran provecho en el Conservatorio de Valencia y a los 13 años compuso su primera obra –“Dixit Dominus” – para el Real Colegio del Corpus Christi de su ciudad y a los 17 la primera, también, para el teatro “De València al Grau”. Tras una breve estancia en Barcelona se instaló en Madrid don además de dedicarse a la composición pretendió hacerlo en la política a través de un diario que fundó y que supuso un rotundo fracaso. ¡A quién se le ocurre! Su inquietud le llevó a convertirse, sin dejar nunca a un lado su trabajo como compositor, en empresario de zarzuela lo que hizo junto a Amadeo Vives. Pero los negocios no siempre, más bien nunca, suelen ser bien ejercidos por artistas, como tantas veces se ha demostrados y éste es un caso más. Así que Lleó decidió hacer las Américas para reponerse en lo económico y hasta allá se marchó para dirigir orquestas y seguir componiendo. También probó fortuna en el género operístico con “Inés de Castro”, la mujer que reinó después de muerta.
La “Corte del Faraón”, su obra más popular, no supero la prueba de la censura durante la época franquista en la que se prohibieron sus representaciones en los escenarios. Estaba considerada como sicalíptica, cosa que no estaba bien vista. No ocurrió lo mismo con la música que se escuchó en todo momento y quien más y quien menos la conocía. Sobre todo el número de “Ay, va, ay va”. Nunca he sabido si es con “v” o con “B” como parece lo más lógico.
http://www.youtube.com/watch?v=jR12qC95RWU
He escogido esta versión de Angela Gheorghiu para indicar a quienes critican la zarzuela que primeras figuras de la operística en el plano internacional no tienen inconveniente en acercarse al género español. No es el único caso ya que otras muchas divas lo han hecho, aunque españolas, como es el caso de Victoria de los Ángeles. Claro que, por su nacionalidad, está un tanto obligada. La Gheorghiu ha cantado a Lleó porque la ha parecido bien ya que la soprano rumana no es una artista fácil en aceptar ofertas. Hasta se permite el lujo de rechazarlas, incluso una vez adquirido el compromiso, lo que ha costado enfrentamientos con diversos teatros como La Ópera de Roma, La Scala de Milán, el Metropolitan de Nueva York o el Real de Madrid. En la Ópera Lírica de Chicago fue despedida hace tres años por su falta de asistencia a los ensayos de “La Bohème” y el año pasado canceló “Carmen” en el Metropolitan tras el anuncio de su separación matrimonial del tenor Roberto Alagna con quien tantas veces, además, compartió el escenario, los conciertos, el cine (“Tosca”) y las grabaciones. Así y todo el público la reverencia y los directores la siguen eligiendo entre todo el plantel de figuras, si además tenemos en cuenta que a su espléndida voz y talento musical une un gran atractivo físico que la ha situado entre las cien mujeres más bellas del mundo.
Volvamos a la Corte. Tanto éxito en los escenarios supuso su traslado a la cinematografía y con el mismo título se convirtió en película en 1985, siendo dirigida por José Luis García Sánchez que también realizó el guión con la participación de Rafael Azcona. Además del juego de situaciones que los guionistas utilizan para satirizar la censura, lo que se mantiene en todo momento es el espíritu de la obra original utilizando actores que alternan su papel de reciente creación cinematográfica con el que les corresponde en el reparto teatral. Antonio Banderas, por ejemplo es el casto José a lo que llega tras una serie de peripecias desde otro personaje y Ana Belén ejerce como actriz aficionada y a su vez protagonista de la obra. Su versión de “Ay Ba, ay Ba” (me quedo con la “B”), por lo sensual sobre todo, también merece que la contemplemos aunque sea tan diferente a la anterior.
http://www.youtube.com/watch?v=igU0DI7cYkQ
No es ésta la única versión cinematográfica ya que en 1944 se rodó, en blanco y negro, otra en México dirigida por Julio Bracho que, aunque no conozcamos su filmografía en estas latitudes, es uno de los grandes nombres entre los directores de cine mexicanos, además de ser primo de Ramón Novarro y Dolores del Río.
http://www.youtube.com/watch?v=33JDBPOGpkY
Otros números de “La Corte…” se hicieron populares a través del género cupletístico, bien por la condición de los mismos o de las artistas que los incorporaron a su repertorio de cafés cantantes. Un ejemplo lo tenemos en “Los consejos” donde la ya desaparecida Olga Ramos supo poner toda la intención requerida por los autores.
http://www.youtube.com/watch?v=HS06RSbtr3E&feature=fvw
Otro tanto puede decirse de “El garrotín”, un ritmo flamenco que Lleó introdujo en el ambiente egipcio disparatado que concibió para su obra, incrementando el humor que toda ella destila. Todos los números, desde el primero hasta el último, son sobradamente conocidos y seguro que dentro de otros cien años lo seguirán siendo para el público de entonces que acuda al teatro, porque se seguirá representando y haciendo las delicias de los espectadores.












