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Cabecera Me Viene A La Memoria

LA COPLA, CULTURA POPULAR

Muchos la aplauden y se entusiasman con ella, otros la rechazan aunque, normalmente, con el único argumento de que es algo antiguo y que pertenece a una determinada época de nuestra historia. ¡Valiente argumento! También el fútbol en el gran momento de explendor de Di Stéfano pertenece a la misma época y se continúan llenando los estadios. Pero, bueno, hay que manifestar las ideas de alguna forma por muy absurda que sea y sin contenido analítico de ningún tipo. No, porque no, y ya está. Es lo que se llama razonar.
 
El caso es que la copla, que es el origen de este post, aunque sea defenestrada por algunos, por otros, afortunadamente en número muy superior, es ensalzada y sobre todo reconocida por su valor musical y literario. Sobre todo si detrás están las firmas del maestro Quiroga o de Rafael de León certificando su autoría, aunque son muchos los compositores y letristas que han dado lo mejor de su inspiración a este género. Junto a ellos los intérpretes que pusieron la voz y el arte encabezados por Conchita (después doña Concha) Piquer y seguidos por una lista casi interminable entre los que cuentan Antoñita (después Antonia) Moreno, Manolo Caracol (del que este año se celebra el centenario de su nacimiento), Juanita (después Juana) Reina, Lola Flores, Marifé de Triana, Imperio Argentina, Estrellita Castro, Angelillo, Miguel de Molina, Antonio Molina, Paquita Rico, Gracia Montes, Lolita Sevilla, Rafael Farina, Juanito Valderrama, Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Manolo Escobar, Carlos Cano, María Vidal, Diana Navarro y un largo etcétera que, cada uno con su estilo han posibilitado la permanencia de la copla hasta nuestros días bien con títulos de repertorio o con novedades. Hasta Plácido Domingo presentó, todavía no hace un año, un disco interpretado por él para homenajear a la copla y contribuir a su ensalzaminto.
 
En la mente de cualquiera, defensor o crítico de ella, resuena lo de ‘ojos verdes como el trigo verde…’ o ‘apoyá en el quicio de la mancebía…’, ‘bien pagá, te llaman la bien pagá…’, ‘cruz de mayo sevillana’…, ‘¡ay! campanera por qué será…’, ‘torre de arena…’, ¡ay! de Caiz para Chiclana…’ o la música de ‘Suspiros de España’ que para muchos es como el himno nacional.
 
La copla es recuerdo en muchas ocasiones pero también es presente. La demostración está en la exposición que dedicada a ella se muestra en la que podríamos considerar como templo de la cultura: la Biblioteca Nacional de España y que permanecerá abierta al público hasta el 12 de abril con lo que tenemos ocasión de acudir para revivir el espíritu de la copla y escuchar una vez más, en las voces de sus creadores, todas aquellas canciones que escuchamos de pequeños y adolescentes y que nunca hemos dejado de escuchar, porque permanecen vivas, porque otros artistas han cogido el relevo en los escenarios y en las grabaciones con ellas y porque forman parte de nuestra memoria musical y la cultura de nuestro pueblo. La exposición es un recorrido por la historia del género y una recreación de su mundo a través de grabaciones sonoras, partituras, carteles, fotografías, filmografía, libros, guiones, etc., que componen una muestra excepcional y reivindica el papel de este género, típicamente español, dentro del patrimonio de nuestra cultural popular.
 
Los mismos responsables de esta exposición consideran que de la copla se ha usado y se ha abusado y que la pasión que levanta o el rechazo no puede dejarnos indiferentes como se comprueba en el momento actual en que ‘una corriente de recuperación de la copla nos obliga a hacer una relectura de su historia, aceptándola más allá de tantos prejuicios ya superados, lo que permite encarar el hecho cultural de la copla libres de complejos, ofrecer una visión diferente y apreciar su valor a través del análisis objetivo de sus documentos sonoros, impresos y audiovisuales, para colocarla en el lugar que merece en nuestra historia y cultura’. La contribución que ha hecho de la Biblioteca Nacional de España está bien patente. La exposición también pretende sorprender tanto musical como literariamente a los desconocedores de este género que después  de descubrirlo y adentrarse en él pasarán a ser sus seguidores.
 
Es algo tan fácil como quererse dar a la copla, eliminar los prejuicios; entonces nos daremos cuenta de su verdadera dimensión artística. Podremos apreciar el contenido de las letras, argumentos expuestos en una unos pocos versos donde se narra toda una historia perfectamente expuesta, desarrollada y concluida. Como dice Plácido Domingo, ‘son óperas en tres minutos’. Otro tanto ocurre con la música que siempre será la más apropiada al contenido literario; más agresiva, más suave, más rítmica, con un ritmo o con el contrario, según. Y no siempre son, como muchas veces se cree equivocadamente, de carácter andaluz; ni siquiera de otras regiones. Son, sencillamente, argumentos de amor, de desamor, de encuentros y de lo contrario, de situaciones… como son todos los argumentos literarios.
 
Fueron muchos los compositores de coplas y muchos los hay que aún se dedican a esté género pero quizá el que más popularidad alcanzó fue el maestro Quiroga, quizá por haber trabajado tanto para Concha Piquer. Tras su fallecimiento el ABC publicó unas líneas dedicadas a él donde se leía: ‘…no hay géneros buenos o malos; hay en todos, músicas logradas y otras que no lo son. Una sinfonía puede ser detestable y un pasodoble ofrecerse como música maestra. Lo eran las canciones de Quiroga’. Lo fueron, lo son y lo serán bajo la denominación de COPLA.

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