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LA OTRA ZARZUELA

Con frecuencia he traído a este post el tema de la zarzuela. No es un género musical que me llegue a entusiasmar como la ópera, pero lo escucho con agrado, mucho incluso, valoro su calidad musical (sobre todo la melódica porque la técnica, en muchas ocasiones deja bastante que desear) y rechazo de plano la mayoría de sus argumentos literarios. Con todo, reconozco que me gusta, como a tantos y tantos aunque, por no estar de moda, muchos la rechazan en nombre de una intelectualidad mal entendida. La mayoría somos conocedores de un gran número de títulos e infinidad de fragmentos extraídos de ellos. Romanzas, dúos, preludios, intermedios, etc. se conocen igualmente, incluso sin poderlos identificar con ningún título al no pertenecer el repertorio habitual: “La verbena de la Paloma”, “La revoltosa”, “Agua, azucarillos y aguardiente”, “La Dolorosa”, “El bateo”, “Katiuska”, “Los gavilanes”, “El huésped del sevillano”, etc. etc. La zarzuela es, con la copla y el flamenco, la música española por antonomasia. De sus virtudes musicales no sólo ha hecho elogios el público seguidor de este género, sino muchos músicos de talla internacional así como un público desconocedor de ella, en otros países, que la han descubierto tras ser ofrecida por voces como las de Plácido Domingo o Montserrat Caballé, que la incluyen en sus recitales siempre que tienen ocasión. Bien, pues la popularidad de la zarzuela fue tanta en tiempos pasados, concretamente en la primera mitad del siglo XX, que compositores de países hermanos de Latinoamérica se adentraron en ella. Lo hicieron con las características propias de sus formas musicales, sus ritmos, sus orquestaciones y sus voces. Por aquellas tierras, con asiduos lectores también de Mayormente, tan popular es “Luisa Fernanda” como “Cecilia Valdés”, “Rosa la china”, “Amalia Batista” o “María la O”. De todos aquellos países, donde más se ha cultivado, a nivel de autor, ha sido en Cuba y especialmente a través de la inspiración de Ernesto Lecuona. Así que hoy vamos a escribir sobre la zarzuela cubana. El motivo me lo ha proporcionado el haber visto anunciada en las programación de los Festivales de Música y Danza , de Granada, “Cecilia Valdés”. Me enteré tarde con lo que no fue posible programarme para acudir a verla representada, algo que hace tiempo me atrae ya que la obra la conozco únicamente de grabaciones. Ya digo que, dada su divulgación universal, el más representativo de todos los autores es Ernesto Lecuona, pero “Cecilia Valdés” no pertenece a su inspiración sino a la de su compatriota y contemporáneo Gonzalo Roig. Es raro, no obstante, ver esta zarzuela en los escenarios españoles debido, quizá, a los gustos de un público con arraigos musicales más tradicionales, más relacionados con nuestra geografía, al que el son de los bongós, maracas y tambores y las cadencias rítmicas no terminan de situarlas más allá de las canciones de cabaret. O que aquí han llegado a través del cabaret y la radio. Para demostrar que no es así, aquí está la aparición en escena de Cecilia Valdés, el personaje que da título a la zarzuela, que requiere de un considerable potencial de voz en la intérprete.


http://www.youtube.com/watch?v=Z0SBnP2aQLE


Entre la variedad de intérpretes que han grabado esta obra, he encontrado una versión de Rosita Fornés, cuyo nombre me sonaba vinculado a la revista. Tras una pequeña investigación he podido comprobar que es así. Rosita Fornés, hija de españoles emigrantes en Cuba, trabajó en España con títulos de éxito en la revista de aquel momento: “Siete novias para mí sólo”, “Pan, amor y la gran vida”, “Tócame Roque”… y un importante contrato con Muñoz Román que decidió rescindir para volver a Cuba. No me fijé entonces más que en la vedette, o no recuerdo nada de sus dotes musicales, pero resulta que Rosita Fornés ha interpretado todo el repertorio de zarzuela española, que ha sido empresaria, que ha tenido en su compañía a Pepita Embil y a Plácido Domingo (padres del actual Plácido Domingo), que ha cantado con Luis Sagi Vela, que ha interpretado teatro dramático, que ha tenido programas propios de radio y televisión y que es un auténtico ídolo en Latinoamérica, sobre todo en Cuba que la sigue reconociendo como figura a sus cerca de noventa años. Aquí, sólo se le dio la oportunidad de lucir las piernas, aunque cantaba con una importante voz como demuestra en este fragmento de otra zarzuela cubana, “Amalia Batista”, del compositor cubano Rodrigo Prats.


http://www.youtube.com/watch?v=I8Aelnwun88


Por alguna extraña razón, estos temas no han alcanzado en nuestro país la popularidad de otros procedentes, igualmente, de zarzuelas cubanas. O no cubanas ya que este género proliferó, quizá por razones del idioma donde tomaban su origen, en toda Hispanoamérica. Las compañías españolas y muchos cantantes españoles (Moreno Torroba, Hipólito Lázaro, Marcos Redondo, Francisco Kraus, Domingo, Embil, de Grandy…) saben de los escenarios al otro lado del Atlántico, a los que llegaron allá por los 40 y donde su arte y su repertorio fue acogido con tal entusiasmo que llegó a implantarse, aunque en ocasiones imponiendo el estilo propio. Con ese estilo, muchos fragmentos de zarzuela hispanoamericana, más propiamente cubana que es la que más ha proliferado, han adquirido popularidad en el mundo. Los conocemos, los tarareamos, forman parte de nuestra cultura musical, pero muy poco sabemos de su origen ni que éste sea la zarzuela. Por ejemplo “Siboney”, una canción de todos conocida e interpretada por muchos cantantes líricos, que pertenece a la zarzuela de Ernesto Lecuona “La tierra de Venus”. Resulta difícil encontrar una versión con la que quedarse para indicar el enlace, de tantas como hay. Así que quedémonos con una tan vinculada a la zarzuela y a Latinoamérica como es la de Plácido Domingo.


http://www.youtube.com/watch?v=dg01GmIpn8A


Del mismo autor tenemos otra zarzuela, de la que surgió un tema enormemente popular: “María la O”. Igualmente existen infinidad de versiones, tanto en voces masculinas como femeninas, pero vamos a quedarnos en las de la época de la obra. Dicen muchas opiniones autorizadas que la mejor es la del mexicano José Mojica, el que fue galán antes que fraile y gran descubrimiento artístico de Lecuona y Caruso. No sé si es la mejor versión. Sí recuerdo de él, cuando yo era pequeño, que en alguna ocasión vino a España, a Madrid, con los hábitos franciscanos ya tomados y convertido en Fray José de Guadalupe. Residía durante sus visitas, o daba misa al menos, en la iglesia del convento de San Francisco, en Madrid, muy próximo a mi casa y cuando ello ocurría, que además era a horas muy tempranas, muchas féminas del barrio acudían a manifestar su fe y a darse golpes de pecho abarrotando el recinto eclesial. No habían olvidado sus tiempos de galán/cantante hollywoodense y tenían que contenerse para no prorrumpir en aplausos ante sus gestos litúrgicos. Sin embargo no vamos a escucharle a él, sino a otro ídolo de multitudes en Latinoamérica: Alfredo Sadel. Lo hago, como especie de homenaje a una voz que, si el cáncer no se hubiera interpuesto, hubiera alcanzado este año los 80 de edad, y que triunfó interpretando boleros, baladas, zarzuelas y óperas. Recorrió el mundo, España incluida donde, además, desarrolló parte de sus estudios musicales, pero donde nunca fue reconocido mayoritariamente. Cosas que pasan.


http://www.youtube.com/watch?v=ENR4cRVm1lM&feature=related


Otro tema muy popular, muy bailable (por lo menos los pies se desplazan involuntariamente y el cuerpo se contorsiona), es “Mamá Inés”, perteneciente de igual forma a una zarzuela también de Lecuona, aunque en colaboración con Eliseo Grenet: “La niña Rita”.


http://www.youtube.com/watch?v=t11Z79Yl5lE&feature=related


Ernesto Lecuona, cubano hijo de españoles, que vino a dejar su vida en la tierra paterna durante unas vacaciones en Canarias, es el más prolífico de todos los compositores cubanos de zarzuela. La cantante Hortensia Coalla, por otra parte, fue calificada por el músico como “la voz más bella de Cuba”, así que vamos a escucharla en otro título de zarzuela, de Lecuona también, donde los ritmos afrocubanos se atenúan dando paso a una romanza de lo más clásico: “Rosa la china”


http://www.youtube.com/watch?v=Ty5AfF-k6mY&feature=PlayList&p=8EEE5D7994DE282F&playnext_from=PL&playnext=1&index=7  


Podríamos citar un gran número de zarzuelas de Ernesto Lecuona, el que fuera “niño prodigio” en la música. A los 5 años dio su primer concierto de piano y a los 13 compuso su primera obra. Su aportación al piano se ha comparado en muchas ocasiones con la categoría musical de Falla o Ravel. Sus compatriotas siempre reconocieron su talento, así como el resto del mundo. El aficionado cubano, además de hacerlo con su paisano, admiró de siempre a los compositores llegados con sus partituras desde España. Es tanto, que el año pasado se celebró en Valencia un Congreso organizado por el Institut Valencià de la Música donde especialistas hispanoamericanos trataron este tema analizando la repercusión de la zarzuela española, sobre todo a través de la figura de Chapí. Pero como Chapí nos resulta cercano y no es difícil escuchar de vez en cuando alguna de sus obras, vamos a detenernos en otro título de Lecuona: “Lola Cruz”.


http://www.youtube.com/watch?v=aXWalyPUAGM


Seguramente por tener a nuestra disposición tantos y tantos títulos de zarzuelas de cosecha propia, sea por lo que apenas es conocida en nuestro país la zarzuela cubana, así como la de otros países latinoamericanos, aunque la producción de éstos sea menor. Al revés de cómo ocurre en aquellas latitudes (escribo desde España) donde la música española, tanto la zarzuela como la popular y folklórica, siempre tuvo una gran acogida y sobre todo en la Cuba colonial donde España ejerció con fuerza el vínculo cultural musical en este caso. Tanto Plácido Domingo como Alfredo Kraus, además de otros muchos nombres de la canción y la lírica españolas, han realizado sendas grabaciones con la obra de Lecuona. La diferencia, por lo general, entre las zarzuelas españolas y las cubanas está, además de en el concepto rítmico en gran parte de su extensión musical, en los argumentos. Mientras las nuestras muestran situaciones costumbristas, amorosas casi siempre, situadas localmente en algún punto geográfico de la península lo que sirve para dar paso a una música en parte regionalista y con final feliz, en Cuba los autores de los libretos recurren casi siempre a costumbres y situaciones de la época colonial donde el señorito rico corteja a la joven mulata prometiéndola un matrimonio que nunca llega, con lo que le producen los desengaños, la pasión, los celos y las lágrimas, adornados con una suave cadencia musical que en muchos casos, según las situaciones, se convierte en intenso ritmo africano.


He leído y lo comento por su curiosidad, que en Cuba, durante los tiempos gloriosos de la zarzuela en que, incluso, había teatros dedicados únicamente a este género, durante los entreactos se exhibían unos telones que fueron el principio del karaoke. En ellos se mostraban en grandes caracteres las letras de los temas más conocidos que el público entonaba acompañado por la propia orquesta del teatro. Todo el mundo con lo de “A San Antonio, por ser un santo casamentero…” o “Por el humo se sabe dónde está el fuego…” o “Cecilia Valdés me llaman…” y todo el mundo marchaba contento a su casa después de haber tenido la oportunidad de ejercitar las aficiones canoras y “alternar” con los profesionales en la misma sala.


El traslado de la zarzuela desde España a Hispanoamérica se produjo prácticamente con su nacimiento. Según los especialistas, la primeras españolas se deben a Calderón de la Barca y a Lope de Vega en lo que vino a ser un nuevo teatro musical, con “El golfo de las sirenas” (1657) y “La selva sin amor” (1629), de uno y otro respectivamente, consideradas como “dramas con orquesta”. En 1791 también existe documentación de que se estrenaron en Cuba varias zarzuelas. Pero sería el final del XIX y mitad del XX cuando en ambos países se popularizara este género, al igual que en otros países latinoamericanos donde también surgieron autores y músicos dedicados a él. Si en España fueron Bretón, Chapí, Chueca, Barbieri, Moreno Torroba, Sorozábal, Vives, Caballero, Alonso, Guerrero y un largísimo etcétera, en Cuba lo fueron, con similar importancia,  Gonzalo Roig, Ernesto Lecuona, Rodrigo Prats, Luis Casas Romero o Eliseo Grenet sobre todo, aunque también José Marín Verona, Gaspar Villate, Laureano Fuentes y otros, quiénes compusieron melodías insertadas en diferentes títulos de zarzuela, con valor operístico en muchos casos. Otro tanto puede decirse de países como Colombia, Perú, Chile, México o Venezuela donde igualmente se popularizó la zarzuela, surgiendo, igualmente, autores para ella como José Ángel Montero y Pedro Elías Gutiérrez al que se debe el título de “Alma llanera”, de cuya zarzuela se popularizó el joropo que lleva el mismo nombre y que sirve, con la portada de su partitura, para ilustrar gráficamente este post.


http://www.youtube.com/watch?v=KNLPf6nZLB0&feature=related


Tanto por aquellas tierras como por las nuestras, el éxito principal de la zarzuela es, descontado su valor musical, el fácil acceso al argumento ya que está en español, con lo que se convierte en un fuerte contrincante frente a la ópera a un nivel de popularidad, ya que el repertorio de ésta se centra básicamente en el italiano, el francés y el alemán. Es un género asequible a todo tipo de público, tanto social como culturalmente. En Cuba, en Latinoamérica en general, en Miami o en Nueva York, se representa zarzuela con asiduidad. Quizá más y con más afición y protección que aquí que es donde surgió y donde se dedican a ella, al margen del teatro oficial que la ampara, unos cuantos románticos que exponen su capital por amor, ante todo, a un género teatral y musical que las nuevas generaciones no terminan de apreciar aunque se entregan a ella una vez que la conocen. Lo leí hace poco en una entrevista a la soprano canaria Yolanda Auyanet, cada día más reclamada y afianzada en los circuitos operísticos: “El interés por la zarzuela creo que es algo que deberíamos tener todos los cantantes de lengua castellana. Es nuestra lírica creada para nuestra lengua y en la que hay obras que nada tienen que envidiar a otros géneros líricos en cuanto a calidad musical y dificultad de ejecución”. Los profesionales, por lo general, no la desprecian, sobre todo si son contratados, es en el público donde se produce la falta de apreciación. Y en los empresarios teatrales, y en los medios de difusión. Y como tiene razón Yolanda Auyanet,.os invito a escucharla en una zarzuela española, aunque el tema de hoy se haya referido a la cubana. Una de las más populares, tanto allí como aquí: “Doña Francisquita”.


http://www.youtube.com/watch?v=MXfMrMgy6eo


“Doña Francisquita”, una de las más zarzuelas populares y una de las mejores en cuanto a calidad musical. Calidad que abunda entre todo el amplio repertorio español; las zarzuelas conocidas, las que no lo son tanto y las olvidadas, pero no nos olvidemos, los aficionados a ella, que al otro lado del Atlántico existe otra zarzuela tan importante como la nuestra. Hay que escuchar una y otra y los empresarios teatrales y discográficos poner su atención en ambas.

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