Como tantas veces habrá ocurrido, muchos lectores tendrán conocimiento de la noticia, pero yo me acabo de enterar a través de la edición digital de un periódico bonaerense. Es el anuncio de la retira de los escenarios de Nati Mistral. La actriz y cantante madrileña ha elegido la ciudad de Buenos Aires para dar su adiós. ¿Motivos para la elección? Los desconozco, pero supongo que será debido a la gran aceptación que siempre tuvo por parte del público argentino, del éxito siempre alcanzado en aquellas tierras y, en definitiva, por su gran vinculación con el mundo artístico de Buenos Aires al que se incorporó en 1965 y al que durante mucho tiempo estuvo ligada como empresaria de uno de sus teatros, el Avenida, en compañía del desaparecido Alberto Clósas. En su escenario recibió los innumerables aplausos que le proporcionó ‘El hombre de la Máncha’ o ‘Anillos para una dama’, además de numerosos recitales de canciones y poesía. Lo hace ahora -lo ha hecho, porque acaba de regresar para pisar el asfalto de su Madrid- con un espectáculo que ha titulado sencillamente ‘Cantares’ configurado por canciones, poemas y bailes de España. Aquel público siempre reconoció su excelente forma de hacer y adoptó a la artista como propia hasta el extremo de que Nati siempre consideró a Argentina como su segunda patria.
La primera es España y siempre lo ha proclamado, sin esconder ni disimular sus ideas tan alejadas de las que en este momento son poco menos que exigibles para dedicarse al espectáculo y tener opción para ser incluido en algún reparto. Ella, con decir ‘aquí estoy yo’ tiene suficiente.
Nati Mistral debía ser puesta como ejemplo a los nuevos aspirantes a intérpretes por su gran dominio de la dicción, sobre todo, de la expresión corporal, del control sobre el escenario, la vitalidad, la sobriedad y la elegancia. Es toda una profesional para quien su arte ha sido también su vida. Algo que no siempre supone alegría como ella ha reconocido en más de una ocasión: ‘No es fácil ser artista, pues se pierden muchas cosas privadas. Se pierde un marido, hijos, el permanente contacto con los amigos, y todo ello se vuelve tristeza’.
Para los expectadores, sin embargo, siempre ha supuesto satisfacción contemplar su trabajo. Lo es desde que Los Vieneses, aquella compañía de revistas que integraban Artur Kaps, Franz Johan, Gustavo Re y Herta Frankel, afincados todos en España, la contrataron siendo prácticamente una niña. Con ellos trabajó como cantante en Alemania (Nati habla correctamente el alemán) y en gran parte de Europa. Previamente, Natividad Macho Álvarez, que es su verdadero nombre, había ejercido como meritoria en el Teatro Español de Madrid, además de cursar estudios de música, canto y declamación. (Que hay que prepararse, señores que se llaman actores y señoras que se llaman actrices). Lo de Macho lo eliminó porque no puede decirse que sea muy comercial para anunciar a una actriz en los carteles y lo de Mistral fue cosa de su madre, gran admiradora de la escritora Gabriela Mistral.
La rebautizada como Nati Mistral encontró su primera gran oportunidad en 1957 cuando Luis Escobar, empresario en aquel momento del recuperado Teatro Eslava, la contrató para protagonizar ‘Te espero en Eslava’, un espectáculo arrevistado en el que también participaban Tony Leblanc, a la sazón novio de la artista, y dos actrices recién llegadas al mundo del espectáculo: Concha Velasco y María Luisa Merlo. Me acuerdo del espectáculo como si lo hubiera visto la semana pasada. Y del éxito que con él alcanzó Nati Mistral.
Después los éxitos se sucedieron, aunque en lo musical, un género del que puede decirse que Nati Mistral es pionera en España. ‘La bella de Texas’, ‘La Perrichola’ o ‘El hombre de la Mancha’ en la que compartió cartel con Luis Sagi Vela, toda una figura de la lírica española quien, por cierto, el pasado día 17 cumplió 95 años.
Ahora toca cantar, ahora recitar, ahora meterse en la piel de algún personaje. Nati Mistral lo ha hecho bien en todos los géneros. En el teatro hablado fueron auténticos sucesos de crítica y asistencia de público los obtenidos en ‘Divinas palabras’, de Valle Inclán, que para muchos es el mejor texto teatral desde el siglo de oro y que sirvió, además, para inaugurar el teatro Bellas Artes de Madrid. O en ‘Isabel reina de corazones’, o en ‘Fortunata y Jacinta’, ‘La Celestina’ o más recientemente ‘Tras la huellas de Bette Davis’. Sería cuestión de preguntárselo a la actriz/cantante, pero yo no recuerdo ningún revés en su carrera. Otro tanto sucede con sus discos, aunque no sean números uno de ventas. Son canciones para los seguidores de la música que ella hace donde se deja llevar por aires españoles y sudamericanos. Ahí está su versión de la zarzuela ‘La Gran Vía’, seguramente la más castiza de cuantas se han grabado.
Otra cosa es el cine. ¿No la han llamado para intervenir en él o no ha aceptado las propuestas? No lo sé. Participó en algún reparto hace muchos años: ‘María Fernanda la Jerezana’, que no es ningún prodigio de originalidad a la hora de titular, ‘Las inquietudes de Shanti Andia’ que recuerdo haberla visto y hasta la sala de cine, pero no me acuerdo para nada de la película basada en la obra de Pío Baroja, ‘Currito de la Cruz’ que se remonta a 1949 y algunas de cuyas imágenes hoy pueden verse en You Tube, o ‘Mi Buenos Aires querido’ que, supongo, tendrá como leit motiv el famoso tango de Gardel. De cualquier forma entre la Mistral y el cine no hubo nunca una buena relación.
A todo: a la música, al arte dramático, a la poesía, al teatro, al cine, a la televisión, a todo dice adiós Nati Mistral recién superados los ochenta. Son muchos años de esfuerzo continuo, imprescindible cuando se quiere triunfar y satisfacer al público, y es la hora de decidirse por el descanso. Personalmente no me creo lo de la despedida. Cualquier día aparecerá un texto de su agrado y un empresario que le preste su escenario y Nati Mistral, la mas castiza de nuestras actrices, volverá a deleitarnos con su buen decir y hacer. Si no ocurre será porque ese texto no exista.












