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Cabecera Me Viene A La Memoria

NUESTROS PREMIOS NOBEL

Ocurre muchas semanas que quisiera abarcarlo todo para comentar lo sucedido en ella y compararlo con el recuerdo de fechas pasadas. Pero no siempre se puede ya que una vez “colgado” el post, surge un nuevo tema y ya no es posible. También es verdad que las características de “Mayormente” tampoco exigen la puntualidad informativa de una publicación periódica. Así que nos vamos apañando con los argumentos que van surgiendo y tampoco pasa nada porque los comentemos con algún retraso.
 
Hace unos días se concedió el Premio Nobel de Literatura y la Academia sueca tuvo a bien otorgárselo a Doris Lessing que, a decir verdad, no tengo ni la menor idea de quién es. Quiero decir que no he leído nada de ella, por lo tanto no voy a atreverme a juzgarla, ni siquiera a dar mi parecer sobre su literatura. Lógico.
 
Me consta -porque aparece en la prensa- que el galardón ha sido censurado por gran parte de la crítica calificándolo, incluso, de “decepcionante”. Numerosos expertos se han referido a nombres a los que consideran con más méritos que los de esta británica nacida en Irán y educada en Zimbabwe, de casi ochenta y ocho años, cuyo primer éxito literario -”Canta la hierba”- se remonta a 1950 residiendo, ya, en Londres y siendo madre de tres hijos fruto de dos matrimonios rotos. Su inquietud política y feminista junto con las brutalidades de las que fue testigo del colonialismo en África, la llevaron a afiliarse al partido comunista, pero esa proximidad la llevó también a desencantarse de esa ideología y por tanto, abandonarlo. También lógico.
 
Con esto nos ponemos al día, pero la concesión del Premio Nobel nos hace retrotraernos en el tiempo y facilitar que la memoria nos lleve a otro premio similar del que ahora se cumple una cifra redonda de años; una cifra de esas que se utilizan para conmemorar solemnemente alguna efeméride. Me refiero al treinta aniversario de que el Nobel se le otorgara al español Vicente Aleixandre. El poeta sevillano de la generación del 27 (1898), nacido en una familia burguesa, a la vez que cursaba estudios de Derecho y Comercio, se inició en la poesía hasta apasionarse por ella en 1917, al conocer a Dámaso Alonso quien le descubrió a Rubén Darío, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. En 1933, es reconocido con el Premio Nacional de Literatura. Su poesía evolucionó como el propio desarrollo de su vida pasando de una estética pura (“Ámbito”) que nos llevaría a pensar en los clásicos del Siglo de Oro, (Fray Luis de León o Góngora), al surrealismo de sus poemas en prosa (“Pasión de la Tierra”) o los de verso libre (“Espadas como labios”). Finalizada la guerra civil el estilo de Aleixandre buscó su inspiración en la poesía social, preocupándose por los sufrimientos y las ilusiones del hombre común y comunicándose con un estilo más sencillo y accesible que el de sus etapas anteriores. Ejemplos son “Historia del corazón” o “En un vasto dominio”. Hay una última etapa en Aleixandre que es la que corresponde a su vejez en la que, de alguna manera, retoma sus formas irracionales de juventud aunque desarrolladas dentro de una modalidad depurada y serena: (“Poemas de la consumación” o “Diálogos del conocimiento”.
 
Hay también un Aleixandre más desconocido pero igualmente atractivo. El autor en prosa, cuya producción, aunque breve, iguala en intensidad literaria a la poética: “Vida del poeta: el amor y la poesía” o “Los encuentros”, sin dejar a un lado su discurso de ingreso en la Real Academia Española.
 
Son treinta años, fecha para recordar, pero también para que no olvidemos que en España, tan escasa en premiados con el Nobel, hay otros cuatro casos de los que muchos desconocen el reconocimiento que en su momento se les tributó y que se graba en la historia de los pueblos. Son José de Echegaray a quien se le concedió el Nobel de Literatura en 1904, Jacinto Benavente que lo logró en 1922, Juan Ramón Jiménez en 1956 y además del anteriormente citado, Aleixandre, que lo obtuvo en 1977, Camilo José Cela que fue reconocido con el mismo en 1989. Con ellos -nunca es mal momento para hacer referencia a las personas insignes- Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa que en 1906 y  1959, respectivamente, fueron considerados por la Academia sueca como las más altas personalidades en lo referente a  Medicina. 


Nunca está de más traer al recuerdo a nuestros Premios Nobel, pero tampoco está mal que, además, los leamos.  

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