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PILAR LÓPEZ: NACIDA PARA BAILAR

En más de una ocasión me he manifestado en este blog como un fanático de la música. De ahí que muchos de los post, de una u otra manera, estén dedicados a ella. Desde la clásica hasta el rock pasando por el swing americano, los ritmos sudamericanos, las coplas españolas y el flamenco. Música orquestal, de instrumentos solistas o cantada, no importa con tal de que sea música. Pero hay otra forma de interpretar la música: la danza.


España ha sido y es un país prolífico en bailarines aunque no tanto en impulsar y favorecer la danza como espectáculo. Es por ello que los grandes teatros del mundo y las primeras compañías de ballet, cuentan en su elenco con profesionales españoles, muchas veces situados entre las figuras del mismo; pero si no tanto, sí entre el cuerpo de baile. Es la diáspora, el exilio de estos artistas ya que no son uno ni dos, sino decenas y decenas. El número de bailarines trabajando y siendo reconocidos fuera de nuestras fronteras es enorme. A las autoridades no les interesa este tipo de artistas, seguramente porque no se expresan vociferando, y de ahí la falta de apoyo oficial. Un bailarín no se hace de la noche a la mañana, ni sube a un escenario o se coloca ante una cámara favorecido por su físico y con un gran cargamento de incultura, aunque, eso sí, compensado por el apoyo político ejercido. Para nada. Requiere, añadido a sus dotes artísticas y culturales, años y años de aprendizaje, de disciplina, de perfeccionamiento y de formación de masa muscular superior a la de muchos atletas. Por otra parte, montar una compañía de ballet como empresa privada es sumamente costoso y no está al alcance de los empresarios teatrales que, en su mayoría, carecen de experiencia en este tipo de espectáculo. 


Después de este preámbulo está claro que hoy me voy a referir a la danza en una doble faceta de género artístico ya que encierra en su protagonista el carácter de bailarina y bailaora.


Me refiero a Pilar López que, a la edad de 96 años, falleció el martes pasado. Ella encerró en sí misma las dos facetas. Bailó, dirigió e hizo coreografías para obras de Debussy (‘Preludios’), de Falla (‘El sombrero de tres picos’ o ‘El amor brujo’), de Joaquín Rodrigo (‘El concierto de Aranjez’), de Rimsky-Korsakov (‘Capricho español’), de Albéniz (‘Puerta de tierra’), etc., pero junto a la danza clásica española, también se enfrentó con pleno conocimiento al flamenco pasando por la escuela bolera y el folklore.


Pilar López fue una niña prodigio, como lo fue su hermana -ídolo de multitudes en su época-, Encarnación López, a quien el público reverenció bajo el seudónimo de La Argentinita. Con ella, quince años mayor, dio sus primeros pasos en los escenarios. Ambas impulsadas por la gran afición que su padre sentía por el flamenco, por lo que no hubieron de enfrentarse a los frecuentes impedimentos familiares de la época. 


El éxito acompañaba a las dos hermanas, pero la vida no quiso prolongarse en la mayor de ellas que, en 1945, falleció. Pilar, completamente hundida por la pérdida, decidió abandonar el baile, pero la insistencia de amigos, empresarios y esa llamada del público a la que el artista no sabe resistirse, motivó su reaparición. Lo hizo con compañía propia: ‘El Ballet Español de Pilar López’. Recorrió el mundo con él y actuó, por supuesto, en España convirtiéndose en la figura indiscutible de la danza de los años 50 y 60. Yo la recuerdo en unos Festivales de España donde se organizaban auténticas exhibiciones de arte escénico en los lugares más atractivos de nuestra geografía. Conciertos, teatro lírico y dramático, ballet, tanto nacional como internacional. Lo que son las cosas; ahora, tan avanzados como al parecer estamos y utilizando la palabra cultura constantemente resulta que no existe nada de semejante categoría artística. 


Desde los escenarios del mundo entero, competieron en popularidad con Pilar López las también legendarias Carmen Amaya, Rosario y Mariemma y el no menos popular Antonio. Cada uno tuvo su sitio perfectamente ganado. Hasta 1973 mantuvo Pilar su compañía desde la que ejerció su magisterio y por la que pasaron todos los nombres que, posteriormente, adquirieron notoriedad por sí mismos: Antonio Gades, Manolo Vargas, Roberto Ximénez, Alejandro Vega, el Greco, Farruco, Mario Maya, el Güito… Con el tiempo, el propio Antonio Gades, manifestando su agradecimiento por lo aprendido, reconocería que de Pilar López ‘antes que la estética de la danza aprendió la ética’. Porque así fue esta bailarina/bailaora en su profesión. La ética del arte la mantuvo en todo momento. No hizo nunca el baile fácil con que atraer a un público poco exigente, a los turistas o a los espectadores del extranjero, desconocedores de la danza española. Tampoco fue una maestra al uso a base de implantar un estilo. Ella se limitó a descubrir a quienes consideraba que tenían talento y les ofreció una oportunidad mostrándoles la forma de desarrollar la profesión de bailarín ‘de una manera coherente y reflexiva, potenciando a cada uno en su forma y personalidad’. Así lo reconoció el coreógrafo y bailarín José Granero quien, hasta su fallecimiento hace dos años, ejerció como director del Centro Andaluz de Danza.


 Hay que subrayar que Pilar López siempre tuvo una idea muy clara del trabajo coral en su compañía, sin divismos ni estrellas, entregándose  al baile por encima de cualquier otro elemento escénico. El único lucimiento que buscaba era el la aceptación del público al trabajo honrado y su único fin era el baile. Otro protagonista en el mundo de la danza española de la época fue Vicente Escudero quien, lo que dijo de  Carmen Amaya, se podría aplicar perfectamente a Pilar López: ‘aprendió a bailar de los gatos y mirando moverse las hojas de los árboles’.


En este post de hoy que ha salido necrológico, justo es mencionar a dos personajes cargados de popularidad y que también están incluidos en nuestra memoria. De una parte Richard Widmark, unas de las pocas figuras que todavía quedaban pertenecientes a la época doada del cine de Hollywood, que ha fallecido a los 93 años. Recordemos, interpretadas por él, ‘El Álamo’ junto a John Wayne, o ‘Vencedores y vencidos’, por sólo citar algunos de sus títulos más conocidos. Por otra parte, con 81 años, también nos ha dejado  Rafael Azcona al que se deben algunos de los  guiones que han contribuido a la pequeña historia del cine español. De los pocos títulos que pueden tenerse en cuenta, la mayoría le pertenecieron como, por ejemplo ‘El pisito’, ‘El cochecito’, ‘El verdugo’… y más recientemente ‘Belle èpoque’. Descansen en paz estos tres artístas.

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