Si este post tuviera vocación para interesarse por las vísceras, vamos que si estuviera dedicado al corazón al estilo de los programas de televisión al uso, nos encontraríamos con “carnaza” para rellenarlo y hasta para dedicar unas cuantas semanas al tema, ya que es amplio y el personaje tiene el suficiente interés para ocuparse de él, de ella mejor dicho, cuya incorporación al mundo de la fama se remonta a nuestros tiempos de juventud. Fue entonces cuando alcanzó popularidad universal Elizabeth Taylor y siempre de un modo paralelo entre su condición de actriz y de estrella. Entre su actividad artística y sentimental.
En este aspecto y por su condición de personaje público, no es cotilleo ni intención de adentrarse en su privacidad, utilizar la noticia aparecida recientemente en algunos medios escritos sobre su intención de volver a contraer matrimonio, lo que sería el noveno. Es lo que ha dado origen a este post y ha reavivado el recuerdo sobre la actriz. Ella, al parecer, o fuentes allegadas a ella, lo han desmentido. Así que dicho queda y que suceda lo que tenga que suceder. Si hay boda, que sean muy felices y si no la hay esperar que surja la oportunidad para que la haya y poder equiparase en número a la también actriz Zsa Zsa Gabor que ha llegado al matrimonio en nueve ocasiones. Elizabeth Taylor sólo lo ha hecho en ocho, y según opiniones de quienes la conocen, ha sido su convencionalismo ante el amor lo que la ha llevado a formalizar con una boda cada relación; no sintiendo, por tanto, ningún tipo de afición a aventuras fugaces. La frase anterior es una simple transcripción de lo que hacen saber personas cercanas a ella. Hasta en ocho ocasiones se ha manifestado este convencionalismo, dos de ellas repitiendo con la misma persona, el también actor Richard Burton que ocupó los lugares quinto y sexto en una larga relación que dio comienzo cuando la actriz contaba 18 años de edad y finalizó, de momento, cuando se divorció en 1996 de un obrero de la construcción -Larry Fortensky- con el que había contraído matrimonio. Antes fueron actores, cantantes, políticos, productores de cine… Siete parejas para ocho bodas más alguna que se frustró. La que más ríos de tinta produjo en periódicos y revistas especializadas o simplemente de información general, fue la que mantuvo con su compañero de rodaje en varios títulos, Richard Burton, con el que mantuvo una auténtica relación de amor/odio originada, muchas veces, por la cantidad de alcohol que entre ambos eran capaces de trasegar. Pero también con momentos felices, como cuando el actor pagó más de un millón de dólares para regalar a Liz la famosa perla “Peregrina” que perteneció, en su momento, a Felipe II y que desde entonces ha adornado distintos cuellos femeninos de la realeza española, hasta terminar en el siempre majestuoso de Liz Taylor, dando mayor realce, si cabe, a su belleza y al color violeta de sus ojos, como puede apreciarse en la foto que ilustra este post. Si llega o no la novena boda es algo que pertenece, de momento, a la intimidad de la actriz y si llega ya lo hará público. Como pública es su actividad artística entre la que hay que destacar nada menos que haber conseguido dos Óscar, uno de ellos hace ahora 50 años.
En 1960 se le concedió a Liz Taylor un Óscar como mejor actriz principal por su creación en “Una mujer marcada”, algo que volvería a suceder en 1966 por su trabajo en ¿Quién teme a Virginia Woolf? para muchas opiniones su mejor interpretación. En tres ocasiones más alcanzó la nominación para el Óscar y en numerosas obtuvo la concesión de diferentes e importantes premios.
Su mejor escuela de interpretación ha sido el propio trabajo en el que se inició cuando apenas contaba 12 años, impulsada por su propia madre que siempre soñó con el estrellato de su hija y la animó constantemente para influir en su decisión profesional a base de hacerla participar en anuncios y pequeños papeles. Su primer gran éxito, creo que muchos la recordaréis, fue en “La cadena invisible” donde se nos encogía el corazón con las hazañas del perro Lassie, que serían retomadas en alguna producción posterior, dado el éxito. A ésta le siguieron otras películas entre las que destacaron, por su gran aceptación, “Mujercitas” o “El padre de la novia”, junto a Spencer Tracy, siendo dirigidos por Vincente Minnelli.
En todo momento, la actriz británica (hija de emigrantes estadounidenses en el Reino Unido) hizo gala de profesionalidad y sensibilidad artística muy por encima de su condición de estrella. De niña siguió los consejos de los directores y los compañeros veteranos adquiriendo una verdadera soltura ante la cámara que puso de manifiesto en tantos papeles dramáticos que la toco interpretar aportando, además, su singular belleza. Ambos aspectos han convertido a Elizabeth “Liz” Rosemond Taylor en un auténtico mito, uno de los pocos que todavía quedan vivos de la época dorada del cine de Hollywood. Con muchos de ellos, hoy desaparecidos, así como con muchos de los que permanecen en la vida de Los Ángeles, ha mantenido verdadera amistad. Es el caso de Montgomery Clift, Rock Hudson, con quien compartió protagonismo en “Gigante” (además de James Dean) o con el recientemente desaparecido Michael Jackson. Precisamente a Jason Winters. el representante de Janet Jackson la hermana de este cantante, es a quien los medios consideran como próximo marido de la protagonista de “Cleopatra”, la película de mayor presupuesto hasta 1963, fecha de su rodaje; “El árbol de la vida”, “De repente el último verano” en la que trabajó junto a Katharine Hepburn y Montgomery Clift; “Ivanhoe”, con Robert Taylor (que no era de la familia, a pesar del apellido); “Rapsodia”, con Vittorio Gassman; “Beau Brummell” con Stewart Granger; “La senda de los elefantes” donde forma triángulo con Dana Andrews y Peter Finch; “La última vez que vi parís”, con Van Jonson; “¿Quién teme a Virginia Woolf?”, junto a Burton o “La gata sobre el tejado de zinc”, basada en la obra teatral del mismo título (añadido “caliente”) de Tennessee Williams, que tras el trabajo que en ella realizaron la Taylor y Paul Newman pasó a convertirse en uno de los grandes clásicos del cine.
Durante su rodaje recibió la noticia del fallecimiento de su marido, Michael “mike” Todd, el productor de “La vuelta al mundo en 80 días”, víctima de un accidente de aviación. La tragedia, al decir de los especialistas, hizo que Liz se entregara como nunca lo hizo antes a su personaje, produciendo el efecto dramático que transmitió desde el principio al final de la película. Película que, por cierto, demuestra la habilidad de la estrella para los negocios. Su contrato en “La gata…” se elevaba a un millón de dólares, la primera vez que una actriz alcanzaba esa cifra, pero es que al contrato se añadían una serie de cláusulas y otras participaciones en los beneficios que produjera la película lo que representó que se embolsara 7 millones de dólares. En la actualidad, Julia Roberts, Nicole Kidman, Drew Barrymore, Renée Zellweger, Angelina Jolie, Cameron Diaz, Jodie Foster, Charlize Theron, Jennifer Aniston y alguna más, superan con creces los diez millones de dólares por rodaje lo que, si supone que con su presencia el público acude a las taquillas, me parece muy bien.
Como me parecerá muy bien que si a Elizabeth Taylor que le apetece es casarse a sus 78 años (Hampstead, Londres, 27 de febrero de 1932) pues muy bien, que haga lo que mejor la parezca. El amor puede ser niño u otoñal, el amor no tiene edad, como se dice en la zarzuela de Sorozábal “Don Manolito”.












