Un 30 de junio, pero de hace 80 años, cerró sus puertas el teatro Apolo de Madrid. Especifico su ubicación porque teatros Apolo hay muchos en el mundo. Ha llovido mucho desde entonces pero toda el agua caída no es suficiente para limpiar de la memoria de los aficionados a la zarzuela, que éste fue el que le dio mayor acogida hasta llegar a convertirse en la catedral de este género. Decir teatro Apolo es decir zarzuela y viceversa.
La desaparición de un teatro, sin embargo, no supone la desaparición del espectáculo. Así, aquel mismo año de 1929 llegaban al mundo quienes se encargarían de su continuidad desde sus diferentes especialidades artísticas. Entre otros Jacques Brel (‘Ne me quitte pas’), Carmen Morell, Queta Claver, José Luis Dibildos, Ana Frank (cuyo diario dio origen una de las obras teatrales de mayor impacto en el siglo XX), Audrey Hepburn, Grace Kelly, Sergio Leone (uno de los directores de cine más prestigiosos de su época), Pilar Lorengar, Juanjo Menéndez, Paquita Rico, Jean Simmons, Carmen Sevilla o María de los Ángeles Morales, una de nuestras mejores sopranos, aunque de corta carrera en la zarzuela y la ópera en las que cosechó considerables éxitos, que protagonizó, con Jorge Negrete, la película dedicada al teatro al que hoy se refiere este post y a la que podéis escuchar un schotis de la película ‘De Madrid al cielo’ en esta dirección:
http://www.youtube.com/watch?v=xjDb1Zb-Cgg
Poco más de medio siglo se mantuvo en pie el teatro Apolo, desde que se inauguró en 1873 en el número 45 de la calle de Alcalá, sobre el solar de un antiguo convento. Su aforo daba cabida a 2.500 personas a las que se pretendía ofrecer comedia española como lo demuestra que abriera sus puertas con el montaje de ‘Casa con dos puertas mala es de guardar’ de Calderón de la Barca. Sin embargo, la idea no resultó demasiado afortunada empresarialmente debido, quizás, a que la ubicación se encontraba ligeramente alejada del centro y al excesivo precio que se cobraba por las localidades, 18 reales, es decir, 4 pesetas con cincuenta céntimos. En euros, la conversión resulta ridícula. Toda una fortuna de entonces para acudir al teatro. Así que los empresarios se replantearon el negocio y ofrecieron su escenario al género lírico, la zarzuela.
Tampoco este género pasaba por su mejor momento, precisamente por razones económicas. Una zarzuela requiere una considerable inversión económica para su montaje que, naturalmente, es preciso recuperar a través de la taquilla, pero la argucia empresarial siempre se acaba por imponer a falta de subvenciones a las que recurrir. Y al no haber posibilidades de enarcar la ceja, es por lo que surge el nacimiento del ‘género chico’ o lo que es lo mismo, zarzuelas en tamaño reducido, con el fin de poder ofrecer varias representaciones en una misma tarde. Gracias a ello tenemos, entre otras, ‘La verbena de la Paloma’ o ‘La Revoltosa’. El ‘género chico’ no es un género menor en cuanto a calidad con respecto a la zarzuela tradicional. Se diferencia de ella, únicamente, por la menor duración del espectáculo. Por lo tanto existen zarzuelas buenas y malas y obras que pertenecen al mal interpretado (en cuanto a su significado) ‘género chico’ en las que acontecen iguales características. Las dos reseñadas anteriormente se estrenaron en el teatro Apolo al igual que ‘El dúo de la africana’, ‘Doña Francisquita’, ‘Los sobrinos del capitán Grant’, ‘El cabo primero’, ‘Agua, azucarillos y aguardiente’, ‘Cádiz’ y otras varias, además de las estrenadas en otras salas y que repuestas en el Apolo alcanzaron su máximo éxito como es el caso de ‘La Gran Vía’. Me acuerdo perfectamente, aunque no he podido encontrar ninguna grabación, de Jorge Negrete en la película ‘Teatro Apolo’, con frac y sombrero de copa cantando el ‘Caballero de Gracia’. Valga igualmente esta versión poniendo, mentalmente, la voz del mexicano.
http://www.youtube.com/watch?v=TF_JjOzj0N0
Un Jorge Negrete desconocido ya que estábamos acostumbrados a escucharle en rancheras y no en zarzuelas; algún día le dedicaremos un post ya que sigue contando con legión de admiradores de los de entonces y los de ahora.
El Apolo, según dicen las crónicas y atestigua la historia de la escena madrileña, se convirtió en uno de los más importantes centros culturales de Madrid a lo que, sin duda, contribuyó la famosa “cuarta de Apolo’ que no era sino la última sesión que comenzaba a las 12,30 de la noche. Por ella desfilaban por tanto, toda clase de público como ocurre siempre en el mundo de la noche. Lo que importa es que para todo tipo de público quepa la oportunidad de acudir al teatro. Y que haya teatro y horarios para toda clase de público; sin los refinamientos ni exigencias de que actualmente adolece con los que aleja a los posibles espectadores. Teatro como ha sido siempre hasta que aparecieron las reivindicaciones.
El caso es que el Apolo, lo mismo que otras salas teatrales, dio paso a otro tipo de negocios, en este caso, lamentablemente, se convirtió en un banco. La última función que se representó en él fue el 30 de junio de 1929. Hace 80 años.












