Cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer y ya han transcurrido cincuenta años desde que se inició la carrera espacial. Medio siglo; toda una vida. (Esto suena a bolero: “toda una vida estaría contigo”). Pues sí, fue tal día como ayer, cuatro de octubre, (es la fecha en que se colgó/editó/publicó este post, ya que habrá quién lo lea en fechas posteriores), cuando, en 1957, se lanzó al espacio el primer satélite artificial, el Sputnik 1. El motivo de elegir aquella fecha fue como contribución al Año Internacional Geofísico establecido por la Organización de las Naciones Unidas.
Fue el primer satélite artificial de una serie de misiones espaciales no tripuladas, puesta en la órbita terrestre por la, entonces, Unión Soviética.
Paralelamente se produjeron las experiencias norteamericanas -el proyecto Vanguard- que, inicialmente, fracasaron de un modo rotundo. Los Estados Unidos, por tanto, fueron los que apreciaron la mayor sorpresa, aunque la superaron de inmediato acelerando la creación de la NASA (National Aeronautics and Space Administration) y realizando el lanzamiento del Explorer 1. Por supuesto, incrementando, además, de manera notable, la inversión en cuanto a investigación científica. Sin dinero, en este caso moneda dólar, no hay manera de ir a la compra y mucho menos de investigar. Por eso se investiga tan poco en esta España mía, esta España nuestra (Cecilia), a no ser en la vida de los famosos donde con cuatro perras se puede conseguir que suelten la lengua. Y si les coges en el momento de promocionar un disco o una película la operación hasta puede salir gratis para el medio investigador.
Bueno, que me voy por las ramas, el caso es que al satélite artificial le pusieron de nombre Sputnik porque, precisamente, es el significado de esta palabra en ruso. También quiere decir “viejo camarada”, pero me temo que no viene por ahí la cosa para encontrar la denominación. Hicieron lo fácil que es llamar satélite a un satéite, como aquí se llama gobierno al gobierno. Sin complicaciones de cabeza que bastante tenemos ya con la hipoteca.
¿Qué me viene a la memoria de aquel acontecimiento?. Pues sobre todo la información periodística -nada de televisión que tan sólo llevaba un año funcionando y eran cuatro los que tenían un receptor- en donde, de forma más o menos disimulada, se venía a decir: “¡toma ya, han ganado los rusos!”, con lo que el personal parecía ponerse muy contento ya que, desde la ignorancia popular, se pensaba que en el mundo comunista era donde se desarrollaban las mentes más privilegiadas, que en Rusia todo era maravilloso y que era allí donde estaban los más listos. El despertar a la realidad, del que algunos todavía no se han enterado, fue más tarde.
Tengo delante los datos sobre el peso del Sputnik 1, el tipo de cohete que lo lanzó, la masa, la inclinación, el periodo orbital, el apogeo, el perigeo, las órbitas…, pero como no es cosa de que ninguno de nosotros nos pongamos a fabricar aquel modelo, hoy ya primitivo, pues me lo salto. Además es un rollo. Lo que sí recuerdo es lo popular que se hizo el sonido que el Sputnik emitía: bip, bip, bip.
Un mes despues, así, sin dar tiempo a reaccionar, Rusia volvería a repetir la experiencia incorporando al proyecto la presencia de un animal vivo. Fue la perra Laika que murió en el espacio. Su popularidad fue universal, su nombre se puso a infinidad de mascotas y hasta tuvo canciones dedicadas a modo de homenaje.
Se estableció, a partir de aquel 4 de octubre de 1957, la competencia entre los Estados Unidos y Rusia por ser los vencedores en la carrera espacial. Ahora me toca a mí, ahora te toca a ti. David Eisenhower y Nikita Krushchov disputándose encarnizadamente la “pole” y el campeonato del mundo.
Por supuesto, que la investigación ha proporcionado al mundo infinidad de avances derivados de estas aventuras en el espacio. El hombre, físicamente, ha llegado a pisar la luna y ya no nos sorprenden ninguna de estas aventuras que, con cierta frecuencia, se repiten en el espacio. Por lo menos, no con la intensidad de aquel primer lanzamiento espacial de hace cincuenta años y que logró que hasta, la fecha, la palabra sputnik la relacionemos inmediatamente con la aventura del espacio.












