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Cabecera Me Viene A La Memoria

UN ACTOR DEL Y PARA EL PUEBLO

Semanalmente, el periódico La Razón regala una película del amplio repertorio en el que participó Paco Martínez Soria. Uno de estos títulos es “La tía de Carlos” que, precisamente, fue la última en la que intervino el actor aragonés y ello me ha traído a la memoria su recuerdo. Otro motivo para esta reactivación memorística sobre el citado actor es que en un teatro madrileño han repuesto –aunque estos acontecimientos casi siempre pueden llamarse estrenos– la zarzuela de Fernández Caballero “La viejecita”. Una y otra no son sino la obra de Brandon Thomas, el autor y actor inglés nacido en 1850 y fallecido en 1914, “Charley´s aunt”, una comedia de enredo y todo un ejercicio de travestismo para su protagonista que, en el caso de la zarzuela el libreto está firmado por Miguel Echegaray, hermano del premio Nobel y firmante también, entre otras, de “El dúo de la africana” o “Gigantes y Cabezudos”. Unidas las dificultades escénicas de vestuario y montaje y las exigencias interpretativas a las que plantea la partitura, supone que “La viejecita” no se haya representado en demasiadas ocasiones. Yo recuerdo haberla vista de pequeño, no sé si a la compañía de Sagi Vela, no lo tengo muy claro, y nunca más he vuelto a verla anunciada en ningún cartel, por lo que esta reposición de ahora constituye todo un acontecimiento dada la calidad de la obra. Sus números son tarareados con frecuencia, aunque en muchas ocasiones quienes lo hacen desconocen a qué obra pertenecen dada su poca difusión. Aunque sea entre paréntesis hemos de dar la bienvenida a este montaje de “La viejecita” teniendo en cuenta, sobre todo, que sus responsables son una compañía de jóvenes cantantes –Innova Lyrica– que se han propuesto como meta incrementar la afición por la zarzuela y difundir este género musical netamente español, presentando tanto obras de repertorio como otras apartadas en el olvido.


En lo que se refiere a esta zarzuela recordemos que para su estreno se contó nada menos que con  Lucrecia Arana, quien además de su fama en los escenarios vio ésta incrementada tras su matrimonio con el escultor valenciano Mariano Benlliure. Algunas opiniones de la época consideran que fue la mejor creación de la cantante riojana. Desconozco si existen grabaciones de Lucrecia Arana (1871-1927) en algún tipo de soporte, creo que sí pero no las he encontrado, lo que no es inconveniente para que recordemos un fragmento de “La viejecita”.


http://www.youtube.com/watch?v=wWsnBmFpLtc&feature=related


Quitando la música nos queda la comedia. Es pieza a la que recurren con frecuencia las compañías de aficionados, debido a las características que, por su humor, prácticamente garantizan el éxito. La versión de Martínez Soria para el cine es todo un ejercicio de naturalidad cómica de la que el actor aragonés estaba sobrado.


Aragonés de Tarazona (1902) la misma localidad zaragozana que vio llegar al mundo a Raquel Meller 14 años antes. Su afición por el teatro, por la interpretación, se inició en los tiempos de escolar y ejerció como aficionado durante bastante tiempo. Fue al quedarse sin trabajo, a causa de la guerra, cuando encontró la salida para su situación económica y el mantenimiento de la familia trabajando en el teatro, en la compañía de Rafael López Somoza que le acogió en 1938. Siempre recuerdo a este actor, con la voz cascada, actuando en revistas y en obras cómicas. También en el cine donde su amigo y antiguo protegido, Paco Martínez Soria, siempre tuvo un hueco para él. Es de bien nacidos ser agradecidos. Poco le duró a don Paco (le gustaba que le llamaran don Paco en lugar de Francisco) su trabajo como actor contratado, ya que en 1940 decidió lanzarse a la aventura de formar compañía propia. Ahí es nada, como si se tratara de algo fácil.. Le costó muchos esfuerzos, pero era un empeño personal y como buen aragonés no cejó en el empeño hasta conseguir su propósito. Debutó con ella en el teatro Borrás de Barcelona, donde también residía. En la capital condal, no en el teatro, aunque fueran muchas las horas que a él dedicara en su doble faceta de actor y empresario. Sus constantes giras por todo el territorio español, acompañadas por el éxito, supuso que su nombre se convirtiera en una referencia constante para el público cuya aspiración, asistiendo al teatro, era simplemente divertirse. La siguiente aspiración del actor, tras la de tener compañía propia, que es además el sueño de todos loa actores teatrales pero que hace falta mucha decisión y arrojo para llevarlo a cabo, era poseer un teatro propio, cosa que consiguió adquiriendo la sala Talía. Lo logró en 1955, aunque tuvo que llevar a cabo una remodelación de la misma, derribando el viejo edificio y construyendo una sala nueva, lo que se produjo en 1960. Desde entonces, aparte de las giras, sus estrenos, sus puestas en escena, se produjeron en “su teatro”. Muy pocos actores han alcanzado esta satisfacción. Entre los actuales, que yo recuerde, solamente Lina Morgan ostenta la propiedad de un teatro, el de La Latina, en Madrid. En otros tiempos la tuvieron Margarita Xirgu o Alberto Closas, creo que también Nati Mistral, pero en Sudamérica.


Su compañía la mantuvo durante más de cuarenta años, hasta el último momento de su vida. Al frente de los repartos siempre él, con su particular estilo “apaletado”, de hombre sencillo pero siempre astuto, conocedor de la vida. Creó todo un estereotipo de personaje, cargado de gestos, en el terreno del “astracán” muy cercano al vodevil; algo que un público poco exigente siempre agradece por las carcajadas que suele arrancar. Un público, además, entregado por completo al actor. Mi padre, recuerdo, era un incondicional de él y le admiraba doblemente por su condición de paisano. Nunca se perdió  ninguna de sus presentaciones en Madrid. Era mi época de “intelectualidad”, debida a la edad juvenil y se lo reprochaba, sin ningún éxito por supuesto. Más tarde, más adulto, descubrí el teatro de evasión. El que te hace pasar dos horas sin más preocupación que la de pasarlo agradablemente. El otro tipo de teatro que podríamos llamar “culto”, también está lleno de interés, por supuesto, pero cada género teatral es para según qué momento. Es por ello que no supone ningún tipo de deterioro intelectual reconocerse espectador de este tipo de teatro ni admirador de quienes lo realizan que, por cierto, son muchos más de los que lo reconocen públicamente. La demostración es que cada vez que una cadena de TV programa alguna de las películas de Paco Martínez Soria, la audiencia se eleva alcanzando muchas veces record de espectadores.


Martínez Soria poseía un gran repertorio de recursos para provocar la carcajada, aunque aparentando siempre naturalidad aplicada a un personaje de cateto. Una naturalidad destinadaal humor y con el propósito de divertir al pueblo.


En 1982, a punto de cumplir los 80, preparaba un estreno y debía ensayar pero… no llegaba al ensayo a pesar de su demostrada puntualidad. No se trataba de tardanza sino de la presencia de la de la guadaña que le sorprendió en una mañana de invierno, en su habitación del hotel donde se alojaba. No hubo aviso previo porque la muerte era consciente de que si avisaba, lo mismo se encontraba con una situación cómica y tenía que renunciar a su propósito. Al comprobar que no atendía al teléfono, un empleado del hotel entró en la habitación del actor encontrándole tirado en el suelo, con la radio puesta, el desayuno que poco antes había pedido, sin consumir, y sin vida. Según el forense, la culpa fue de una angina de pecho. El estreno de “Guárdame el secreto, Lucas”, nunca se produjo. Los actores, los de verdad, que saben de los sinsabores de su profesión tanto como de las alegrías, no dudaron en reconocer los méritos artísticos de su compañero, lo que demostraron en un entierro multitudinario y pródigo en rostros conocidos. Casi 30 años después podemos seguir pasando buenos ratos con el trabajo de Paco Martínez Soria, gracias al cine; tanto si nos obsequian con sus películas al comprar un periódico como si es a través de la pequeña pantalla. Ante la imposibilidad de poderle aplaudir en un escenario, cualquier otra posibilidad de contemplar su trabajo es buena.

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