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Cabecera Me Viene A La Memoria

UNAS PIERNAS DE CINE

Actualmente se realizan algunas películas musicales en Hollywood, pero cuando la meca del cine alcanzó su máximo esplendor en este género fue
entre los años 40 y 50 del siglo pasado. (Resulta difícil y extraño, para los de cierta edad, referirnos al siglo XX como el siglo pasado, porque consideramos que es nuestro siglo y que, además de pertenecer a él, estamos todavía en él. Lo del XXI es como una especie de propina). Bueno, pues en el siglo pasado se llevaron a cabo numerosas películas que, no solo nos entusiasmaron en el momento de su estreno, sino que con el tiempo se han ido reponiendo en cines y sobre todo en televisión sin que en ningún momento decreciera nuestro entusiasmo por ellas, ni nuestra admiración por sus intérpretes. Las nuevas generaciones también conocen estos hitos del cine y se encuentran entre sus incondicionales. A pesar del azúcar que rezumaban los guiones, a pesar de lo chillón del colorido que recientemente se había incorporado al celuloide, a pesar de la simplicidad  interpretativa…, a pesar de todos sus defectos, nos entusiasmaba el cine musical. Claro que, por pertenecer a este género, la principal preocupación  de sus responsables en la producción y la dirección es que hubiera música de calidad e intérpretes de calidad, en lo musical: cantantes, bailarines, músicos… lo que quiere decir que sabían lo que se traían entre manos y de ahí un lógico éxito que todavía sigue proporcionando beneficios. Sin necesidad de subvenciones, sólo con calidad y profesionalidad; no como algunos que andan por aquí que todavía no han aprendido esta primera lección acerca del espectáculo.


De aquellos títulos gloriosos hay dos que se disputan, entre la opinión del público y la crítica, el de mayor categoría. Concretamente “Cantando bajo la lluvia” (1952) y “Melodías de Broadway” (1953). En las dos intervenía la poseedora de uno de los rostros más atractivos de Hollywood y de las piernas más atractivas de Hollywood: Cyd Charisse. Recuerdo perfectamente, y seguro que también vosotros, la cámara recorriendo lentamente unas piernas perfectamente dibujadas de una mujer sentada; al terminar el recorrido se descubre a su propietaria, una atractiva morena, de pelo corto y negro, fumando en una larga boquilla. Era, entonces, una desconocida llamada Cyd Charisse. A su lado, invitándola a la danza, Gene Kelly, toda una figura de este género. Es uno de los momentos culminantes del film del propio Kelly con Stanley Donen. El otro título ejemplo del cine musical es “Melodías de Broadway” donde Cyd alterna con otro monstruo del baile: Fred Astaire, dirigidos por Vicente Minnelli, marido de Judy Garland y padre de la actual Liza Minelli quien ha seguido los pasos artísticos de sus progenitores.


Anteriormente, Cyd Charise había participado en algunos repartos de cine musical pero fue a apartir de estos dos títulos donde su carrera se afianzó. Después llegarón “Brigadoon” (de nuevo a las órdenes de Minnelli y con Gene Kelly como compañero), “La bella de Moscú”, “Cita en Las Vegas” o “Siempre hace buen tiempo”, además de otros títulos alejados de lo musical, entre las que cabe destacar “Dos semanas en otra ciudad”.


El éxito y el estrellato no fueron fulminantes en la carrera de Cyd Charisse quien desde muy joven inició su preparación para la danza. En plena adolescencia fue contratada para actuar con el Ballet Ruso de Sergey Diaghilev,  todo un triunfo para sus condiciones teniendo en cuenta lo poco amigos que son los rusos para contratar a un extranjero, convencidos de ser  ellos los mejores. Lo recordaba, hace unos días, el bailarín Igor Yebra que, aunque su nombre puede darse al equívoco de origen, es de Bilbao.


Con 18 años la bailarina contrajo matrimonio, tomando de su marido -Nico- el apellido Charisse, que conservaría siempre como seudónimo abandonando su nombre y apellidos de origen: Tula Ellice Finklea. Anteriormente ya lo había hecho para trabajar con sus colegas rusas,
anunciándose en los carteles como Felia Sidorova o María Istomina. Este matrimonio no fue duradero ya que en 1948 volvió a casarse, esta vez con el actor y cantante Tony Martín con quien ha vivido todo el resto de su vida, finalizada la semana pasada.  Lo dejo caer así, como de pasada, ya que un compañero de blog me ha comentado que en este blog hay mucha necrología. Son cosas de la edad, ya que nuestra memoria está centrada en quienes  eran famosos cuando nosotros andábamos en la juventud. Ahora, lógicamente, nos van abandonando y en nosotros está homenajearles desde el recuerdo.


Vaya, pues, el homenaje para Cyd Charisse, que con Marlene Dietrich y Betty Grable han competido por las mejores piernas del cine. Cyd las
aseguró, en 1952, por cinco millones de dólares, lo que valió incorporarse al libro Guinness de los Récord en la categoría “Piernas más valiosas”.


Desde 1967, finalizada la etapa de los grandes musicales, vivía alejada del cine, aunque participó en algunas series televisivas y actuó en varios títulos de Broadway, en ocasiones con  su marido.


Cyd Charissse, con Ava Gardner, Marilyn Monroe, Rita Hayworth o Jane Rusell, por poner únicamente algunos ejemplos de una lista que es mucho más larga, representa una generación de actrices que ha desaparecido para siempre, porque el cine no ha vuelto a crear estrellas con el carisma que ellas tenían.

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