Repasando, por razones de trabajo, algunos ejemplares de prensa antigua me encontré hace unos días con un texto de Calvo Sotelo que se remonta al 4 de noviembre de 1912 en el periódico El Noticiero. Todavía faltaban 22 años para que el autor del comentario fuera asesinado. Relata un viaje de estudiantes en el que, el futuro político hace mención a la “cámara de fotos” que le acompañaba para dejar plasmada la referencia a él. “Muchos de los expedicionarios llevan sendas máquinas fotográficas… Algunos, sólo las fundas. Yo también me las agencié con una. No entiendo ni jota de fotografía, pero creo que presta carácter y da importancia uno de esos diabólicos artefactos negruzcos airosamente colgados de una ligera correa…” Quedaba bien claro que, otras aptitudes las tendría, pero no la de la fotografía ni la de transmitir en aquel momento sus ideas ya que, a pesar de su rechazo, la práctica de la fotografía se impuso de manera colectiva.
Contribuyó la facilidad de acceder a ellas tanto por su precio como por su manejo. Y entre todas las marcas existentes (ignoro la cifra) una apostó por la popularización de la fotografía: Kodak. La firma publicitaba en la prensa sus productos invitando a su uso: “Sea el historiador de nuestro veraneo. Cuando llegue, como ha de suceder alguna vez, el turno de engarzar en nuestra conversación efemérides y anécdotas de nuestras vacaciones de verano, hemos de lamentar la falta de una Kodak, testigo de autoridad a quien confiar el relato de nuestros recuerdos. Y así, mientras de mano en mano corrieran las instantáneas Kodak como una aseveración indubitable de lo narrado, afirmaríamos nosotros ‘Ahí estuve yo, eso hice yo, con esa persona me encontré’ No hay concesión ni elocuencia comparable a la de un pequeño álbum de instantáneas Kodak. Él comunica vitalidad a los recuerdos, por eso vacaciones sin Kodak son vacaciones perdidas”. El reclamo, por pesado, demasiado extenso y falto de originalidad, era como para pensárselo y renunciar a la compra de alguna de estas máquinas que se anunciaban en varios precios. Sin embargo funcionó hasta generalizarse la propiedad de una cámara. Aquella frase ha llegado hasta nuestros días: “vacaciones sin Kodak, vacaciones perdidas”. El comediógrafo Enrique Jardiel Poncela la utilizó en su obra “Usted tiene ojos de mujer fatal” que estrenó en 1934.
Parejas de novios dejando constancia de su viaje de recién casados, padres fotografiando a sus hijos en la mañana de los domingos, recuerdos de bodas, de primeras comuniones, de bautizos, de vacaciones… De todo se hacían testigo las famosas Kodak.
Las cosas no han cambiado demasiado. El acudir hoy en día a hacer una visita a unos amigos o familiares, te expone a tener que soportar la visión de las instantáneas de sus vacaciones, su viaje de novios, el parto de su primer nieto, la transformación de un solar en un chalet de playa… Y tienes que aguantar todos los detalles que te traen totalmente al fresco: “Era una parcela que heredé de mis abuelos, bla, bla, bla”, mientras contienes el bostezo. “Nació muy grande, casi 4 kg., bla, bla,bla”, mientras esperas que te ofrezcan algo de beber, “La novia, no es porque sea mi hija, iba guapísima, con un vestido que le hizo bla, bla, bla” un modisto del que no has oído hablar en tu vida… Un álbum, otro, otro más, aquello no se acaba nunca hasta que: “bueno, tenemos que marcharnos que mañana hay que madrugar; a ver si venimos otro día con más calma para ver bien todas las fotos”. ¡Qué rollo!
Yo creo que han sido los japoneses los culpables de que esto ocurra. Nunca veréis a un japonés sin una cámara de fotos cuyo disparador hace funcionar de manera compulsiva. Y son muchos los imitadores aunque no sean hijos de la tierra del Sol naciente.
Lo que ha variado es el sistema de impresión. Aquellas máquinas que dejaban constancia del hecho en un negativo que posteriormente era necesario revelar e imprimir en papel, han pasado a la historia. La técnica que hoy se utiliza es la digital con lo que fabricantes de película, de líquidos reveladores y de papel han tenido que cerrar sus fábricas. Tiene la ventaja para el común de los mortales, con alguna que otra excepción, que nunca se “vuelcan” ya que en muchos casos son varios centenares las que puede almacenar el disco; quedan ahí hasta que son borradas para volver a utilizar la máquina para otro acontecimiento. Si acaso, se salvan media docena que no obligan a convocar una reunión de familia o amigos para ser visionadas. “A ver cuándo venís para ver las fotos que hemos hecho en las vacaciones de Benidorm”. Con eso ya nos han dicho nuestros familiares o amigos que han estado de vacaciones y se han quedado satisfechos. No hace falta que nos inviten a su casa y tenernos que ofrecer un refresco. Hombre, alguna que otra foto, como recuerdo de algo, no está mal, pero de ahí a la paliza va un trecho. Las vacaciones, con recuerdo fotográfico o sin él, siempre son vacaciones. Aunque Kodak diga lo contrario.












